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sábado, 26 de julio de 2014

Sueño de libertad


Por Humberto Santana

Sueño de libertad (Al verte, en algunos países) cuenta la historia de una familia palestina (madre e hijo), desplazada después de la Guerra de los Seis Días (1967), que se ve obligada a vivir en un campo de refugiados en Jordania.



La escena inicial sintetiza de alguna manera el leitmotiv de esta película: un niño en una carretera que se pierde en el horizonte, en medio del desierto, trata de avanzar lo más rápido posible subido en unos patines de la época (de los que tenían cuatro ruedas metálicas y se amarraban al zapato), que apenas logran rodar algo sobre el asfalto rústico, tratando de escapar a un puñado de niños que lo persiguen.

Tarek, el protagonista, es un niño rebelde por naturaleza que no encuentra la respuesta a una pregunta simple, pero determinante de su nueva vida: ¿Por qué no podemos volver a casa? No encuentra la respuesta por dos razones. Es tan solo un niño y las causas del conflicto árabe-israelí son ajenas a él, y tal vez su madre, a pesar de ser increpada y culpada por el niño en su ingenuidad, no tiene el corazón para darle una respuesta desesperanzadora.

Sabiendo que llegaron al campo de refugiados caminando, Tarek decide un día, en lugar de asistir a la improvisada escuela, simplemente volver caminando a casa. Al poco tiempo es detectado por un grupo de milicianos palestinos rebeldes fedayín, quienes para protegerlo, y llevados por la inmediata empatía que les produce su determinación, astucia y simpatía, tratan de disuadirlo, al menos provisoriamente, de seguir su camino y terminan por adoptarlo como “mascota”.

Aunque algunos podrán criticar que la película aborda este conflicto desde un ángulo “ligero”, su encanto radica precisamente en lograr mostrar este enorme drama desde la perspectiva ingenua de un niño. Donde un soldado vería simplemente un velo de tienda de acampar en la noche, Tarek ve un lienzo lleno de estrellas; donde cualquier adulto vería munición sucia, Tarek ve muñecos que utiliza como juguetes.

El lugar y los hechos que marcan el desenvolvimiento de la historia, sugerirían un tono de película denso y gris; sin embargo, termina siendo más bien alegre en muchos de los pasajes, mostrando a los fedayines como personas entregadas a su idealismo, pero del común, casi familiares, motivados quizás por la candidez que Tarek les ha llevado. Las escenas del grupo cantando y bailando son un buen ejemplo de esto.

Es más bien inusual encontrar una película que cuente este lado de la historia. Los hechos marcan que los milicianos fedayines que aquí se muestran muy “a lo Che Guevara” terminaron extremando su idealismo hasta ser catalogados de terroristas. Los hechos registran también, ante el resto del mundo, actos lamentables para ambos lados del conflicto.

Para alguien que no tome partido, parecería ser un ejemplo macabro del dilema del “huevo y la gallina”. La película parece evitar juzgar, logrando sin embargo hacer reflexionar un poco y preguntarse: ¿Qué hubiera pasado si todos estos niños simplemente hubieran podido volver a casa?

sábado, 3 de marzo de 2012

W. O Dios bendiga a Oliver Stone

Por Cartelera DVD

Hay quien la ha calificado como parodia. Podría serlo por la musicalización con la bellísima melodía
A Wonderful World, o las escenas en un campo de beisbol, deporte tan apreciado en el cine y el sutil gusto "de los americanos", como les cantó Alberto Cortés.

Pero la personificación de Condoleeza Rice, Tony Blair los Bush, padre e hijos, George y Jeb, el militar Colin Powell y otros actores de la peor ralea, del fanatismo y la sumisión al dinero y al poder de la clase política republicana de los Estados Unidos, hacen que las pinceladas de humor solo maticen un poco el intenso drama que se desarrolla en pantalla y que no es sino un pálido reflejo de más de un millón de muertos y mutilados en una guerra que todo un planeta quiso evitar, sin éxito alguno.

Alguien que no alcanzó a ser personificado fue el enano José María Aznar, quizá porque Stone no alcanzó a conocer los daños que le ha causado a México como gestor de las empresas que construyen macrovías en lugar de trenes elevados u otras soluciones socialmente responsables. No es una anotación gratuita, si lo tenemos aquí es porque sus juegos de guerra no le sirvieron siquiera para obtener los contratos de reconstrucción que pretendía, luego de avalar los bombardeos sobre Irak.


Como en JFK, Oliver Stone (además de renovar su gusto por los nombres sintéticos) hace una dramatización de hechos reales para documentar uno de los pasajes más dramáticos del Siglo XXI. Para hacernos mostrar su repudio a uno de los peores presidentes en la historia del planeta, lo más que hace es mostrarlo comiendo con gran ansiedad y hablando con la boca llena, lo que de paso justifica la anécdota rigurosamente cierta del desmayo que sufrió George W. cuando se le atoró un pretzel por gritar durante un encuentro deportivo que presenciaba por televisión.

Excelentemente caracterizada por Josh Brolin, quien solo ganó un modesto premio en Hollywood, la película fue terriblemente subestimada, está pésimamente calificada por los usuarios de la base de datos de Internet Movies, donde apenas superaba el seis a dos años de su estreno.

Con todo, ante la repetición de las estrategias propagandísticas republicanas, ahora con el pretexto del peligro nuclear iraní, la película W se vuelve de revisión obligada no solo para los cinéfilos, sino para los políticos, los analistas, los pacifistas, los estudiantes de sicología, los dirigentes de alcohólicos anónimos, los internacionalistas y en fin, para todo ser humano interesado en que un puñado de imbéciles que hablan inglés, hebreo o parsi decidan por toda la humanidad.

La discriminación que sufrió W por la Academia, por los críticos y por los propios cinéfilos, los premios que se le negaron no deben hacernos prescindir de una revisión crítica e incluso como arma de contrapropaganda ante los juegos de guerra que al iniciar 2012 se han estado intensificando.

Un tratado de desarme nuclear en el oriente, cuna del paraíso, según los estudios rabínicos que lo colocan entre dos ríos, el Tigris y el Eufrates puede ser una solución, escalar las tensiones, el inicio de la tercera y última guerra mundial.

Por eso, más alla de su calidad cinematográfica o de los recursos dramáticos que haya empleado Oliver Stone para tratar de explicarse porque la inútil guerra con Irak, como el de W, tratando de superar lo que el padre no se atrevió a hacer en la guerra del golfo, es una cinta imprescindible.

Ni por sus premios, ni por la calificación de los cinéfilos, W pasará a la historia cinematográfica, pero por el hecho de haberla realizado, Oliver Stone merece el mejor de los galardones: Que Dios lo bendiga.

Tomado de: www.carteleradvd.blogspot.com

sábado, 14 de enero de 2012

Milk: una lección política

Jordi Costa
El País

La carrera política de Harvey Bernard Milk, concejal del Ayuntamiento de San Francisco entre el 8 de enero y el 27 de noviembre de 1978 (la fecha de su asesinato), fue tan breve como inabarcables resultan los ecos de su legado en la historia del activismo gay: primer político americano abiertamente homosexual, Milk ha inspirado un musical, una ópera y una biografía de referencia -The Mayor of Castro Street, de Randy Shilts- que sirvieron de punto de partida a un documental oscarizado -The Times of Harvey Milk (1984), de Rob Epstein y Richard Schmiechen- y que ya había sido tanteada por Gus Van Sant para una posible adaptación cinematográfica que no vio la luz.

Las diferencias entre esa película nonata y la que ha acabado realizando el mismo director con la complicidad del aquí guionista Dustin Lance Black -y, a su vez, cineasta claramente comprometido con la causa gay- y de un Sean Penn con lujuria de Oscar pertenecen al terreno de la conjetura: quizá podría haber sido una película más agresiva, airada o radical, pero la sombra de esas posibilidades no debería difuminar los méritos de Mi nombre es Harvey Milk, un trabajo que extrae su fuerza precisamente de su capacidad de doblegarse a la convención para lograr sus propósitos. En cierto sentido, Gus Van Sant actúa como el Harvey Milk que utilizó su corte de pelo y su indumentaria -un espejismo de orden- como arma política orientada a captar la benevolencia del votante.

Capaz de desconcertar a los más firmes creyentes en su integridad indie con dos desalentadores ejercicios de estilo mainstream -El indomable Will Hunting (1997) y Descubriendo a Forrester (2000)-, Gus Van Sant llevaba cuatro películas indagando en la esquiva caligrafía de la violencia, la destrucción, el azar y sus derivas en una marcada clave autoral -Gerry (2002), Elephant (2003), Last Days (2005) y Paranoid Park (2007)-, antes de afrontar este nuevo cambio de registro en dirección al gran público. Tenía este crítico la impresión, probablemente equivocada, de que tanto en esas excursiones mainstream como en su reciente ensimismamiento artie, Gus Van Sant no dejaba de ser un maestro de la impostura.

Mi nombre es Harvey Milk revela otra cosa: al poseedor de una autoría líquida capaz de cambiar de piel y estilo según las exigencias del proyecto que tiene entre manos. En este caso, la vida de Harvey Milk parece estar tan cerca de las propias convicciones personales del cineasta, que el lenguaje conservador -el del biopic oscarizable- se revela como la mejor opción posible para que el proyecto alcance toda su funcionalidad política.

Explotando las posibilidades didácticas del género en el que se inscribe, Mi nombre es Harvey Milk consigue hacer transparente y comprensible un proceso sumamente complicado: la articulación de una reivindicación política en el tejido de una ciudad a partir de la apropiación comunitaria de uno de sus barrios, el trenzado progresivo de un lobby de influencia y la racional infiltración en sus órganos de poder. La película es mucho más que la hagiografía de un activista gay: es toda una lección de política americana y, al mismo tiempo, la crónica de un civilizado juego de estrategia ciudadana cuya meta final es la conquista de libertades colectivas.

Para J. Hoberman, crítico del Village Voice, es la primera película americana abiertamente obamista: una Vida Ejemplar trazada con los colores de la esperanza y que no hurga en las turbulencias políticas que siguieron al asesinato de Milk y el alcalde George Moscone a manos del exconcejal Dan White. Sean Penn ofrece un intenso recital de contención en la piel de este mártir ciudadano que, pese a su temperamento discreto, supo entender que la política de su país tenía una de sus claves en el sentido del espectáculo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Wall Street, de Oliver Stone (1987)

Por Marco Antonio Moreno
Ojo con el cine


Esta película es una de las muestras más descarnadas de nuestra histora reciente. Si Oliver Stone con Pelotón dio cuenta del genocidio y la masacre vietnamita, con Wall Street muestra el mundo que se cocinaba en el corazón de las Twin Towers y bajo las narices del imperio financiero que veinte años más tarde terminaría por reventar esparciendo sus esquirlas a todo el planeta.

La decadencia del imperio estadounidense no pasa por el desplome de las Twin Towers (en este filme tenemos siete planos memorables de las torres gemelas), ni por la caída del Muro de Berlín... Como muestra Stone, el germen de la putrefacción venía incubándose de mucho antes. La caída del muro y de las Twin Towers solo aceleraron la debacle de la hegemonía estadounidense.

El relato que nos muestra Stone es sangriento, aunque no haya sangre. Los personajes están insatisfechos, enfermos, estressados, con deudas, cuentas pendientes y su única razón de ser es la esperanza de que el próximo negocio arroje suculentas ganancias. Los mueve la ambición y el egoísmo, la busqueda del dinero fácil, vía trampas, desmesura, uso de información privilegiada, chantajes... todo aquello que Mandeville o Smith intentaron demostrar y sobre lo cual construyeron sus dogmas.

Bud Fox, el protagonista, es uno de estos seres. Vive de prestado y su sueño es conocer a Gordon Gekko, suerte de gurú financiero que en pocos años ha amasado una enorme fortuna. La filosofía de Gekko se resume en las enseñanzas de El arte de le guerra de Sun Tsu y la agresividad y prepotencia en los negocios: levanta o envía a la quiebra a empresas por el mero recurso del spread, o diferencial de ganancia. Bud Fox no sabe que será una víctima más de los tentáculos de Gekko y que caer en esas redes puede ser mortal.

El filme posee una dinámica implacable y la música de Stewart Copeland (ex The Police) aporta las pinceladas precisas a ese oscilar entre el delirio y la frustración. Algunas memorables perlas de la banda sonora: Frank Sinatra cantando Flying to The Moon, en los créditos iniciales, y Brian Eno y David Byrne con Americam is Waiting, dos de los temas centrales que dan intensidad a este filme-radiografía sobre la génesis de la codicia, la ambición y la cultura del saqueo moderno. Imperdible.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vietnam: Entre el cielo y la tierra

Por spaulding's blog
spauld.blogspot.com


Con El Cielo y La Tierra, Oliver Stone cerró la trilogía sobre el Vietnam iniciada con Platoon y continuada con Nacido el 4 de Julio. Dos espléndidos títulos que han marcado la filmografía del cineasta y que, por derecho propio, han pasado a ocupar un merecido puesto en la historia del cine. Pero con El Cielo y la Tierra, su última entrega, no consiguió el reconocimiento que esperaba.

En esa ocasión, Stone dejó a un lado el punto de vista habitual de los combatientes norteamericanos para centrar la visión de la guerra desde la parte oriental, plasmando así en pantalla las penurias sufridas por una joven vietnamita a la que, a su vez, convertía en narradora del filme. Vecina de una pequeña y humilde aldea rural, vivió en carne propia los horrores de la contienda, siendo incluso torturada por el ejército y violada posteriormente por su propia gente, la guerrilla del Vietcong.


El Cielo y la Tierra está basada en un par de libros de Le Ly Hayslip, en los cuales se narraban sus experiencias durante el tiempo que duró la sangrienta ofensiva. El filme fue realizado en una época en lo que todo aquello que olía un poquito a budismo era válido para hacer cualquier película desde Norteamérica. Y la cinta de Stone es uno más de esos innumerables productos que, durante casi una década entera, fueron desfilando por las pantallas de todo el mundo y que, como en este caso, fueron dirigidos por cineastas de prestigio. Y es que su parte final rezuma un tufillo religioso bastante impresionante, volcado en imágenes en forma de oda mística a Buda.

El vigor que impone a sus escenas violentas y de guerra o la plástica belleza que destilan sus cuidadas imágenes (recreándose, ante todo, en paisajes frondosos y verdes), no son suficiente para levantarle el alma a un trabajo pesaroso y aburrido. Es una película sin nervio, sin garra alguna que, en parte, rompe un tanto con el estilo más agresivo de su director. El reloj parece encallarse ante el lento devenir de un filme que, al igual que la mayoría de biopics, peca de la poca credibilidad de muchos de sus pasajes.

De todos modos y sólo en parte, Stone sale victorioso en el esforzado retrato psicológico de una mujer amargada y presionada que, por culpa de una violación, ha acabado temiendo (y odiando) a los hombres. Pero, al mismo tiempo, acaba mostrándose patéticamente repetitivo cuando redirecciona las riendas de la película hacia su país natal e insiste, por enésima vez, en las secuelas psíquicas de los excombatientes norteamericanos. Una ocasión propicia para que Tommy Lee Jones, alejándose de su moderación habitual, compusiera un papel plagado de convulsivos tics histriónicos: el de un soldado desquiciado por las barbaridades en las que se vio implicado y que decide acabar con sus propios demonios contrayendo matrimonio con una vietnamita.

La citada Le Ly es Hiep Thi Le, una actriz bajita y muy inexpresiva, cuya equívoca elección como protagonista principal en poco ayudó a los resultados finales de El Cielo y la Tierra. Oliver Stone ya lo había contado todo sobre el Vietnam en sus dos títulos anteriores. Poca cosa más le quedaba en el tintero, y la pretensión de cambiar el punto de vista narrativo sobre los mismos hechos no aportó nada nuevo a su trilogía.

Un filme reiterativo, de imagen preciosista, con una media hora inicial prometedora y sin ningún tipo de ritmo narrativo. Vaya, un aburrimiento innecesario en el que, al menos, el realizador frenó un poco sus habituales desvaríos visuales y las enervantes experimentaciones con todo tipo de formatos cinematográficos.

sábado, 18 de junio de 2011

La leyenda de "El Chacal"

Entrevista al director francés Olivier Assayas

Por Liliana López Sorzano
El Espectador


“A partir de hoy me llamo Carlos”, sentenció un día el venezolano Ilich Ramírez Sánchez cambiando su nombre de pila por el alias de guerra y, de paso, también la historia. Para seguirle el recorrido a Carlos, El Chacal, quien encarnó la figura del mercenario, del terrorismo de los años 70 y 80, de la causa palestina y de la lucha contra el imperialismo, se hablaron más de diez lenguas, se visitaron siete países: Reino Unido, Irak, Siria, Alemania, Francia, Hungría y Argelia.

La película del francés Olivier Assayas da cuenta de los inicios de este activista que utilizó múltiples identidades para navegar por la compleja política internacional de la época y muestra, además de los hechos históricos fruto de una larga investigación, su faceta como persona, su apetito por las mujeres y su carácter obstinado.

La producción es un gran desafío para la pantalla por su gran envergadura, su duración de cinco horas y media en su versión extendida y porque es a la vez tela de cine y de televisión, razón por la cual fue muy cuestionado en Cannes de 2010, ese escenario que amplifica cualquier evento y que quizá consigue ecos desproporcionados. Sin embargo, Assayas se afirmaba en su creencia de que lo de cine o televisión no tiene importancia, porque al final su trabajo es el del lenguaje de las imágenes.

Es una película de acción, histórica, filmada en diferentes países, hablada en distintos idiomas, que se convirtió en una aventura arriesgada, en un proyecto fuera de toda proporción en relación con lo que había hecho. El Espectador entrevistó al director.



Para un posible espectador que no conozca su filmografía, ¿cómo introducirlo dentro de su cine?

Vengo de la industria independiente francesa, pero he tratado de ampliar la experiencia de ser un cineasta francés con la complejidad de una sociedad moderna intercomunicada globalmente. He hecho películas en distintos géneros y la diversidad refleja mi propia visión de un mundo complejo y contradictorio.

La extensión clásica de una película es de 90 minutos. ¿Cree que es un síntoma de cómo se está viendo el cine del presente? ¿Haber hecho una cinta de cinco horas y media no es sentirse como un héroe solitario?

El clásico formato de 90 minutos tiene que ver con la manera en que la industria piensa. Me parece que las películas se han vuelto más largas. Carlos es diferente. Tiene su propia lógica. Es un filme, pero también son tres. Necesitaba intentar algo que me llevara a traspasar las fronteras de la manera de hacer cine. Cuestionar el formato, cuestionar la lógica, quebrar las reglas e intentar abrir puertas (creo que nunca volvería a hacer una de 5 horas y media) y sentar un precedente para nuevos cineastas.

¿Qué opina de que el crítico más feroz de la película sea el personaje real, ‘Carlos’?

No creo que Carlos sea tan crítico de mi trabajo. Él luchó legalmente para que le diéramos el guión mientras filmábamos. La película tiene más de 140 personajes, de los cuales la mayoría están vivos y los abogados de la producción opinaron que si se lo dábamos a Carlos, ¿por qué no a los otros personajes representados? Abría la puerta para un asunto muy complicado de tratar. Por lo tanto, decidimos no ir directamente hacia Carlos, sino basarnos en las investigaciones, en los biógrafos de Carlos, periodistas, en el trabajo de historiadores, queríamos una aproximación más objetiva. Eso hizo que Carlos se enojara mucho y, por lo tanto, dio entrevistas negativas sobre las películas, diciendo que era propaganda. Lo interesante es que desde el momento en que vio la película (seguramente más de una vez), nunca volvimos a escuchar de él. Las únicas noticias que tuvimos después de que salió la película fue una entrevista a la prensa alemana, donde decía que le molestaba el tema de la desnudez. Édgar Ramírez, el actor, trató de contactarlo y él se rehusó a comunicarse. Después Carlos quiso llamarlo, pero en ese momento era muy complicado, estábamos en medio del rodaje y nunca pasó.

martes, 14 de junio de 2011

Che: el argentino



Liderados por Fidel Castro, un grupo de más de 80 rebeldes parte hacia Cuba. Entre ellos está el médico, soldado y marxista argentino Ernesto "Che" Guevara. Alimentado sólo por la determinación, el grupo se involucra en una rápida y sangrienta batalla para liberar al pueblo cubano de la corrupta dictadura de Fulgencio Batista. La victoria llega el primero de enero de 1959. El filme se recrea en el marco de la visita de Guevara a Nueva York en 1964, cuando representa a Cuba ante las Naciones Unidas.

"Che: el argentino" es la primera de dos partes de la saga dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por Benicio del Toro.

jueves, 7 de abril de 2011

Gritos contra el capitalismo y el consumo

Documentales que reflexionan sobre la sociedad

Por Angélica Gallón Salazar

El Espectador


Cómo la desregulación de los mercados cocinó la crisis de 2008, cómo se ha construido el consumidor contemporáneo y cómo los objetos son hechos para ser pronto tirados a la basura, son algunos de los temas que ahora conciernen a los realizadores audiovisuales.



La economía y los ejecutivos financieros contra la pared

Cuando Charles Ferguson, el realizador de documentales norteamericano, subió al escenario para recibir el Oscar a mejor documental de este año por su trabajo Inside Job (traducido al español como Trabajo confidencial), antes de agradecer a amigos y familiares hizo la primera declaración que sacudía a la encopetada audiencia. “Perdónenme, pero tengo que empezar diciendo que después de una terrible crisis financiera que fue causada por un fraude masivo, ni un ejecutivo financiero ha ido a la cárcel y eso está muy mal”. La audiencia insospechadamente rompió en aplausos.

Este filme parece encarnar una consigna: “El colapso financiero de 2008 pudo haber sido evitado si hubiera habido una debida regulación”. A partir de esta certeza, Ferguson y su equipo empiezan una exhaustiva radiografía de cómo se cocinaron los fraudes masivos, los préstamos subprime y cómo las compañías calificadoras de riesgo rompieron cualquier código de ética otorgando una Triple A —la máxima calificación— a inversiones de altísimo riesgo. “Los reguladores tenían el derecho de investigar, pero no quisieron hacerlo”. “Los ingenieros financieros construyen sueños, pero cuando esos sueños se vuelven pesadillas otras personas pagan por ellos”, dicen varios expertos que se citan en este documental, cuyo mayor mérito es haber conseguido entrevistas con directos implicados en la quiebra financiera. El documental no sólo hace preguntas que entre silencios incómodos y respuestas inconexas hacen parecer a los padres de la economía —por ejemplo el prestigioso economista, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia y exmiembro del Consejo de la Reserva Federal (2006/2008) Frederic Mishkin— como unas caricaturas, unos desvergonzados, sino que además pone en aprietos a los directores de las universidades más emblemáticas de América, como Glenn Hubbard, de Columbia University Graduate School of Business, y John Campbell, director del Departamento de Economía de Harvard, que son incapaces de responder con argumentos los cuestionamientos que Ferguson lanza sobre la desmesura en la desregulación del sector financiero. “Puede apagar la cámara”. “Tiene cinco minutos para lanzar su mejor golpe, señor”, son las defensas más elaboradas que se oyen ante las preguntas, cuando no son un pantallazo negro con letras minúsculas y blancas que dicen cómo los responsables se negaron a contestar o declinaron la entrevista.

viernes, 25 de marzo de 2011

Operación Masacre


En 1956 un contra-golpe militar contra la autodenominada Revolución Libertadora fracasa, y en un terreno descampado de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, Argentina, son asesinados varios civiles sumariamente sospechados de formar parte del alzamiento. Sin embargo siete personas logran sobrevir a la matanza y contar la historia.

Operación Masacre está basada en el libro homónimo escrito por Rodolfo Walsh. Fue dirigida por Jorge Cedrón y sus protagonistas fueron Norma Aleandro, Carlos Carella, Víctor Laplace, Ana María Picchio, Walter Vidarte y Julio Troxler. Se estrenó en 1973.

domingo, 30 de enero de 2011

Todo sobre Bloody Sunday (Domingo sangriento)


Sinopsis

En Irlanda del Norte, el 30 de enero de 1972, trece personas murieron en las calles de la ciudad de Derry (Londonderry para los ingleses) y otras catorce fueron heridas por las balas del ejército británico. Eran unos civiles desarmados que participaban en una manifestación contra el decreto del Gobierno británico autorizando los internamientos preventivos. Este día, que se conoce en la historia por el nombre de Bloody Sunday (Domingo Sangriento), fue crucial en la historia contemporánea del problema irlandés porque convirtió el conflicto (que se arrastra desde hace más de 700 años) en una guerra civil, hizo que muchos jóvenes se integraran al IRA y alimentó un ciclo de 25 años de violencia. La película cuenta lo que pasó ese día, desde el amanecer hasta el anochecer, desde la llegada de las tropas a las calles de la ciudad sitiada hasta la violenta actuación de los soldados del formidable Regimiento de Paracaidistas contra los manifestantes civiles, y sigue con algo más de detalle a cuatro hombres: Ivan Cooper, líder de los defensores de los derechos civiles, lleno de idealismo y que comparte el sueño de Martin Luther King de lograr un cambio pacífico; Gerry Donaghy, un rebelde católico de 17 años, que desea establecerse y casarse con su chica (protestante) pero que se ve arrastrado por el enfrentamiento con los soldados; el general de brigada Patrick MacLellan, comandante del ejército británico en Londonderry, que se ve presionado para que detenga con firmeza la manifestación, y un joven soldado, un operador de radio de los paracaidistas, que, junto a su unidad de aguerridos veteranos, recibe la orden de entrar en el Bogside.

Ficha técnica

Dirección y guión: Paul Greengrass.
Países: Irlanda y Reino Unido.
Año: 2002.
Duración: 107 min.
Interpretación: James Nesbitt (Ivan Cooper), Tim Pigott-Smith (General Ford), Nicholas Farrell (Brigada Maclellan), Gerard McSorley (Lagan), Kathy Keira Clarke (Frances Cooper), Allan Gildea (Kevin McCorry), Gerard Crossan (Eamonn McCann), Mary Moulds (Bernadette Devlin), Declan Duddy (Gerry Donaghy).
Producción: Mark Redhead.
Producción ejecutiva: Jim Sheridan, Pippa Cross, Rod Stoneman, Paul Trijbits y Tristan Whalley.
Música: Dominic Muldoon.
Fotografía: Ivan Strasburg.
Montaje: Clare Douglas.
Diseño de producción: John Paul Kelly.
Dirección artística: Padraig O'Neill.
Vestuario: Dinah Collin.
Estreno: 2002.

Tráiler (en inglés)



Bloody Sunday: Los hechos y sus antecedentes

En enero de 1972, la Asociación de Derechos Civiles de Irlanda del Norte, que trabajaba conjuntamente con grupos locales, convocó una manifestación de protesta para el domingo 30 de enero. La manifestación iba a empezar en Bishop’s Field, en Creggan, el barrio católico edificado en una pelada colina muy lejos del centro y seguiría por “Free Derry” hasta el Ayuntamiento, la sede del poder político local (protestante) para celebrar un mítin. El objetivo de la manifestación era protestar contra los internamientos sin juicio, medida introducida por el Gobierno británico el verano anterior por presiones del Gobierno unionista en Stormont, que advirtió que se produciría una violenta reacción protestante contra el creciente malestar de los católicos.

jueves, 27 de enero de 2011

Platoon, de Oliver Stone

Película clásica del cine bélico, ganadora de cuatro premios Óscar en 1986, incluídos mejor película y mejor director.


Platoon (conocida como Pelotón en Hispanoamérica) es una película bélica de 1986, ambientada en Vietnam. Fue dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Tom Berenger, Willem Dafoe y Charlie Sheen. Es la primera de la trilogía de películas sobre la guerra de Vietnam de Oliver Stone, seguida por Nacido el 4 de julio (1989) y El cielo y la tierra (1993).

Oliver Stone participó en la guerra de Vietnam, y luego de su regreso comenzó a escribir el guión para el filme, quizás para contrastar la visión oficial estadounidense de la guerra de Vietnam, retratada en Los boinas verdes (The Green Berets) de John Wayne.


La historia comienza cuando el recluta Chris Taylor (Charlie Sheen) es enviado a Vietnam. Se une a una unidad de infantería y comienza su participación en la guerra. Su inocencia pronto se convierte en cinismo a medida que experimenta la dura vida de la infantería en la jungla, al presenciar asesinatos y actos ilegales. Finalmente, Taylor toma parte en una venganza contra un superior, el sargento Bob Barnes (Tom Berenger), acto denominado comúnmente como fragging, y que consistía en acabar con la vida de un compañero mediante una granada de mano.

La película puede entenderse como una guerra por el alma de Taylor y el resto de la unidad. Mientras que los enemigos siguen siendo los vietnamitas, Taylor se ve envuelto en una lucha entre dos sargentos, Barnes y Elias, (Tom Berenger y Willem Dafoe, respectivamente). Finalmente, Taylor toma partido por Elias, que ha asumido la contracultura ética de los años 60. Durante una batalla contra los vietnamitas, Elias es asesinado por Barnes y al final de la película será Taylor el que acabe con Barnes.

sábado, 8 de enero de 2011

Érase una vez la década sin nombre

Diez años de guerras a través del cine

Por si alguien se hubiera perdido la última década, el cine anglosajón se ha tomado la molestia de ofrecerla para amplias audiencias en ese anticuado formato de 90 minutos. Recorremos 13 películas que son un retrato diverso del estupor que arranca el 11-S y se prolonga hasta hoy.

Por Javier de Frutos
Diagonal

El primer personaje de esta historia es un controlador aéreo. Y el primer escenario: el caos desatado en las torres de control de Nueva York cuando empiezan a desaparecer de la pantalla vuelos que han emprendido virajes extraños y descienden sobre el sur de la isla de Manhattan.

Septiembre de 2011

United 93 (Paul Greengrass, 2006) narra con tono realista y actores desconocidos la peripecia de los ocupantes del cuarto avión secuestrado y la extrema tensión vivida en los centros civiles y militares de control aéreo. La textura fría de las imágenes, el ritmo vertiginoso y los múltiples fragmentos de diálogo reconstruyen 90 minutos de angustia y desconcierto. Se realizó con el apoyo de las familias de los fallecidos en el vuelo que se estrelló finalmente en Pensilvania, y se ajusta por tanto a la versión ofrecida por éstas a modo de “homenaje a los héroes anónimos”.

Semejante pretensión de homenaje guía cada secuencia de World Trade Center (Oliver Stone, 2006), aunque aquí el relato, que también se reclama basado en hechos reales, se centra en dos personajes: los policías de la Autoridad Portuaria John Mc- Loughlin (Nicolas Cage) y Will Jimeno (Michael Peña). Ambos se adentraron en las Torres Gemelas y quedaron sepultados bajo los escombros. La heterodoxia de Stone brilla por su ausencia en este filme de factura clásica, con escenas de drama demorado y una última imagen premonitoria: la bandera de EE. UU. ondea sobre los rescoldos de la zona cero.

Tuvieron que transcurrir cinco años hasta que United 93 y World Trade Center ofrecieran la primera versión canónica del 11-S, años en los que Hollywood estuvo más ocupado en retrasar estrenos de películas de catástrofes, modificar guiones y borrar las Torres Gemelas de algunas de sus producciones. Sin embargo, el primer filme con repercusión sobre el 11-S y sus inmediatas consecuencias había sido distribuido en 2002. 11 de septiembre - 11”09”01 ofrece la visión de once directores (Amos Gitai, Kean Loach y Sean Penn, entre otros) sobre las repercusiones planetarias de la tragedia. El resultado, un filme tan interesante como desigual, tan lírico como errático.

Afganistán, preparando Irak

La guerra de Afganistán lleva camino de convertirse en la guerra jamás contada y el cine ha contribuido a esta opacidad. Entre las excepciones destaca Camino a Guantánamo (Michael Winterbottom y Mat Whitecross, 2006), que reconstruye el drama vivido por cuatro jóvenes británicos que se encontraban en Pakistán en octubre de 2001 para asistir a la boda de uno de ellos. Desde allí viajaron a Afganistán, donde terminaron como prisioneros del Ejército estadounidense; tres de ellos fueron trasladados a Guantánamo. Utilizando recursos del documental (voz en off, imágenes de archivo y entrevistas a los protagonistas reales) y una cuidada reconstrucción de los hechos en clave de ficción, la película ofrece una visión descarnada de la práctica sistemática de la tortura en Guantánamo y los centros de detención de Afganistán. En 2004, los cuatro jóvenes fueron trasladados a Londres y puestos en libertad sin cargos.

En esa misma guerra interminable de Afganistán se encuentran atrapados los soldados Ernest Rodríguez y Arian Finch, heridos en territorio enemigo en Leones por corderos (Robert Redford, 2007). Un territorio remoto para los políticos y periodistas de Washington, enredados en filtraciones y reproches (trama teatral interpretada por Tom Cruise y Meryl Streep), y para profesores progresistas y dialogantes (papel que se reserva Robert Redford). La pregunta que subyace es: en una batalla alimentada con parias, proletarios, minorías, ¿qué papel le está reservado a la generación, ahora acomodada, que se opuso a la guerra del Vietnam?

Esta cuestión incómoda de quiénes forman el Ejército aparece planteada en términos más espectaculares en Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), en cuya secuencia final el propio Moore sugiere a los congresistas que animen a sus hijos a alistarse. El estilo incisivo del cineasta cobra pleno sentido en esos diálogos incómodos a las puertas del Capitolio.

Pero si es verdad que la comedia es tragedia más tiempo, tal vez seis años sean suficientes para cumplir ese trámite y poder reírse de aquellos días funestos de 2003 en los que la diplomacia estadounidense y británica tejió los argumentos para la intervención en Irak. Así, In the Loop (Armando Iannucci, 2009) es un retrato mordaz y caricaturesco (o no tanto) de los comités, informes, entrevistas, reuniones, etc., en definitiva, de todo el andamiaje que soportan las decisiones que ya están tomadas.

¿Qué hacemos aquí?

Y entonces llegó la guerra… de Irak. Y años después el cine de 90 minutos, 35 milímetros, inspirado en hechos reales y versión original en inglés comenzó a contarla, y lo hizo con secuencias rápidas, cámara en mano, diálogos cortantes, el sopor de la calima y una pregunta que se repite como un mantra: “¿Qué hacemos aquí?”.

Bagdad. Abril de 2003. Matt Damon interpreta en Green Zone (Paul Greengrass, 2010) al subteniente Roy Millar en su búsqueda desesperada de las armas de destrucción masiva. Su vivencia parece un trasunto en clave de acción y videojuego de la decepción de quienes creyeron que había motivos para invadir Iraq.

Bagdad. 2004. La producción de mayor éxito y repercusión, En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2009), Oscar a la mejor película en 2010, se sitúa en un Bagdad fantasmal en el cual el héroe es un sargento especializado en desactivación de explosivos. Bajo el pesado equipo de protección, su campo de visión es muy limitado. Los 140 minutos de metraje se prolongan como un relato eterno del desactivador heterodoxo.

Hadiza. Noviembre de 2005. Para entonces, los marines están tan aburridos como “listos para matarlos a todos”. Así que cuando son víctimas de una bomba deciden seguir el “procedimiento estándar” en un entorno hostil. La batalla de Hadiza (Nick Broomfield, 2007) narra con dureza desde tres ángulos (marines, civiles iraquíes e “insurgentes”) el horror de la masacre perpetrada por el ejército estadounidense en respuesta a un atentado. La convincente trama protagonizada por iraquíes constituye una rareza en el género. No resulta extraño en cambio el final que sugiere una investigación y un castigo.

Samarra. Julio de 2006. Tedio, horror, investigación, castigo y una película que lo cuenta es también el esquema de Redacted (Brian de Palma, 2007). La historia de la violación y asesinato de una joven iraquí perpetrados por dos soldados estadounidenses está construida recreando los lenguajes audiovisuales que han reflejado la guerra en tiempo real (vídeos de soldados, cámaras fijas de vigilancia, telediarios, vídeos en YouTube, webs, etc.). ¿Otorga este formato múltiple mayor apariencia de verosimilitud?

Volver a casa

Dentro del género bélico, el regreso a casa constituye un subgénero explorado hasta la extenuación en el caso de Vietnam. Entre las propuestas sobre el retorno de Irak, En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007) destaca por su forma de sugerir el horror a través del desconcierto de un padre que busca a su hijo, ex combatiente de Irak misteriosamente desaparecido a su regreso. Horror presente en los fragmentos de una grabación de móvil y en lo que la película insinúa sin mostrar.

Ahora bien, el último personaje de esta historia ha de ser un ex presidente aislado con sus recuerdos. En El escritor (Roman Polanski, 2010), Adam Lang (Pierce Brosnan), ex primer ministro británico empeñado en escribir sus memorias y lavar su imagen, pero perseguido por la acusación de haber cometido crímenes de guerra, busca expiar sus culpas. No lo consigue. Fundido en negro.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Che. Un hombre nuevo

Luciano Monteagudo
Página 12


Realizada a lo largo de doce años en Argentina, Bolivia, Perú y Cuba, con centenares de documentos y archivos consultados en todo el mundo, Che - Un hombre nuevo bien puede considerarse la biografía cinematográfica definitiva de Ernesto Guevara, un trabajo de investigación sin precedentes, que rescata innumerables materiales hasta ahora inéditos, no sólo de su faceta de hombre público, sino también del orden de lo privado: películas caseras, cintas magnetofónicas, textos, cartas y fotos familiares que no habían trascendido o sólo habían tenido circulación en ámbitos muy cerrados de Cuba. Hay una voluntad totalizadora en el film de Tristán Bauer que va más allá de la clásica celebración del Che como un hombre de acción y a la vez de reflexión, capaz de hacer de la teoría revolucionaria una praxis y de la praxis una nueva reformulación teórica.

viernes, 1 de octubre de 2010

La fundación de una república

Sesenta aniversario de la República Popular China

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Por José Luis Urraca Casal
Un mundo de cine

Épica, historia y thriller político

La industria cinematográfica china ha querido rendir homenaje a la Republica Popular de su país con motivo del 60 aniversario de su fundación, estrenando el pasado mes de septiembre la película The founding of a Republic (La fundación de una República). Una audaz superproducción que recorre los años de guerra civil que enfrentaron a nacionalistas y comunistas tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Para interpretar a Mao Zedong o Chiang Kai Schek, así como al resto de protagonistas de la historia han participado más de 170 grandes estrellas nacionales, desde Jackie Chan a Jet Lee, un hecho insólito hasta ahora en la cinematografía china.

El cine chino ha querido de nuevo dejar constancia de su historia de cara, sobre todo, a ilustrar a sus nuevas generaciones. Si a comienzos de año hacíamos referencia al film Ciudad de vida o muerte, premiado en el Festival de Cine de San Sebastián, el cual rescata para la memoria uno de los episodios más dramáticos de la invasión japonesa de China, la masacre de Nanking, ahora la industria cinematográfica de este país ha querido sumarse a la celebración del 60 aniversario de la creación de la República Popular (la cual tuvo lugar el 1 de octubre de 1949) contribuyendo con un film histórico donde aparece lo más granado de sus actores.

lunes, 8 de febrero de 2010

"El experimento": El hombre feroz


Por Tònia Pallejà
La Butaca


Claustrofóbica y enfermiza como la peor de las pesadillas. Fría y aséptica como esa cárcel simulada que, a modo de sala de operaciones, sirve para diseccionar la naturaleza humana a corazón abierto y sin anestesia. Cruda y despiadadamente desnuda como el aspecto que presenta una res muerta colgada en el interior de un matadero bajo la macilenta luz de los fluorescentes. Así son las imágenes que arroja El experimento, debut cinematográfico del realizador alemán Oliver Hirschbiegel, cuyo trabajo más conocido en nuestro país (España) hasta el momento eran algunos episodios de la serie televisiva Rex que se había encargado de dirigir. El filme se basa en la novela The experiment-black box, de Mario Giordano, que a su vez está inspirada en un experimento real que tuvo lugar en la universidad norteamericana de Stanford. A pesar de que en aquella ocasión los estudiantes convertidos en carceleros y prisioneros no llegaron a los fatídicos extremos de esta historia de ficción, la prueba ofreció resultados no menos inquietantes que obligaron a abortar el proyecto al quinto día de funcionamiento. Lo que se pretendía era comprobar qué consecuencias podía originar una situación en la que un grupo de sujetos tuvieran un poder casi absoluto por encima de otros. ¿Y qué mejor ejemplo de ello que reproducir un régimen penitenciario en el laboratorio?

La película arranca con la presentación de Tarek Fahd, un joven taxista que decide participar en el experimento para conseguir algo de dinero. Además de recibir su "recompensa" por actuar como conejillo de indias, decide vender la historia a una publicación en la que trabajaba antes, para lo cual llevará unas gafas con una microcámara instalada que registrará todo cuanto sucede dentro de la prisión artificial. Después de pasar varias baterías de tests, los sujetos voluntarios coinciden en una sala de espera, antes de comenzar con el experimento. Su procedencia social y cultural es distinta (un miembro del personal de tierra de una compañía aérea, un quiosquero, un imitador de Elvis Presley, un ejecutivo...), pero la mayoría acuden motivados por la compensación económica y por la posibilidad de vivir una experiencia totalmente nueva. Al principio todo son bromas y camaradería, incluso después de que aquellos elegidos para ser carceleros vistan sus uniformes con porras, y los que han sido divididos en prisioneros se pongan sus ridículos camisones y vayan ocupando sus celdas. Las normas que el profesor Klaus Thon, director del proyecto, pone son mínimas y aparentemente inocentes: cada uno se comportará de forma acorde con el rol que se le ha asignado; nada de nombres, los prisioneros serán llamados por su número; deberán acabarse toda la comida que se les sirva; nada de violencia: el que agreda a un compañero será expulsado inmediatamente de la prueba; los carceleros deben mantener el orden, y sus sanciones deben ser proporcionales a las infracciones. El recinto estará vigilado en todo momento por cámaras que grabarán sus movimientos, y la doctora Jutta Grimm y su ayudante Lars supervisarán que todo discurra sin salirse de los límites establecidos.

En principio, todo parece tratarse de una especie de juego, y todos están dispuestos a que aquello concluya de forma agradable y puedan volver a casa con un fajo de billetes en el bolsillo. Pero Tarek Fahd, como reportero infiltrado, decide poner a prueba a los carceleros para que su historia cobre algo más de interés, confiando en que nadie sufrirá daño alguno y que todos son conscientes de que aquello no es una situación real... Sin embargo, los acontecimientos se precipitan antes de lo esperado, ante la atónita mirada de los experimentadores. En poco tiempo, los carceleros instauran un régimen de terror y humillaciones, y los prisioneros asumen de forma increíblemente rápida su indefensión. Venganzas, rencores y vejaciones son la tónica dominante en una situación que ha dejado de estar bajo control, en la que todos han olvidado quienes son -los límites entre juego y ficción se han fundido- y se han adaptado a su nuevo papel con una completa pérdida del sentido de la realidad. La tragedia está servida.

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El experimento no es, técnicamente hablando, una película perfecta. Pero la fuerza y la coherencia de cuanto explica, y la forma tan natural y veraz en que se desarrollan los escalofriantes sucesos que muestra -con el peligro que se corría de forzar los hilos y transformarla en una catástrofe esperpéntica y sensacionalista- eclipsan por completo sus pequeños desaciertos, y lo convierten en un trabajo único, irrepetible y, por descontado, memorable. Hay, además, un sólido e impresionante trabajo de actores; todos sin excepción están soberbios, pero es Moritz Bleibtreu, por su mayor protagonismo, quien se lleva la palma.

En cuanto al ritmo de este atípico thriller psicológico, poco hay que objetar, se mueve entre el desasosiego y la furia, y es, más que correcto, impecable. Pero las secuencias que se intercalan sobre la chica que conoce Tarek al principio de la cinta, ya sean en forma de recuerdos o como una visión paralela de lo que tiene lugar en el exterior, si bien ayudan a relajar la tensión de lo que acontece durante el experimento, a veces le restan continuidad formal y ejercen un cierto desequilibrio. Sin embargo son imágenes de una belleza serena, que a uno se le ocurren pertenecientes a otra película bien distinta, y por ello contrastan con la dureza de las otras escenas. También existe otro reparo, y es la elección de los diferentes formatos a través de los cuales se nos ofrecen las imágenes: a través de la cámara del realizador, en color, a través de las cámaras de vigilancia de las salas, y a través de la cámara aposentada en las gafas de Tarek, ambas en blanco y negro y de menor calidad. Aunque independientemente funcionan a la perfección, en un par de ocasiones han sido montadas de manera alterna, corriendo el riesgo de sobrecargar un relato que no necesita aditivos, puesto que en esencia ya dispone de la suficiente densidad dramática. A pesar de estas nimiedades, y en general, el tono directo y austero de la cinta, desprovisto de filigranas innecesarias, demuestra que Hirschbiegel domina los resortes del suspense con gran efectividad.

Por último, debería hablar de El experimento en su función de tesis psicosocial. Y en este sentido es sencillamente una maravilla. No sólo recoge fenómenos como el de la autoridad, sino que además da un repaso extraordinario por otros productos individuales y grupales como el liderazgo, la difusión de la responsabilidad, el estatus, la despersonalización, la alienación, y muchas otras disfunciones que surgen en una situación semejante, en un microcosmos aparte, con reglas y pautas de comportamiento propias en las que se pervierte la percepción de la realidad.

El experimento no es sólo una película para reflexionar, para darse cuenta de que hay un carcelero y un prisionero oculto en cada uno de nosotros, esperando la oportunidad propicia para ver la luz. El experimento también nos puede ayudar a comprender hechos funestos que se producen en determinadas circunstancias: crímenes de guerra, violaciones, mutilaciones, ensañamientos injustificados, o las novatadas que le llegan a costar la vida a algunos reclusos durante el servicio militar. Además, El experimento sirve para plantearnos con alarma lo apropiado o no de que determinadas personas ejerzan su autoridad, ya sea desde detrás de un escritorio o arma en mano, y cómo precisamente, los mejores perros guardianes, los que consiguen someter y mantener el control, son individuos sin reparos de ninguna clase, mientras que los peores carceleros, los más blandos (Bosch en la película), son sujetos capaces de compasión y empatía con los desfavorecidos.

En resumidas cuentas, nos hallamos ante una cinta extraordinaria, por la rotunda credibilidad con la que se nos transmite esa gran verdad, incómoda y sobrecogedora. Miedo auténtico sobre ese hombre, que como afirmaba Hobbes, es el lobo para el propio hombre. Sin necesidad de efectos especiales ni monstruos de ciencia-ficción. Para generar pánico sólo hay que enfrentar al ser humano consigo mismo, ya sea en una prisión experimental o haciendo que acuda a las salas a ver esta película.

Ficha técnica:

• Título original: Das experiment.
• Director: Oliver Hirschbiegel.
• Guión: Don Bohlinger, Christoph Darnstaedt, Mario Giordano.
• Fotografía: Rainer Klausmann.
• Montaje: Hans Funck.
• Productores: Marc Conrad, Norbert Preuss, Fritz Wildfeuer.
• Producción: Fanes Film/Munich, Typhoon Networks/Huerth, en coproducción con 7 Pictures/Munich, Senator Film Produktion/Berlín.
• Intérpretes: Christian Berkel, Moritz Bleibtreu, Timo Dierkes, Justus von Dohnányi, Maren Eggert, Antoine Monot Jr., Andrea Sawatzki, Edgar Selge, Oliver Stokowski.
• Año de producción: 2000.
• Duración 120 min.
• Formato 35 mm, color.
• Versión original alemana.
• Subtitulada en castellano.
• Participación en festivales internacionales: Montreal 2001, Sitges 2001, Los Angeles 2001, Bergen 2001, Berlín 2002.
• Apoyado por Filmfoerderungsanstalt (FFA), BKM, FilmFernsehFonds Bayern.

sábado, 30 de enero de 2010

Kamchatka: juegos y lágrimas

Kamchatka, el nuevo y emotivo filme de Marcelo Piñeyro, se centra en las vivencias íntimas de una familia durante la dictadura.

Por Diego Lerer
Clarín

Harry y Simón no se llaman así. Fue papá el que, jugando, les pidió que eligieran un nombre falso para ponerse y ellos eligieron esos. Harry, que tiene 10 años, se lo puso por Harry Houdini, el famoso escapista al que tanto admira y cuya biografía lo ayuda a pasar los días de encierro en la quinta. A su hermano le tocó el de Simón Templar, El Santo, ya que el chiquito de 5 está desarrollando una extraña obsesión religiosa que incluye ponerle halos a todo lo que encuentra.

En el mundo de Kamchatka importan más las aventuras de David Vincent en Los invasores que lo que pasa en el mundo exterior. Y tomar Nesquik con grumitos, jugar al T.E.G. con papá, perseguir sapos y evitar mearse en la cama. Hay amigos que se llaman Bertuccio (¿quién no tuvo un amigo así en la primaria?) y discos de Roberto Carlos. Mamá maneja un Citroën y fuma Jockey. Papá hace "zafarrancho de combate" cuando hay peligro y siempre anda con cara de preocupado.

Para quienes recuerdan los primeros años del Proceso militar de esta manera, Kamchatka tendrá un aire de fascinante familiaridad. Aquí, la realidad política terrible que atravesaba a la Argentina es vista como un eco distante por un chico que sabe que algo pasa, intuye, siente el peligro cerca, pero no alcanza a definir bien qué es. "¿A los abogados también se los llevan?", pregunta Harry a papá.

En la nueva película de Piñeyro, la más acotada y sincera, la más emotiva y menos efectista, el mundo es una pequeña casa de campo donde papá y mamá han llevado a los chicos para escaparse de la persecución militar. Se sabe de entrada que ellos van a vérselas feas, pero los chicos no pueden dimensionar el peligro. Saben que no hay que contestar el teléfono, ni ver a Bertuccio. Y que papá ya no es abogado sino arquitecto, y que se llama David Vicente, otro combatiente frente a los invasores.

Kamchatka se centrará en las vivencias íntimas de los Vicente, y será un relato pequeño, de cámara, que sólo dejará pasar la realidad en forma de metáforas, casi a la manera de la reciente Señales. Las metáforas serán, en principio, simpáticas, ingeniosas, amables. Cuando los padres los sacan del colegio, la presentación de Los invasores se escucha mientras se ve a los "milicos" parando a los autos. Luego estará la voz en off de Harry narrando las hazañas de Houdini ("era escapista, no mago") en paralelo a las situaciones que viven. Y estará el T.E.G., lugar donde se dirime la batalla más dura, la simbólica, entre los agresores y los que resisten.

Lo cierto es que este paralelismo termina por ser limitante. ¿Hasta qué punto cada una de las vivencias puede ser explicada en forma de juego infantil? Luego de un tiempo, Kamchatka se convierte en un festival del meta-aforismo y para cuando uno ya supone que la marquilla colorada de los Jockey tiene algo que ver con la filiación de izquierda de los padres, ya resulta difícil volver a concentrarse en la historia.

Kamchatka se plantea, como construcción de relato, un desafío: ¿De qué hablamos cuándo no hablamos de lo que deberíamos hablar? A diferencia de cierto mal cine argentino que dice o explica todo lo que el realizador quiere transmitir, Kamchatka prefiere alejarse un escalón, dar una vuelta de tuerca. Pero lo cierto es que no se libera del todo, y así la película nunca fluye. Cada hecho está atado, como condenado, a ser parte de un engranaje que debe resultar claro al espectador.

Lo que sí logra Piñeyro es respetar el punto de vista de Harry, al punto de que el preciosismo visual que aqueja a ciertas escenas (en especial, el casi publicitario viaje a la casa de los abuelos, incluyendo la búsqueda de la metafórica estrella fugaz) puede atribuirse a la mirada inocente del chiquito. Y lo que sí se libera es la emoción, que golpea con toda su fuerza sobre el final, en ese momento exacto en que los juegos pasarán a ser parte del pasado.

Publicado originalmente el 17 de octubre de 2002

jueves, 21 de enero de 2010

Flame y Citron: héroes de la resistencia

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Por Beatriz Maldivia
Blog de Cine

Flame y Citron son los apodos de dos de los héroes más emblemáticos de la Segunda Guerra Mundial; son dos pistoleros que asesinan a altos mandos nazis por órdenes de Gran Bretaña. Flame, Bent Faurschou-Hviid, de 23 años, es tan joven que tiene dudas sobre sus misiones, especialmente cuando conoce a Ketty Selmer, una señora que le supera en edad y con la que tendrá un tortuoso affaire, y a Gilbert, uno de sus blancos. Citron, Jørgen Haagen Schmith, de 33 años, está casado y tiene una hija pequeña, pero su pertenencia a la Resistencia le impide pasar tiempo con ellas. Hasta ahora, Flame y Citron disparan sin hacer preguntas, pero llega el momento de cuestionarse a quién están matando.

‘Flame y Citron’ se basa en la historia real de estos resistentes daneses. Ellos son el centro de la narración y la manera en la que a ellos les afectan las cosas que hacen es lo que tiene importancia en la película, no lo que ellos suponen para el devenir histórico de los acontecimientos. Todo esto indica que se trata de un film donde lo fundamental es la psicología de los personajes, su evolución, los dilemas y conflictos a los que se tienen que enfrentar. Este retrato psicológico de los personajes está muy bien realizado. Cada uno de ellos tiene una evolución diferente, casi contraria. Mientras Flame comienza siendo el frío asesino que dispara sin pensar y huye elegantemente de la escena del crimen para convertirse en una persona a la que le asaltan todas las dudas; Citron arranca débil, sudoroso, propenso al vómito e incapaz de matar, pero se endurece con el tiempo.

Los intérpretes encarnan muy bien a estos torturados héroes. Lo que más aporta Thure Lindhardt es su presencia, ya que su cara de niño siempre sorprendido encaja a la perfección con el papel, y su planta general, con el abrigo largo, produce momentos de gran primor estético. Pero no todo en él es físico, también su interpretación acompaña. Mads Mikkelsen (‘Quantum of Solace’, ‘Casino Royale’, ‘El rey Arturo’, ‘Torremolinos 73’), más en segundo plano en los primeros momentos de la película, acaba demostrando ser más interesante como personaje que su compañero. Es muy interesante también como actor el principal antagonista: Hoffman, a quien da vida Christian Berkel.

Ole Christian Madsen rueda esta historia con encuadres muy admirables y con una fotografía cuidada, pero con un estilo actual que mezcla los zooms cortos con las entradas de luz por el objetivo (flare) o con el montaje discontinuo y los bruscos cambios de tamaños de planos. De esta forma, la película se disfruta no sólo por lo que se cuenta en ella, sino también por la observación de sus aspectos formales. Un generoso diseño de producción reproduce el Copenhague de la época con gran belleza.

El guión de ‘Flame y Citron’ está lleno de sorpresas y de giros. Pero no por ello se corresponde claramente a una película de espionaje, sino más bien a una historia sobre dos seres humanos. A pesar de que es un film largo (130 minutos), el devenir de los acontecimientos sufre constantes cambios y, por ello, la película se ve con interés durante todo el metraje, sin hacerse aburrida. Tampoco diría con todo ello que nos encontremos ante el guión más ingenioso o sorprendentes que se haya visto, pues más o menos todo puede preverse, pero la cuestión no está en lo que sucede, como decía, sino en la forma en la que esto afecta a los protagonistas.

Hay tantos films sobre el nazismo que ya casi ocurre como con la Guerra Civil y el cine español: que el hecho de que traten sobre ello es motivo suficiente para que algunas personas decidan no verlos porque están hartas. Pero ‘Flame y Citron’ nos da una visión sobre la II Guerra Mundial diferente a la que solemos obtener en otras películas y nos cuenta unos hechos que desconocíamos. Al ubicarse en Dinamarca, la situación no es la misma y también la forma en la que trabaja esta Resistencia difiere de la que conocíamos mejor por el cine y la TV: la francesa. Por ello podemos ver esta película como algo novedoso y no como un documento más de lo que ya nos conocemos al dedillo.

‘Flame y Citron’ es, en definitiva, una buena película, realizada de forma muy preciosista, con una historia interesante y una visión profunda de la psicología de sus personajes.

Publicado originalmente el 30 de diciembre de 2008

jueves, 7 de enero de 2010

Flame y Citron: filme sobre la resistencia antifascista danesa



Copenhague, 1944. Mientras la población danesa desea que la guerra acabe cuanto antes, Bent Faurschou-Hviid, de 23 años y cuyo nombre de guerra es Flame (por su cabello rojo) y Jørgen Haagen Schmith, de 33 años y cuyo nombre de guerra es Citron (al parecer, en parte, porque había trabajado como mecánico en la fábrica de Citroën), ponen sus vidas en riesgo para luchar en el grupo de resistencia Holger Danske que combate clandestinamente contra los nazis y sus colaboradores daneses.

El intrépido e inflexible Flame es un antifascista inveterado y sueña con que llegue el día en que el grupo montará y lanzará abiertamente un contraataque armado contra el gobierno pronazi (los nazis habían entrado en Dinamarca el 9 de abril de 1940 y contaban con el apoyo de pronazis daneses y de un gobierno colaboracionista). En cuanto a Citron, un hombre sensible que adora a su mujer y a su hija, al principio se había limitado a actuar como conductor de Flame, pero ahora se ve cada vez más involucrado en las actividades del grupo.

Cuando su inmediato superior, Aksel Winther, les ordena una acción contra dos funcionarios de la organización de espionaje alemán Abwehr, los acontecimientos empiezan a descontrolarse. Flame mantiene una conversación con el inteligente coronel Gilbert y, por primera vez, Flame se cuestiona la orden que tienen que ejecutar... Parece que se ha producido un terrible error. Situaciones posteriores, llenas de sospechas, que envuelven incluso a su chica, la bella y misteriosa correo Ketty, llevan a Flame a descubrir los perfiles de una muy diferente y mucho más oculta agenda. ¿Tendrá que creer a Ketty o a Winther? ¿Y quién trabaja para quién? Llenos de dudas, Flame y Citron empiezan a sentir que están pisando arenas movedizas. Desesperados, desilusionados y con la sensación de haber sido traicionados por sus superiores, deciden confiar únicamente en ellos mismos y concentrar sus esfuerzos en acabar con el odiado y temido jefe de la Gestapo, Hoffmann.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Resistencia

Interesante película inspirada en el libro de Nechama Tec "Defiance: The Bielski Partisans", que describe hechos reales de la II Guerra Mundial y la resistencia antifascista.


Ficha técnica

Título V.O.: Defiance (Traducida como Resistencia o Desafío)
Año de producción: 2008
Distribuidora: Aurum
Género: Drama
Estreno: 12 de diciembre de 2008
Director: Edward Zwick
Guión: Edward Zwick, Clayton Frohman
Música: James Newton Howard
Fotografía: Eduardo Serra
Intérpretes: Liev Schreiber (Zus Bielski), Daniel Craig (Tuvia Bielski), Mark Feuerstein (Isaac), Jamie Bell (Asael Bielski), Allan Corduner (Shimon), Alexa Davalos (Lilka)

Tráiler



Sinopsis

En 1941, la invasión de Europa Oriental por los nazis cambia la vida de miles de judíos para siempre. Tres hermanos, Tuvia, Zus y Ásale, se resisten a aceptar su funesto destino, así que deciden refugiarse en los bosques cercanos a su casa. Esta lucha por la supervivencia llama la atención de otros judíos, que se unen a la causa formando una auténtica comunidad secreta. Las amenazas externas se convierten en un obstáculo, pero la división ideológica entre Tuvia y Zus puede condenarlos a todos.

El cineasta Edward Zwick, especialista en sacar la cara más humana de los conflictos armados en títulos como "Diamante de sangre", "El último samurái" o "Tiempos de gloria", se atreve ahora con una apasionante historia real acaecida durante la II Guerra Mundial. "Resistencia" narra el caso de tres hermanos judíos, los Bielski, que decidieron plantar cara a su destino huyendo de las SS y asentándose como una comunidad secreta en los bosques de Bielorrusia. Su increíble destreza para la supervivencia y para arrastrar a otros judíos no pasaron por alto para la investigadora Nechama Tec que, en su libro "Defiance: The Bielski Partisans", recoge testimonios de lo que allí se vivió.


Rodada en Lituania, la película reproduce la infraestructura montada en los bosques por los judíos (casas, escuelas, teatros...), y todo ello con la ayuda de un elenco a la altura de las circunstancias. Daniel Craig aparca por un momento su personaje de 007 para afrontar un papel épico, similar al de "Munich". Sus hermanos en al ficción son Liev Schreiber (El amor en los tiempos del cólera) y el joven Jamie Bell (Jumper).

lunes, 21 de diciembre de 2009

La realidad a través de la ficción


Ficha técnica

Dirección: Juan Carlos Tabío
País: Cuba y España
Año: 2008
Duración: 107 min.
Género: Comedia
Guión: Arturo Arango y Juan Carlos Tabío
Producción: Gerardo Herrero, Camilo Vives y Mariela Besuievsky
Música: Lucio Godoy
Fotografía: Hans Burmann
Montaje: Hans Burmann
Reparto: Jorge Perugorría (Bernardito), Enrique Molina, Paula Alí, Yoima Valdés,
Laura de la Uz, Tahimi Alvariño y Bárbaro Marín.

Por Sandra Milena Rueda Navarro

Contexto


“El Cuerno de la Abundancia" es una producción del mismo director de "Guantanamera" y "Lista de espera". Juan Carlos Tabío realiza esta película con su característica forma narrativa de comedia y humor satírico sobre la sociedad cubana. La película de coproducción española participó en el Concurso de la Sección Oficial Iberoamericana de Largometrajes en la 49ª versión del Festival Internacional de Cine de Cartagena, y ganó el Tercer Premio Coral y el Premio Coral de Guión en la reciente edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado en La Habana. Todo el proceso de posproducción corrió por parte de España, pero la filmación se llevó a cabo en la Isla y tuvo por locaciones los pueblos de Santa María del Rosario y Bejucal.

En esta película, que fue estrenada en el Festival de Cine de Toronto, aseguró el realizador ante el diario cubano Juventud Rebelde, que el público podrá ver cómo logran imponerse las manipulaciones, los juegos sucios y aflora el egoísmo por una supuesta herencia millonaria. De ahí, claro está, nace su título “El cuerno de la abundancia” que es un “símbolo de prosperidad y afluencia que data del siglo V A.C.

En "El cuerno de la abundancia" se vuelven a unir el director y los protagonistas de "Fresa y Chocolate". Allí se hace un retrato cómico de la Cuba actual. "La España de la época pre Marshall tiene muchos puntos de contacto con la Cuba de hoy", comentó el realizador Juan Carlos Tabío.

Juan Carlos Tabío: nació el 3 de septiembre de 1943 en La Habana. En 1961 comienza a trabajar en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. Ahí realiza distintas funciones: ayudante de Producción, Ayudante de Camarógrafo, Asistente de Dirección y Director. Entre 1989 y 1991 es profesor en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Ha impartido cursos y talleres de Dramaturgia Cinematográfica y Dirección en EEUU, México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Uruguay, Bélgica y España. En 1988 dirige su primer trabajo “Plaff”. Luego, en 1993 dirige junto con Tomás Gutiérrez Alea la cinta “Fresa y Chocolate”. Escribió y dirigió sus siguientes largometrajes: “Lista de espera” (2000), “Aunque estés lejos” (2002) y por último “El cuerno de la abundancia” (2008) que se constituye como un referente de la comedia absurda cubana.

A mí –en ocasiones- “El cuerno de la abundancia” me parece más patética que cómica. El hecho de que las casas despintadas, el pobre almuerzo de un comedor obrero y las penurias de nuestros compatriotas, vuelvan a ser el ingrediente de un filme, me llena de preocupación. ¿Será que no tenemos otra cosa que contar en esta isla del Caribe? No es que quite mérito al choteo integrado desde siempre a nuestra cultura. Tampoco creo que el cine deba ignorar las contradicciones de los tiempos actuales. El problema está en el tratamiento”.

“El Cuerno de la Abundancia” no es si no, una forma más de ver la realidad cubana, con todos sus fracasos y victorias revolucionarias. “El Cuerno de la Abundancia” con toda su historia, la trama, los personajes, las locaciones, etc, nos permite entender y conocer claramente cómo es la vida de un cubano, sus sueños y su cotidianidad.

Sinópsis

En un pequeño pueblo de Cuba, una noticia se revela: los que se apelliden Castiñeiras recibirán una jugosa herencia que unas monjas depositaron en un banco de Inglaterra en el siglo XVIII. Todos los que así se apellidan empiezan entonces con los trámites para hacerse con su parte, pero como, es de imaginarse, muchas obstáculos se cruzan en el camino. Bernardito será el líder en la búsqueda del tesoro.

“El cuerno de la Abundancia” basa su argumento en la posibilidad que creen tener varias familias de un pueblo imaginario, de conseguir una herencia que les cambie la vida. El final es previsible: El dinero nunca aparece. Las tragedias familiares prosiguen. Y el protagonista tiene claro –de acuerdo con el propio texto- que “debe seguir pedaleando”

Más allá de lo que pueda narrarse desde el ámbito de la ficción, Tabío reveló ante El Universal que “El cuerno de la abundancia” está basada en hechos reales o “supuestamente reales” ya que, de acuerdo a sus afirmaciones, la idea de que pudieran existir este tipo de herencias sobrevuela en Cuba desde los años 40. Por su parte, Jorge Perrugorría consideró que la cinta constituye “una metáfora de la realidad” y ofrece al espectador “un abanico de sueños de la gente común”.

«He escrito algunos guiones que no darían comedia, pero por diversas circunstancias no han sido realizados. Todo depende de la idea que llegue, que es para mí el momento más difícil, más azaroso de la creación. Si viene comedia, se escribe comedia. Si viene tragedia, pues tragedia. Pero te digo que esta es una comedia muy seria. Hay quien ha llorado con ella, y no me refiero a las lágrimas que provoca la risa».

El cine cubano en la globalización

“Es cine mayoritariamente joven e independiente, nuevo cine siempre, inacabado e ingenuo, fresco e inexperto, a tientas y visionario, esperanzado y esperanzador, impetuoso y desafiante, lejos de ser renovador, pero seguido muy de cerca. Muchas de estas obras demuestran no solo que las nuevas tecnologías son las verdaderas responsables del auge de realizaciones audiovisuales fuera de marcos institucionales, sino que ya estamos sumergidos en una nueva época para el cine cubano, tan impredecible como la propia evolución tecnológica”.

Cuba, a diferencia de todos los países del mundo, es un país que en medio de la globalización, no vive globalizado, en medio del capitalismo, vive en socialismo, en medio del consumismo, vive en periodo especial y bloqueo económico. Pero, ¿De qué manera afecta la globalización al cine cubano?. Ya es un hecho que en ámbitos como la medicina, la industria audiovisual y hasta el deporte, Cuba es partícipe del mundo globalizado, las películas participan en festivales internacionales, son estrenadas en el exterior (como en el caso de “El Cuerno de la Abundancia”) y sus actores y realizadores pueden ser embajadores en otros países de la cultura cubana. Entiéndase la cultura como práctica de representación que participa en la construcción de un sistema de valores y creencias (Miller 1993: 14).

“Las sociedades postindustriales son sociedades en vías de mediatización, es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de to¬ma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritua¬lizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios”.

“Juan Antonio García Borrero, convocaba a borrar falsas fronteras; superar feudos estrechos, omitir esas a veces drásticas distinciones que una y otra vez nos obligan a hablar de lo viejo y lo nuevo, lo visible y lo sumergido, perdiéndose de vista que al final vivimos todos involucrados en un mismo proyecto: la cultura cubana… cine cubano solo hay uno; hágalo quien lo haga, de la manera en que lo haga y en el lugar que lo haga”.

“Ahí el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) verifica que hay una realidad que no quiere ni puede desconocer, una obra con toda la riqueza y las complejidades de estos tiempos, desde el punto de vista temático, estético, conceptual”.

“Resaltar la importancia alcanzada por la gráfica política y cultural posterior al triunfo revolucionario resulta, sin lugar a dudas, un lugar común. Sin embargo, los más jóvenes tal vez desconozcan que durante los años sesenta una nueva visualidad se impuso en la cultura cubana y, específicamente, en la ciudad. Portadores de increíbles imágenes, los carteles aparecieron por todas partes y en los más diversos formatos, y casi de golpe concitaron al público a decodificar otro tipo de mensajes, que lo convertían en un receptor más avisado y con un mayor y mejor sentido de lo estético”

“En cada práctica discursiva, la mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significativos. En su historia, de una manera muy esquemática, la mediatización influyó primero en la escritura, con la prensa masiva (el orden de lo simbólico, en la terminología de Peirce); a continuación se fue haciendo cargo del universo figurativo de la representación, con la fotografía y el cine (el orden de lo icónico, siempre según Peirce), y finalmente se apoderó del registro del contacto, en forma parcial -en primer lugar- con la radio, y luego en forma plena mediante la televisión para el público en general (el orden de lo indicial peirciano)”.

Es así como la globalización trajo beneficios para la realización de productos cubanos. La tecnología necesaria y los medios para nuevas creaciones que se pudieran apreciar en Cuba y en el mundo. Sin embargo, el sistema continúa rigiendo la programación en el cine o la censura si es necesaria para algunos discursos opositores.

Análisis de “El Cuerno de la Abundancia”

Forma:

“En el guión hay un párrafo inicial que dice: «Algunos de los acontecimientos que dieron origen a la idea de esta película ocurrieron en la realidad. Todos los personajes y episodios que conforman su trama pertenecen al reino de la ficción». En los años 90, estimulados por la crisis económica que vivimos, pulularon los rumores sobre herencias millonarias que esperaban en Londres o Nueva York. La más notoria es la de los Manso-Contreras, sobre la que conocí algunos episodios que rayaban en el absurdo. A partir de esos pequeños hechos comenzamos a tramar el argumento”.

“El cuerno de la Abundancia” se desarrolla en un pueblo imaginario al interior de Cuba. “Yaragüey es un nombre imaginario «como Macondo», es «un universo dentro de un pueblo pequeño» y, por tanto, su realidad es extrapolable a cualquier lugar”.

Yaraguey es un pueblo que se muestra claramente en un territorio caribeño, ambiente cálido y tranquilo. Las casas, como la Cuba tradicional, antiguas, a medio pintar o a punto de caerse. Por eso hay escenas en las que ladrillos caen en las cabezas de los personajes estando en el interior de su propia casa.

Partes formales como esta tienen siempre un mensaje de fondo, la cruel realidad de la infraestructura que habitan los cubanos. Casas viejas, a veces sin ventanas ni alcantarillado. “ Esta película plantea problemas, gente que vive en condiciones claramente difíciles… Ahora, cómo se solucionan esos problemas es algo que corresponde a la sociedad en su conjunto, no al cine”.

En algunos personajes el vestuario describe, por ejemplo, a veteranos pertenecientes al partido comunista. Caracterizados por usar los colores rojo y negro, usar la tradicional boina y estar fumando constantemente habanos.

Las casas, por ejemplo, además de ser viejas y estar en mal estado, no tienen puertas, carecen de privacidad para las familias y esto propicia el “chisme” entre las personas del vecindario.

El lenguaje y acento son sin duda del cubano nativo, personajes interpretados por cubanos y que además exageran el acento, crean un elemento que logra enriquecer la comedia de la historia.

Fondo:

“La prensa local española insistió, con diferentes términos, en que se trataba de un Bienvenido Mister Marshall a la cubana (la célebre producción de Luis García Berlanga sobre un pequeño pueblo que espera un acontecimiento benefactor), pues se intenta retratar la realidad contemporánea mediante un filme coral que apela a la comicidad y la sátira”.

“La película muestra la realidad cubana, con sus conflictos, sus necesidades, con las aspiraciones y la lucha del pueblo cubano para seguir adelante”. Entre la realidad cubana se muestra las costumbres, los alimentos que se consumen, el almuerzo de un obrero y el trabajo de las amas de casa. Sus conflictos son sus enfermedades, la lucha por la privacidad en su hogar, un futuro mejor para los hijos, etc. Sus necesidades son las más conmovedoras en la película, ya que se confunden con sueños y anhelos, como tener una mejor casa, poder viajar, poder obtener fortuna y una vida diferente. Finalmente en la lucha del pueblo se caracteriza el liderazgo, el optimismo y las esperanzas de cambio.

“La historia relata las miserias y sueños de estos aspirantes a herederos, y su necesidad de aferrarse a un milagro que solucione sus problemas cotidianos. «El arte es polisémico, no hay un discurso en una sola dirección», explicó el director mientras señaló que, aunque en el filme hay «referencias directas a la Cuba de hoy», Yaragüey es un nombre imaginario como Macondo”.

Conclusiones

- “Proablemente Tabío sea hoy por hoy el mejor conocedor de los mecanismos que despiertan alegrías en los cinéfilos cubanos. “El cuerno de la abundancia” evidencia el pulso narrativo de un cineasta que sabe dónde colocar cada cosa para contar bien la historia”.

- Lo importante de creaciones como estas es perder el miedo a mostrar la realidad, lo preocupante es hasta que punto es bueno que la gente se burle de la realidad en que viven.

- “Para el artista revolucionario, la única opción legítima era la crítica a esos rezagos del pasado que se consideraban puras excrecencias de la mentalidad pequeñoburguesa”.

- A pesar de la influencias de las tecnologías, el alcance económico y cultural de la globalización y los cambios políticos y de sistema que se vienen dando en los últimos años en Cuba, las producciones continúan tendiendo a la realización de producciones netamente cubanas, que la entiendan sobretodo los cubanos y que caractericen perfectamente su cultura.

Bibliografía

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- www.juventudrebelde.cu/cultura
- www.pochoclos.com/estrenos
- www.salir.com/pelicula
- www.convozpropiabril.blogspot.com
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