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sábado, 3 de marzo de 2012

W. O Dios bendiga a Oliver Stone

Por Cartelera DVD

Hay quien la ha calificado como parodia. Podría serlo por la musicalización con la bellísima melodía
A Wonderful World, o las escenas en un campo de beisbol, deporte tan apreciado en el cine y el sutil gusto "de los americanos", como les cantó Alberto Cortés.

Pero la personificación de Condoleeza Rice, Tony Blair los Bush, padre e hijos, George y Jeb, el militar Colin Powell y otros actores de la peor ralea, del fanatismo y la sumisión al dinero y al poder de la clase política republicana de los Estados Unidos, hacen que las pinceladas de humor solo maticen un poco el intenso drama que se desarrolla en pantalla y que no es sino un pálido reflejo de más de un millón de muertos y mutilados en una guerra que todo un planeta quiso evitar, sin éxito alguno.

Alguien que no alcanzó a ser personificado fue el enano José María Aznar, quizá porque Stone no alcanzó a conocer los daños que le ha causado a México como gestor de las empresas que construyen macrovías en lugar de trenes elevados u otras soluciones socialmente responsables. No es una anotación gratuita, si lo tenemos aquí es porque sus juegos de guerra no le sirvieron siquiera para obtener los contratos de reconstrucción que pretendía, luego de avalar los bombardeos sobre Irak.


Como en JFK, Oliver Stone (además de renovar su gusto por los nombres sintéticos) hace una dramatización de hechos reales para documentar uno de los pasajes más dramáticos del Siglo XXI. Para hacernos mostrar su repudio a uno de los peores presidentes en la historia del planeta, lo más que hace es mostrarlo comiendo con gran ansiedad y hablando con la boca llena, lo que de paso justifica la anécdota rigurosamente cierta del desmayo que sufrió George W. cuando se le atoró un pretzel por gritar durante un encuentro deportivo que presenciaba por televisión.

Excelentemente caracterizada por Josh Brolin, quien solo ganó un modesto premio en Hollywood, la película fue terriblemente subestimada, está pésimamente calificada por los usuarios de la base de datos de Internet Movies, donde apenas superaba el seis a dos años de su estreno.

Con todo, ante la repetición de las estrategias propagandísticas republicanas, ahora con el pretexto del peligro nuclear iraní, la película W se vuelve de revisión obligada no solo para los cinéfilos, sino para los políticos, los analistas, los pacifistas, los estudiantes de sicología, los dirigentes de alcohólicos anónimos, los internacionalistas y en fin, para todo ser humano interesado en que un puñado de imbéciles que hablan inglés, hebreo o parsi decidan por toda la humanidad.

La discriminación que sufrió W por la Academia, por los críticos y por los propios cinéfilos, los premios que se le negaron no deben hacernos prescindir de una revisión crítica e incluso como arma de contrapropaganda ante los juegos de guerra que al iniciar 2012 se han estado intensificando.

Un tratado de desarme nuclear en el oriente, cuna del paraíso, según los estudios rabínicos que lo colocan entre dos ríos, el Tigris y el Eufrates puede ser una solución, escalar las tensiones, el inicio de la tercera y última guerra mundial.

Por eso, más alla de su calidad cinematográfica o de los recursos dramáticos que haya empleado Oliver Stone para tratar de explicarse porque la inútil guerra con Irak, como el de W, tratando de superar lo que el padre no se atrevió a hacer en la guerra del golfo, es una cinta imprescindible.

Ni por sus premios, ni por la calificación de los cinéfilos, W pasará a la historia cinematográfica, pero por el hecho de haberla realizado, Oliver Stone merece el mejor de los galardones: Que Dios lo bendiga.

Tomado de: www.carteleradvd.blogspot.com

sábado, 8 de enero de 2011

Érase una vez la década sin nombre

Diez años de guerras a través del cine

Por si alguien se hubiera perdido la última década, el cine anglosajón se ha tomado la molestia de ofrecerla para amplias audiencias en ese anticuado formato de 90 minutos. Recorremos 13 películas que son un retrato diverso del estupor que arranca el 11-S y se prolonga hasta hoy.

Por Javier de Frutos
Diagonal

El primer personaje de esta historia es un controlador aéreo. Y el primer escenario: el caos desatado en las torres de control de Nueva York cuando empiezan a desaparecer de la pantalla vuelos que han emprendido virajes extraños y descienden sobre el sur de la isla de Manhattan.

Septiembre de 2011

United 93 (Paul Greengrass, 2006) narra con tono realista y actores desconocidos la peripecia de los ocupantes del cuarto avión secuestrado y la extrema tensión vivida en los centros civiles y militares de control aéreo. La textura fría de las imágenes, el ritmo vertiginoso y los múltiples fragmentos de diálogo reconstruyen 90 minutos de angustia y desconcierto. Se realizó con el apoyo de las familias de los fallecidos en el vuelo que se estrelló finalmente en Pensilvania, y se ajusta por tanto a la versión ofrecida por éstas a modo de “homenaje a los héroes anónimos”.

Semejante pretensión de homenaje guía cada secuencia de World Trade Center (Oliver Stone, 2006), aunque aquí el relato, que también se reclama basado en hechos reales, se centra en dos personajes: los policías de la Autoridad Portuaria John Mc- Loughlin (Nicolas Cage) y Will Jimeno (Michael Peña). Ambos se adentraron en las Torres Gemelas y quedaron sepultados bajo los escombros. La heterodoxia de Stone brilla por su ausencia en este filme de factura clásica, con escenas de drama demorado y una última imagen premonitoria: la bandera de EE. UU. ondea sobre los rescoldos de la zona cero.

Tuvieron que transcurrir cinco años hasta que United 93 y World Trade Center ofrecieran la primera versión canónica del 11-S, años en los que Hollywood estuvo más ocupado en retrasar estrenos de películas de catástrofes, modificar guiones y borrar las Torres Gemelas de algunas de sus producciones. Sin embargo, el primer filme con repercusión sobre el 11-S y sus inmediatas consecuencias había sido distribuido en 2002. 11 de septiembre - 11”09”01 ofrece la visión de once directores (Amos Gitai, Kean Loach y Sean Penn, entre otros) sobre las repercusiones planetarias de la tragedia. El resultado, un filme tan interesante como desigual, tan lírico como errático.

Afganistán, preparando Irak

La guerra de Afganistán lleva camino de convertirse en la guerra jamás contada y el cine ha contribuido a esta opacidad. Entre las excepciones destaca Camino a Guantánamo (Michael Winterbottom y Mat Whitecross, 2006), que reconstruye el drama vivido por cuatro jóvenes británicos que se encontraban en Pakistán en octubre de 2001 para asistir a la boda de uno de ellos. Desde allí viajaron a Afganistán, donde terminaron como prisioneros del Ejército estadounidense; tres de ellos fueron trasladados a Guantánamo. Utilizando recursos del documental (voz en off, imágenes de archivo y entrevistas a los protagonistas reales) y una cuidada reconstrucción de los hechos en clave de ficción, la película ofrece una visión descarnada de la práctica sistemática de la tortura en Guantánamo y los centros de detención de Afganistán. En 2004, los cuatro jóvenes fueron trasladados a Londres y puestos en libertad sin cargos.

En esa misma guerra interminable de Afganistán se encuentran atrapados los soldados Ernest Rodríguez y Arian Finch, heridos en territorio enemigo en Leones por corderos (Robert Redford, 2007). Un territorio remoto para los políticos y periodistas de Washington, enredados en filtraciones y reproches (trama teatral interpretada por Tom Cruise y Meryl Streep), y para profesores progresistas y dialogantes (papel que se reserva Robert Redford). La pregunta que subyace es: en una batalla alimentada con parias, proletarios, minorías, ¿qué papel le está reservado a la generación, ahora acomodada, que se opuso a la guerra del Vietnam?

Esta cuestión incómoda de quiénes forman el Ejército aparece planteada en términos más espectaculares en Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), en cuya secuencia final el propio Moore sugiere a los congresistas que animen a sus hijos a alistarse. El estilo incisivo del cineasta cobra pleno sentido en esos diálogos incómodos a las puertas del Capitolio.

Pero si es verdad que la comedia es tragedia más tiempo, tal vez seis años sean suficientes para cumplir ese trámite y poder reírse de aquellos días funestos de 2003 en los que la diplomacia estadounidense y británica tejió los argumentos para la intervención en Irak. Así, In the Loop (Armando Iannucci, 2009) es un retrato mordaz y caricaturesco (o no tanto) de los comités, informes, entrevistas, reuniones, etc., en definitiva, de todo el andamiaje que soportan las decisiones que ya están tomadas.

¿Qué hacemos aquí?

Y entonces llegó la guerra… de Irak. Y años después el cine de 90 minutos, 35 milímetros, inspirado en hechos reales y versión original en inglés comenzó a contarla, y lo hizo con secuencias rápidas, cámara en mano, diálogos cortantes, el sopor de la calima y una pregunta que se repite como un mantra: “¿Qué hacemos aquí?”.

Bagdad. Abril de 2003. Matt Damon interpreta en Green Zone (Paul Greengrass, 2010) al subteniente Roy Millar en su búsqueda desesperada de las armas de destrucción masiva. Su vivencia parece un trasunto en clave de acción y videojuego de la decepción de quienes creyeron que había motivos para invadir Iraq.

Bagdad. 2004. La producción de mayor éxito y repercusión, En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2009), Oscar a la mejor película en 2010, se sitúa en un Bagdad fantasmal en el cual el héroe es un sargento especializado en desactivación de explosivos. Bajo el pesado equipo de protección, su campo de visión es muy limitado. Los 140 minutos de metraje se prolongan como un relato eterno del desactivador heterodoxo.

Hadiza. Noviembre de 2005. Para entonces, los marines están tan aburridos como “listos para matarlos a todos”. Así que cuando son víctimas de una bomba deciden seguir el “procedimiento estándar” en un entorno hostil. La batalla de Hadiza (Nick Broomfield, 2007) narra con dureza desde tres ángulos (marines, civiles iraquíes e “insurgentes”) el horror de la masacre perpetrada por el ejército estadounidense en respuesta a un atentado. La convincente trama protagonizada por iraquíes constituye una rareza en el género. No resulta extraño en cambio el final que sugiere una investigación y un castigo.

Samarra. Julio de 2006. Tedio, horror, investigación, castigo y una película que lo cuenta es también el esquema de Redacted (Brian de Palma, 2007). La historia de la violación y asesinato de una joven iraquí perpetrados por dos soldados estadounidenses está construida recreando los lenguajes audiovisuales que han reflejado la guerra en tiempo real (vídeos de soldados, cámaras fijas de vigilancia, telediarios, vídeos en YouTube, webs, etc.). ¿Otorga este formato múltiple mayor apariencia de verosimilitud?

Volver a casa

Dentro del género bélico, el regreso a casa constituye un subgénero explorado hasta la extenuación en el caso de Vietnam. Entre las propuestas sobre el retorno de Irak, En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007) destaca por su forma de sugerir el horror a través del desconcierto de un padre que busca a su hijo, ex combatiente de Irak misteriosamente desaparecido a su regreso. Horror presente en los fragmentos de una grabación de móvil y en lo que la película insinúa sin mostrar.

Ahora bien, el último personaje de esta historia ha de ser un ex presidente aislado con sus recuerdos. En El escritor (Roman Polanski, 2010), Adam Lang (Pierce Brosnan), ex primer ministro británico empeñado en escribir sus memorias y lavar su imagen, pero perseguido por la acusación de haber cometido crímenes de guerra, busca expiar sus culpas. No lo consigue. Fundido en negro.

sábado, 20 de marzo de 2010

Hollywood, o cómo quedarse para siempre en Irak

“The Hurt Locker” arrasó con los Oscar, ganó a la ¿favorita? Avatar y por primera vez una mujer, Kathryn Bigelow, se lleva el muñequito dorado como mejor directora. Es noticia, claro. Como Obama, el primer negro que llegó a la presidencia de los Estados Unidos. ¿Vientos de cambio? No, que va.


Por Marcos Salgado
Digital question

“The Hurt Locker” no tiene traducción clara al español, idioma en el que se conocerá como “En Tierra Hostil”, “Zona de Miedo” o “Vivir al límite”. O bien, podría haber sido “El muchachito bueno y temerario que es adicto a la guerra”, o mejor: “Menos mal que estamos nosotros, los marines, acá en esta ciudad tan fea y violenta”.

La ciudad fea y violenta es Bagdad. El muchachito es el sargento de primera clase de la Armada de Estados Unidos William James (Jeremy Renner), un temerario especialista en desarmar bombas.

Lo vemos una y otra vez, lidiando con artefactos chiquitos y grandes, ora en un suburbio de Bagdad, ora frente a oficinas de las Naciones Unidas… en la segunda mitad del filme (dura algo más de dos horas) se adentra por su cuenta a las calles oscuras para investigar a los terroristas que arman bombas. También, en una mala tarde, sostiene un duelo de francotiradores en las afueras de la ciudad fea y violenta… así acaba su rotación, y vuelve a casa.

“Los terroristas estacionan un camión en un mercado, regalan caramelos… y explota”, le cuenta a su mujer Connie (Evangeline Lilly, la Kate de Lost) una tarde de lluvia en su bella casa: “Necesitan más técnicos en bombas”, explica nuestro héroe. Y vuelve, claro, a la ciudad fea y caliente y violenta. Fin. Aplausos. Mejor película, mejor dirección, mejor guión original, y otros tres muñequitos más… ahora, a distribuirla en América Latina. Los hombrecitos dorados atraen como nada en los afiches de los cines. Más millones garantizados. Más propaganda de guerra.

Más allá de sus cualidades técnicas y narrativas, cuestión que no compete abordar aquí, “The Hurt Locker” es, esencialmente, propaganda de guerra. De una guerra de ocupación que ya lleva siete años y donde murieron, según cálculos muy conservadores, al menos 100.000 civiles (1), otros, indican que esa cifra supera el millón de personas (2). El detalle de las bajas estadounidenses es más puntilloso: 4.698, hasta ayer (3).

Sin embargo, en la gran ganadora de los Oscar nuestros héroes jamás disparan sus fusiles si no están seguros de que el civil que tienen enfrente representa una amenaza. Se ponen nerviosos, sí. Hasta tienen miedo, pero no disparan. ¿Quién mató entonces a tantos civiles en Iraq? Nuestros héroes, seguro que no.

Por el contrario, allí vemos cómo los marines ayudan a mujeres a salir de zonas peligrosas, a coroneles estadounidenses conversando amablemente con ciudadanos iraquíes, al sargento James desesperado porque no puede quitar un corsé de explosivos a un civil al que los malos, los terroristas, obligaron a convertirse en hombre bomba.

En “The Hurt Locker” puede verse, también, a un grupo de “contratistas” británicos asesinando a dos detenidos (valen 250.000 libras, vivos o muertos). Eso sí, antes nos aclararon que los dos detenidos son dos terroristas muy buscados y una escena más adelante, el sicario muere también. ¿Justicia divina?

Como sea, en esta guerra de Hollywood los ciudadanos de bien podemos sentirnos tranquilos. Mueren los terroristas, pero también sus matadores poco ortodoxos.

Nuestros héroes desean fumar marihuana, pero no la consumen, sólo alcohol. Desean irse de putas, pero no van. Desean ser buenos soldados, pero no saben si lo han logrado. Eso sí, en esta guerra de Hollywood, nadie se pregunta qué hacen nuestro héroes tan lejos de Kentucky o Minnesota.

En “The Hurt Locker” los civiles iraquíes, ésos que ya han muerto por centenares de miles, son hostiles, pero no mucho. En un pasaje del filme, nuestros héroes viajan en un vehículo blindado mientras unos niños les arrojan piedras, el plano siguiente es una subjetiva desde dentro del vehículo, ahí podemos ver las caras de los querubines, están sonriendo. En la guerra de Hollywood los niños no sufren ni repudian, ni mueren, juegan.

Mientras, los marines desarman bombas. Y es que en Iraq son tan necesarios como en la Haití post terremoto, en la Colombia del “narcoterrorismo” o en el Afganistán del inasible Osama. Y para los que tengan dudas de la necesidad que tenemos de que los marines sean la policía internacional, están Hollywood y la primera directora ganadora de un Oscar, y el primer presidente negro, galardonado con el menos glamoroso pero siempre efectivo Premio Nobel de la Paz.

¿Qué sigue en Hollywood? ¿Un filme sobre Yemen? ¿O sobre Venezuela? Ése ya está listo, el protagonista es Sylvester Stallone y se estrena en agosto.

Notas:

(1) iraqbodycount.org
(2) justforeignpolicy.org/iraq
(3) icasualties.org