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miércoles, 15 de agosto de 2012

La voz dormida




"La voz dormida" es una muestra del sentir humano en medio de la dificultad que genera vivir bajo el yugo de la guerra. La represión política y social que agobiaba a los habitantes de España en la posguerra, es escenario base para el desarrollo de la historia. Es quizás la intensidad en cada situación de la historia, lo que entrega al espectador parte del sentir de sus personajes, como una breve muestra del dolor que muchos de los habitantes españoles tuvieron que pasar por aquel entonces (1939-1963).

Benito Zambrano, director de la cinta, asegura que la calidad en una buena producción cinematográfica radica en el poder del guión y de sus personajes. “Para mí, después del guión, lo más importante es el reparto. Si se quiere conseguir un trabajo excelente de interpretación para llegar a lo más profundo del espectador, debe haber compromiso y profesionalismo. Hay que dedicarle un trabajo especial al personaje”, comentó Zambrano al respecto en una entrevista hecha para el Festival de Cine de Cartagena 2012.

La historia se desarrolla en Madrid, España, durante la posguerra. Una joven cordobesa, Pepita (María León) abandona su aldea y decide viajar a Madrid para encontrarse con su hermana Hortensia (Inma Cuesta) quien se encuentra en estado de embarazo, encarcelada y condenada a pena de muerte hasta después del nacimiento del bebé. La travesía trae a su camino un valenciano de familia burguesa quien lucha continuamente en la sierra de Madrid (Marc Clotet); además, están vivas las ganas de buscar la redención de la hermana, así como el bienestar y custodia de su sobrino.

Dolor, pasión, soledad, tristeza, impotencia, esperanza son las sensaciones que explora la historia. Narración astuta que muestra sucesos que marcaron un período fundamental para España. La mujer abnegada que busca la libertad de su hermana se convierte en madre, amante y familia. El sentido de la lucha y el poder del amor sobre aspectos sociopolíticos que influyen en los comportamientos de la sociedad. Así es "La voz dormida".

Reseña tomada de: revistadiners.com.co

viernes, 6 de abril de 2012

"Hunger" y la lucha de los presos en Irlanda del Norte

Hunger es una impactante película sobre la huelga de hambre de los prisioneros del IRA en 1981. El filme es dirigido por Steve McQueen, quien escribió el guión junto con Enda Walsh. Está basada en hechos reales y fue estrenada en 2008.



Hunger aborda la lucha de los reclusos republicanos por el reconocimiento de su condición de presos políticos. La de 1981 fue la continuación de otras huelgas y protestas, en las que los presos reclamaban por las condiciones inhumanas de su cautiverio.

La película, que tuvo buena recepción de la crítica y recibió varios premios, recrea la huelga de hambre de 1981, que se convirtió en un pulso entre los presos y el gobierno de Margaret Thatcher. Uno de los huelguistas,
Bobby Sands, llegó a ser elegido parlamentario durante la protesta, lo que provocó el interés de la prensa. Sands y otros nueve huelguistas murieron.

domingo, 30 de enero de 2011

Todo sobre Bloody Sunday (Domingo sangriento)


Sinopsis

En Irlanda del Norte, el 30 de enero de 1972, trece personas murieron en las calles de la ciudad de Derry (Londonderry para los ingleses) y otras catorce fueron heridas por las balas del ejército británico. Eran unos civiles desarmados que participaban en una manifestación contra el decreto del Gobierno británico autorizando los internamientos preventivos. Este día, que se conoce en la historia por el nombre de Bloody Sunday (Domingo Sangriento), fue crucial en la historia contemporánea del problema irlandés porque convirtió el conflicto (que se arrastra desde hace más de 700 años) en una guerra civil, hizo que muchos jóvenes se integraran al IRA y alimentó un ciclo de 25 años de violencia. La película cuenta lo que pasó ese día, desde el amanecer hasta el anochecer, desde la llegada de las tropas a las calles de la ciudad sitiada hasta la violenta actuación de los soldados del formidable Regimiento de Paracaidistas contra los manifestantes civiles, y sigue con algo más de detalle a cuatro hombres: Ivan Cooper, líder de los defensores de los derechos civiles, lleno de idealismo y que comparte el sueño de Martin Luther King de lograr un cambio pacífico; Gerry Donaghy, un rebelde católico de 17 años, que desea establecerse y casarse con su chica (protestante) pero que se ve arrastrado por el enfrentamiento con los soldados; el general de brigada Patrick MacLellan, comandante del ejército británico en Londonderry, que se ve presionado para que detenga con firmeza la manifestación, y un joven soldado, un operador de radio de los paracaidistas, que, junto a su unidad de aguerridos veteranos, recibe la orden de entrar en el Bogside.

Ficha técnica

Dirección y guión: Paul Greengrass.
Países: Irlanda y Reino Unido.
Año: 2002.
Duración: 107 min.
Interpretación: James Nesbitt (Ivan Cooper), Tim Pigott-Smith (General Ford), Nicholas Farrell (Brigada Maclellan), Gerard McSorley (Lagan), Kathy Keira Clarke (Frances Cooper), Allan Gildea (Kevin McCorry), Gerard Crossan (Eamonn McCann), Mary Moulds (Bernadette Devlin), Declan Duddy (Gerry Donaghy).
Producción: Mark Redhead.
Producción ejecutiva: Jim Sheridan, Pippa Cross, Rod Stoneman, Paul Trijbits y Tristan Whalley.
Música: Dominic Muldoon.
Fotografía: Ivan Strasburg.
Montaje: Clare Douglas.
Diseño de producción: John Paul Kelly.
Dirección artística: Padraig O'Neill.
Vestuario: Dinah Collin.
Estreno: 2002.

Tráiler (en inglés)



Bloody Sunday: Los hechos y sus antecedentes

En enero de 1972, la Asociación de Derechos Civiles de Irlanda del Norte, que trabajaba conjuntamente con grupos locales, convocó una manifestación de protesta para el domingo 30 de enero. La manifestación iba a empezar en Bishop’s Field, en Creggan, el barrio católico edificado en una pelada colina muy lejos del centro y seguiría por “Free Derry” hasta el Ayuntamiento, la sede del poder político local (protestante) para celebrar un mítin. El objetivo de la manifestación era protestar contra los internamientos sin juicio, medida introducida por el Gobierno británico el verano anterior por presiones del Gobierno unionista en Stormont, que advirtió que se produciría una violenta reacción protestante contra el creciente malestar de los católicos.

lunes, 8 de febrero de 2010

"El experimento": El hombre feroz


Por Tònia Pallejà
La Butaca


Claustrofóbica y enfermiza como la peor de las pesadillas. Fría y aséptica como esa cárcel simulada que, a modo de sala de operaciones, sirve para diseccionar la naturaleza humana a corazón abierto y sin anestesia. Cruda y despiadadamente desnuda como el aspecto que presenta una res muerta colgada en el interior de un matadero bajo la macilenta luz de los fluorescentes. Así son las imágenes que arroja El experimento, debut cinematográfico del realizador alemán Oliver Hirschbiegel, cuyo trabajo más conocido en nuestro país (España) hasta el momento eran algunos episodios de la serie televisiva Rex que se había encargado de dirigir. El filme se basa en la novela The experiment-black box, de Mario Giordano, que a su vez está inspirada en un experimento real que tuvo lugar en la universidad norteamericana de Stanford. A pesar de que en aquella ocasión los estudiantes convertidos en carceleros y prisioneros no llegaron a los fatídicos extremos de esta historia de ficción, la prueba ofreció resultados no menos inquietantes que obligaron a abortar el proyecto al quinto día de funcionamiento. Lo que se pretendía era comprobar qué consecuencias podía originar una situación en la que un grupo de sujetos tuvieran un poder casi absoluto por encima de otros. ¿Y qué mejor ejemplo de ello que reproducir un régimen penitenciario en el laboratorio?

La película arranca con la presentación de Tarek Fahd, un joven taxista que decide participar en el experimento para conseguir algo de dinero. Además de recibir su "recompensa" por actuar como conejillo de indias, decide vender la historia a una publicación en la que trabajaba antes, para lo cual llevará unas gafas con una microcámara instalada que registrará todo cuanto sucede dentro de la prisión artificial. Después de pasar varias baterías de tests, los sujetos voluntarios coinciden en una sala de espera, antes de comenzar con el experimento. Su procedencia social y cultural es distinta (un miembro del personal de tierra de una compañía aérea, un quiosquero, un imitador de Elvis Presley, un ejecutivo...), pero la mayoría acuden motivados por la compensación económica y por la posibilidad de vivir una experiencia totalmente nueva. Al principio todo son bromas y camaradería, incluso después de que aquellos elegidos para ser carceleros vistan sus uniformes con porras, y los que han sido divididos en prisioneros se pongan sus ridículos camisones y vayan ocupando sus celdas. Las normas que el profesor Klaus Thon, director del proyecto, pone son mínimas y aparentemente inocentes: cada uno se comportará de forma acorde con el rol que se le ha asignado; nada de nombres, los prisioneros serán llamados por su número; deberán acabarse toda la comida que se les sirva; nada de violencia: el que agreda a un compañero será expulsado inmediatamente de la prueba; los carceleros deben mantener el orden, y sus sanciones deben ser proporcionales a las infracciones. El recinto estará vigilado en todo momento por cámaras que grabarán sus movimientos, y la doctora Jutta Grimm y su ayudante Lars supervisarán que todo discurra sin salirse de los límites establecidos.

En principio, todo parece tratarse de una especie de juego, y todos están dispuestos a que aquello concluya de forma agradable y puedan volver a casa con un fajo de billetes en el bolsillo. Pero Tarek Fahd, como reportero infiltrado, decide poner a prueba a los carceleros para que su historia cobre algo más de interés, confiando en que nadie sufrirá daño alguno y que todos son conscientes de que aquello no es una situación real... Sin embargo, los acontecimientos se precipitan antes de lo esperado, ante la atónita mirada de los experimentadores. En poco tiempo, los carceleros instauran un régimen de terror y humillaciones, y los prisioneros asumen de forma increíblemente rápida su indefensión. Venganzas, rencores y vejaciones son la tónica dominante en una situación que ha dejado de estar bajo control, en la que todos han olvidado quienes son -los límites entre juego y ficción se han fundido- y se han adaptado a su nuevo papel con una completa pérdida del sentido de la realidad. La tragedia está servida.

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El experimento no es, técnicamente hablando, una película perfecta. Pero la fuerza y la coherencia de cuanto explica, y la forma tan natural y veraz en que se desarrollan los escalofriantes sucesos que muestra -con el peligro que se corría de forzar los hilos y transformarla en una catástrofe esperpéntica y sensacionalista- eclipsan por completo sus pequeños desaciertos, y lo convierten en un trabajo único, irrepetible y, por descontado, memorable. Hay, además, un sólido e impresionante trabajo de actores; todos sin excepción están soberbios, pero es Moritz Bleibtreu, por su mayor protagonismo, quien se lleva la palma.

En cuanto al ritmo de este atípico thriller psicológico, poco hay que objetar, se mueve entre el desasosiego y la furia, y es, más que correcto, impecable. Pero las secuencias que se intercalan sobre la chica que conoce Tarek al principio de la cinta, ya sean en forma de recuerdos o como una visión paralela de lo que tiene lugar en el exterior, si bien ayudan a relajar la tensión de lo que acontece durante el experimento, a veces le restan continuidad formal y ejercen un cierto desequilibrio. Sin embargo son imágenes de una belleza serena, que a uno se le ocurren pertenecientes a otra película bien distinta, y por ello contrastan con la dureza de las otras escenas. También existe otro reparo, y es la elección de los diferentes formatos a través de los cuales se nos ofrecen las imágenes: a través de la cámara del realizador, en color, a través de las cámaras de vigilancia de las salas, y a través de la cámara aposentada en las gafas de Tarek, ambas en blanco y negro y de menor calidad. Aunque independientemente funcionan a la perfección, en un par de ocasiones han sido montadas de manera alterna, corriendo el riesgo de sobrecargar un relato que no necesita aditivos, puesto que en esencia ya dispone de la suficiente densidad dramática. A pesar de estas nimiedades, y en general, el tono directo y austero de la cinta, desprovisto de filigranas innecesarias, demuestra que Hirschbiegel domina los resortes del suspense con gran efectividad.

Por último, debería hablar de El experimento en su función de tesis psicosocial. Y en este sentido es sencillamente una maravilla. No sólo recoge fenómenos como el de la autoridad, sino que además da un repaso extraordinario por otros productos individuales y grupales como el liderazgo, la difusión de la responsabilidad, el estatus, la despersonalización, la alienación, y muchas otras disfunciones que surgen en una situación semejante, en un microcosmos aparte, con reglas y pautas de comportamiento propias en las que se pervierte la percepción de la realidad.

El experimento no es sólo una película para reflexionar, para darse cuenta de que hay un carcelero y un prisionero oculto en cada uno de nosotros, esperando la oportunidad propicia para ver la luz. El experimento también nos puede ayudar a comprender hechos funestos que se producen en determinadas circunstancias: crímenes de guerra, violaciones, mutilaciones, ensañamientos injustificados, o las novatadas que le llegan a costar la vida a algunos reclusos durante el servicio militar. Además, El experimento sirve para plantearnos con alarma lo apropiado o no de que determinadas personas ejerzan su autoridad, ya sea desde detrás de un escritorio o arma en mano, y cómo precisamente, los mejores perros guardianes, los que consiguen someter y mantener el control, son individuos sin reparos de ninguna clase, mientras que los peores carceleros, los más blandos (Bosch en la película), son sujetos capaces de compasión y empatía con los desfavorecidos.

En resumidas cuentas, nos hallamos ante una cinta extraordinaria, por la rotunda credibilidad con la que se nos transmite esa gran verdad, incómoda y sobrecogedora. Miedo auténtico sobre ese hombre, que como afirmaba Hobbes, es el lobo para el propio hombre. Sin necesidad de efectos especiales ni monstruos de ciencia-ficción. Para generar pánico sólo hay que enfrentar al ser humano consigo mismo, ya sea en una prisión experimental o haciendo que acuda a las salas a ver esta película.

Ficha técnica:

• Título original: Das experiment.
• Director: Oliver Hirschbiegel.
• Guión: Don Bohlinger, Christoph Darnstaedt, Mario Giordano.
• Fotografía: Rainer Klausmann.
• Montaje: Hans Funck.
• Productores: Marc Conrad, Norbert Preuss, Fritz Wildfeuer.
• Producción: Fanes Film/Munich, Typhoon Networks/Huerth, en coproducción con 7 Pictures/Munich, Senator Film Produktion/Berlín.
• Intérpretes: Christian Berkel, Moritz Bleibtreu, Timo Dierkes, Justus von Dohnányi, Maren Eggert, Antoine Monot Jr., Andrea Sawatzki, Edgar Selge, Oliver Stokowski.
• Año de producción: 2000.
• Duración 120 min.
• Formato 35 mm, color.
• Versión original alemana.
• Subtitulada en castellano.
• Participación en festivales internacionales: Montreal 2001, Sitges 2001, Los Angeles 2001, Bergen 2001, Berlín 2002.
• Apoyado por Filmfoerderungsanstalt (FFA), BKM, FilmFernsehFonds Bayern.