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viernes, 6 de enero de 2017

“Filmé a Marulanda en plena guerra”

Recuerdo inédito de Pepe Sánchez sobre su intervención en el filme “Riochiquito”. Sánchez, reconocido director, actor y guionista, murió el pasado 22 de diciembre a los 82 años



Por Roberto Romero Ospina

“Hubo un momento, en medio de la candela, que los franceses quisieron meterse para filmar algunas escenas de guerra siguiendo una trocha, y nos encontramos con Manuel Marulanda diciéndonos: ‘para qué se van a meter por allí, si esos tiros salen de matorrales y no se ve nada y después, si les pasa algo, me los van a cobrar a mí’”. Así inició Pepe Sánchez su relato para una entrevista que solo ahora se conoce.

Fue la primera vez en su largo recorrido de cineasta, actor y director de televisión, que Pepe Sánchez reveló su experiencia como asistente de uno de los documentales históricos de la resistencia campesina que se fraguó en 1964 tras la ofensiva militar a la región de Marquetalia, que desencadenó la guerra de medio siglo con las FARC que ahora está culminando con la paz negociada.


Días antes de cumplirse 50 años de la ofensiva, Pepe Sánchez compartió detalles de su participación en la filmación de Riochiquito. En el Café de la Memoria, envuelto en una gruesa bufanda gris y cachucha de marino, también contó pasajes decisivos de su vida que revelan su compromiso social, que poco o nada reflejan los balances mediáticos que lo enmarcaron como un inofensivo hombre de la farándula.

Sin embargo, él participó en las jornadas estudiantiles del 8 y 9 de junio de 1954 como alumno de Derecho de la Universidad Externado y fue testigo de la matanza estudiantil perpetrada durante el régimen de Rojas Pinilla. Cuando Guillermo León Valencia comenzó a preparar “su ofensiva contra las llamadas repúblicas independientes del sur del Tolima en Marquetalia y Riochiquito, él ya sabía de televisión y cine.

Tanto él como su familia eran amigos del dirigente comunista Diego Montaña Cuéllar, en cuya casa “se hablaba de marxismo y se echaban tragos”. Fue él quien le propuso hacer un documental de esas regiones campesinas. “Diego me dijo que hiciera una lista de lo que se necesitaba. Incluí una cámara, equipos de sonido y luces. Eso quedó en manos del partido, pero el trámite se demoró mucho”, recordó Pepe.

La guerra estalló en Marquetalia en 1964 y el proyecto de Pepe Sánchez tuvo un giro inesperado. “Montaña me llamó a comienzos de 1965 y preguntó si seguía interesado en la idea de filmar. Ante mi respuesta, ‘yo encantado’, me contó que iban a llegar dos cineastas franceses enviados por el documentalista holandés Joris Ivens”, en su momento conocido como el “Holandés errante”.

Los elegidos fueron el camarógrafo Jean Pierre Sargent y el director Bruno Muel. El papel de Pepe Sánchez fue ser consejero y traductor, aunque a veces metía la cucharada dando ideas para el filme. “Duramos diez días en llegar a Riochiquito, a donde se habían desplazado los campesinos de Marquetalia. Allá estaba el Estado Mayor Central de las nacientes guerrillas que se convertirían en las FARC”.

“Pasamos un puesto lleno de militares a quienes mostramos credenciales que había conseguido. Entramos como documentalistas para realizar un supuesto trabajo sobre las aves de la selva y los indígenas paeces, pero en verdad entrevistamos a Jacobo Arenas, quien apareció en la cinta haciendo arengas; a Manuel Marulanda y al joven revolucionario Hernando González, a quien conocía desde mi época universitaria en Bogotá”, contó Pepe Sánchez.

En su memoria quedó la imagen de Manuel Marulanda como “el más callado de todos, de gran sencillez”, y también la referencia del momento de cruzar de nuevo el puesto militar, esta vez a caballo, aprovechando una tregua entre los dos bandos. La filmación se convirtió en un documento histórico sobre la etapa de creación del movimiento de autodefensa campesina y la resistencia de Marquetalia.

“De Marulanda recuerdo su olfato de estratega guerrillero. Un día, antes del alba, comentó seguro: ‘a las 8 desayunamos y de inmediato vamos a las trincheras, pues no demoran en bombardearnos’. Así fue. Todo quedó registrado en las cámaras. Después dijo: ‘Vamos a almorzar, que esos vuelven a las dos’. La andanada de metralla y fuego terminó a las cinco de la tarde”.

En veinte minutos, quedaron para la posteridad escenas de ranchos quemados, vuelos rasantes de la aviación militar, éxodo campesino, arengas de Marulanda o de Jacobo Arenas y decenas de hombres con el fusil al hombro emprendiendo una lucha que marcó medio siglo de historia. Al final del documental, en la banda sonora quedaron retumbando ecos de música indígena.



“El material fue editado en París con locución de Alberto Rojas Puyo. Yo quise filmar más el lado humano de la tragedia, pero los franceses le dieron más fuerza a la parte política”, recalcó Pepe Sánchez, quien después detalló la odisea de la salida. “Fueron quince largos días de marcha. Nos condujo el comandante Hernando González, pero a su regreso se equivocó, tomó la misma trocha y lo emboscaron”.

A Sánchez le tocó subir picos altos del Cauca y descender a las llanuras ardientes del Tolima para ponerse a salvo y resguardar el material fílmico. “Como sabían que habíamos estado con los guerrilleros, la orden militar fue disparar sin contemplaciones. Pasamos días sin alimento, comiendo almendras de monte, hasta que otro grupo nos recibió con provisiones y pudo llevarnos hasta las goteras de Bogotá”.

Los cineastas franceses fueron detenidos a su regreso y en menos de 24 horas expulsados de Colombia. Sánchez quedó a cargo de los rollos y preservó el material, que en menos de dos meses se dio a conocer al mundo. En el filme se ve a Marulanda escribiendo a máquina. Sánchez aportó su evocación: “Escribía todas las mañanas una bitácora de los sucesos, que luego revisaba Jacobo Arenas, quien tachaba algunas cosas”.

Pepe Sánchez nunca apareció en los créditos del documental Riochiquito, lo cual no impidió que lo investigaran. “Me buscaron y el conocido abogado Rafael Poveda, mi apoderado, me aconsejó que me presentara ante el juez Muñoz Martínez, un conservador que hizo especialización en interrogatorios en la España franquista. Fue difícil, pero yo me sentía orgulloso”.

Fue a tres diligencias y en la última se enteró de que las autorizaciones para entrar a la zona habían desaparecido del expediente. “Ante esa circunstancia, Poveda y mi familia me dieron una orden: piérdase de inmediato. Me refugié en Chile, allí pasé cuatro años y trabajé como asistente de Miguel Littin en su  película El Chacal de Nahueltoro. A pocos meses para el golpe de Pinochet, regresé a Colombia”.

Se unió a un grupo de cine político que encabezaba Carlos Álvarez y con él hizo documentales que mostró en barriadas populares, sindicatos y movimientos estudiantiles. A veces lo acompañaron su hermano Carlos Sánchez o su amiga Gabriela Samper. Es decir, Pepe Sánchez fue gestor de una línea de dramaturgia comprometida, con una razón adicional: hace más de medio siglo fue testigo de los orígenes de la guerra en Riochiquito.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cine y revolución: Reds, de Warren Beatty

Sobre el filme "Reds" y el cine estadounidense de izquierda


Por Pepe Gutiérrez-Álvarez*

Los títulos en DVD están siendo asimilados por las revistas de cine como una suerte de estreno suplementario, y la verdad es que nadie puede discutir sus ventajas por más que los veteranos añoremos los tiempos de las salas oscuras. Entre los últimos “grandes estrenos” se encuentra Reds (Rojos)...

Por si alguien no lo sabe, Reds fue una producción financiada -ahí es nada- por la Barclay Mercantile In., y distribuida mundialmente por la Paramount. Su protagonista, Warren Beatty, ejerció igualmente las labores de director, productor y participó en el argumento, guión y diálogo, junto con el comediógrafo británico izquierdista, Trevor Griffiths, que había colaborado en el cine con Ken Loach en su película teóricamente más "trotskista", Fatherland (1986). También tomaron parte, aunque sin aparecer en los títulos de créditos, Elaine May y Robert Towne. La fotografía, de tonalidades oscuras en interiores y anaranjadas en exteriores, estuvo a cargo del prestigioso Vittorio Storaro (Novecento), en tanto que la música la puso Stephen Sodheim con aportaciones adicionales de David Grusin. Fue estrenada en diciembre de 1981 en New York. La parte norteamericana fue rodada en Lincolshire y en Londres, en tanto que la parte rusa se dividió entre Finlandia y España. Aquí, concretamente, el palacio de Riofrío de Segovia sirvió como escenario de los debates del Komintern, mientras que el Alcázar de Sevilla hizo a su vez de fondo para el caótico Congreso Internacional de Bakú. Luego, en las proximidades de Guadix (Granada), en un paisaje que recordaba la estepa rusa, se filmó el asalto de los últimos reductos del ejército blanco contra el tren en el que viajaba Reed, junto algunos de los líderes de la revolución triunfante, hacia Moscú. Otro lugar elegido fue la Estación de las Delicias, que se convirtió en la estación de Moscú, como ya lo había hecho en Doctor Zhivago (David Lean, 1965), el principal antecedente fílmico de Reds.

El guión se apoyaba en los diversos libros del propio Reed y Louise Bryant, y en menor grado en la mejor biografía del primero, la escrita por Robert A. Rosenstone (de la que existe una edición en castellano en ERA, México, 1975, trad. de Juan Tovar), al que Beatty contrató como asesor histórico. En un largo artículo sobre la película escrito a raíz de su estreno, Rosenstone considera que el título resulta "intransigente, temerario, rotundo", muy en línea de Jaw (Tiburón). No obstante, concede que Reds al menos no oculta el "hecho fundamental: esta película trata de personajes radicales y revolucionarios, de personas que no temieron agruparse bajo un nombre desprestigiado en los Estados Unidos, que no temieron llamarse a sí mismos comunistas". Las divergencias con Rosenstone fueron más allá del título, y de hecho, éste apenas sí tuvo que responder a algunas preguntas específicas orientadas a precisar al máximo los detalles cronológicos y la ambientación de algunos acontecimientos, algo sobre lo que Hollywood mantuvo secularmente una proverbial despreocupación que, empero, Reds, desmintió al menos en parte.

martes, 24 de febrero de 2015

Kusturica filmará despedida de Mujica como presidente de Uruguay

El realizador trabaja en un documental sobre la vida del mandatario


El cineasta serbio Emir Kusturica irá a Montevideo, Uruguay, para culminar el rodaje de su documental sobre el presidente saliente de ese país, José "Pepe" Mujica, en el que viene trabajando desde el año pasado.

Kusturica llegará este jueves 26 y permanecerá en Uruguay una semana, según versiones de la prensa local. El viernes se celebrará una despedida popular del mandatario en una céntrica plaza de la capital uruguaya, y el domingo, Mujica traspasará la presidencia a Tabaré Vázquez, ganador de las elecciones de noviembre.

El documental de Kusturica, dos veces ganador de la Palma de Oro en Cannes por "Papá está en viaje de negocios" y "Underground", se llamará "El presidente de la gente" o "El presidente de todos" y será un resumen de numerosas conversaciones entre el cineasta y el político que gobernó Uruguay desde el 2010.

La película repasará la vida de Mujica, incluyendo la época de guerrillero tupamaro en la década de 1960, los años de cárcel y la actividad política como militante, legislador, ministro y presidente del país.

El filme cuenta con apoyo financiero de productores de Argentina, Brasil y Uruguay, con base en una idea original de Kusturica y tres productores uruguayos.

El último trabajo del realizador y músico serbio es el documental "Maradona by Kusturica", sobre el futbolista argentino Diego Armando Maradona.

DPA/Cubadebate

martes, 12 de agosto de 2014

Artistas se pronuncian contra agresión israelí contra Gaza

Destacadas personalidades del mundo de la cultura española declararon su indignación por el genocidio que está perpetrando el ejército israelí en la Franja de Gaza contra el pueblo palestino.

A continuación el texto íntegro:

El detonante de la violencia es la ocupación israelí

Israel sigue avanzando e invadiendo territorios de los palestinos en lugar de replegarse a las fronteras del 67. Humilla, detiene y pisotea a diario los derechos de la población palestina de toda Cisjordania, ocasionando también muchas muertes. Hay bloqueo en ciudades como Nablus y Hebrón desde hace muchos años con frecuentes incursiones del ejercito por las noches. Gaza vive el horror estos días, asediada y atacada por tierra, mar y aire.

A los palestinos se les derriban casas, se les niega el agua, la luz, el paso a los hospitales, a las escuelas, a los huertos… mientras la Comunidad Internacional lo permite.

Israel es el país que más incumple las resoluciones de la ONU y que menos respeta los derechos humanos, es un país ocupante que ejerce prácticas de terrorismo de Estado.

-Instamos al Gobierno de España y a la UE a que condenen los bombardeos por tierra, mar y aire contra la población civil palestina en la franja de Gaza.

-Exigimos un alto el fuego inmediato.

-Levantar el bloqueo que sufre la franja de Gaza desde más de una década.

-Abrir los pasos fronterizos para facilitar la movilidad de la población, la entrada de equipos médicos, medicamentos, alimentos…

-La reparación de los daños causados por los ataques israelíes a nivel físico, moral, psicológico que está sufriendo la población civil de Gaza, y en especial a la población infantil.

-Abrir la vía del diálogo entre los palestinos e israelíes para alcanzar la paz, justa y duradera como solución al conflicto.

Los firmantes estamos en contra del uso de la violencia de todas las partes y pedimos a nuestro gobierno llamar a consultas al embajador español en Israel hasta que se detenga la ofensiva criminal hacia Palestina, como prueba contundente del rechazo que sentimos por las acciones sin calificar del ejército israelí, y que se facilite el trabajo de los informadores internacionales desplazados estos días en toda la zona.

Madrid, 28 de julio de 2014

Firmado:

Penélope Cruz, Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Rosa Mª Sardá, Emilio Gutiérrez Caba, Lola Herrera, Amaral (Juan Aguirre y Eva Amaral), Eduardo Noriega, Lydia Cacho, Montxo Armendariz, Fernando Colomo, Verónica Forqué, Benito Zambrano, Pilar Bardem, Unax Ugalde, Eduard Fernández, Goya Toledo, Antonio de la Torre, Juan Diego Botto, Mónica Cruz, Luisa Martín, Mercedes Sampietro, Juanjo Puigcorbé, Chus Gutierrez, Fran Perea, Charo López, Alberto Ammann, Silvia Abascal, Olga Rodriguez, Olga Lucas ( Viuda de José Luis Sampredo), Lola Marceli, Carlos Bardem, Alberto San Juan, Moncho Borrajo, Javier Fesser, Carlos Cahouen, Javier Ruibal, Carlos Iglesias, Natalia Dicenta, Sergio Peris–Mencheta, Silvia Marsó, Mariano Venancio, Nacho Campillo, Enrique Simón, Guillermo Fesser, Marta Nebot, Amistades Peligrosas (Cristina del Valle y Manu Garzón), Itziar Miranda, Paca Gabaldón, Miguel Bardem, Ana Labordeta, Fermín Cabal, Manu Baqueiro, Beatriz Bergamín, Mercedes Ferrer, Carmen París, Felipe Vara, Lorena Bayonas Juan Millares, Luz Olier, Cecilia Gessa, Yoima Valdés, Juan Calot, Enric Majó, Carlos Castel, Luz Darriba, Alexandra Fierro, Juan Bardem, Carlos Olalla, Amparo Climent, Eduardo Jover, Héctor Melgares, Marwuan Abu Tahoun, Rocío Paso Jardiel, Virginia Yagüe, Manuel Huerga, María Bardem, Juanjo Cucalón, Nando González, Juan Carlos Vellido, Luis Farnox, Lucía Álvarez, Alma Sanz, José Antonio Sayagués, Mercè Estrada, Toli Morilla, Angel Petisme, Cristina Nerea, Manuel Brun, Claudio Sierra, María Ruíz, Antonio de la Fuente Arjona, Iosu López, Ismael Sánchez Rodríguez, Pizca Gutiérrez, Maurilio de Miguel, Esther García, Puy Oria, Isabel María Pérez, Armando Soria, Sandra Collantes, Claudio H. Musicas, Fernando Íñiguez, Joaquín Baldín, Asunción Martín, Ramiro Duce, Estela de María, Helena Villar, Manuel Ruano, Mayte Franco, Margo Mareo, Esther Gracia, Fermín de Ayarra, Mariano Aguado, Carmen García, José Antonio Marín, Pablo Madrid, Julián García, Julia León, Ángeles Cabeza, Carmen Peire, José Manuel Galán, Cristina López, Ticiana Ghiglione, Sergio Gálvez, Abigail Horro, Isabel Ruíz, Amanda Rodríguez, Nazaret Jimenez, Bienvenido Carrasco, Pilar Ordoñez... (siguen firmas)

jueves, 13 de febrero de 2014

Oso de Oro a carrera de Ken Loach

El director británico y maestro del cine social, Ken Loach, recibió un tributo en el marco del 64º Festival de Berlín, donde se le entregó un Oso de Oro honorario a la carrera.


El homenaje estuvo acompañado por una retrospectiva selecta de su obra -siempre presente de la Berlinale-, así como una clase magistral en el teatro Hebbel para jóvenes participantes del Talent Campus y un debate en la sede de la Cinemateca Alemana en la Filmhaus de Potsdamer Platz.

Loach, de 77 años de edad y con 50 de carrera, siempre afrontó temas de actualidad, como la desocupación, el ocaso de los sindicatos, la globalización y la injusticia social.

También su cine se destaca por recordar momentos señeros de la historia, por ejemplo la guerra civil en Irlanda o en España, o la asistencia social gratuita creada por los laboristas británicos después de la Segunda Guerra Mundial y destruida por Margaret Thatcher 40 años más tarde.

Ése fue justamente el tema de Loach en su último paso por la Berlinale, el documental “The Spirit of ’45″, que no figura entre las 10 películas de la Retrospectiva. Entre los filmes seleccionados para la ocasión se encuentran “Cathy Come Home” de 1966, “Kes” de 1969 y “Looking for Eric” de 2009, así como “Raining Stones” de 1993, “Ladybird Ladybird” de 1994, “Land and Freedom” de 1995 y “My Name is Joe” de 1998.

“Ken Loach es uno de los grandes directores europeos que ha demostrado una extraordinaria continuidad durante casi 50 años, aunque siempre se ha mantenido innovador”, declaró el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, quien le entregó el premio. “Loach ha expresado su profundo interés por la crítica social, usando diferentes técnicas y lenguajes cinematográficos que van del documental a la ficción para contar la vida cotidiana de los humildes y los desvalidos”, prosiguió Kosslick.

Y agregó: “Hoy rendimos homenaje a Ken Loach como director y como hombre que ha sabido reflejar las diversas injusticias sociales en sus películas, hechas a menudo con humor”.

ANSA

jueves, 12 de diciembre de 2013

Oliver Stone se reúne con Maduro recordando a Chávez

El cineasta se encuentra en Caracas promocionando su nueva serie de televisión


El director de cine estadounidense Oliver Stone se reunió este jueves en Caracas con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en una cita marcada por el recuerdo del fallecido mandatario Hugo Chávez, con quien el cineasta supo mantener una estrecha relación.

Stone, que se encuentra promocionando su nueva serie de televisión, “La historia no contada de Estados Unidos”, fue recibido en el gubernamental Palacio de Miraflores por Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Maduro ofició de guía de Stone a lo largo de un recorrido por Miraflores que se concentró en el despacho donde Chávez dio su último discurso público meses antes de morir de cáncer.

Con la ayuda de una traductora, el mandatario relató a Stone los detalles de ese discurso, en el que Chávez por primera vez se abrió a la posibilidad de que el cáncer que padecía le dejara inhabilitado para seguir gobernando.

El director de películas como “JFK” le regaló a Maduro una copia de “La historia no contada de Estados Unidos” y un afiche de la serie con un autógrafo suyo.

Stone conoció a Chávez en diciembre del 2007 y le eligió como protagonista de su documental “South of the Border”, en el que se exploran las políticas y los cambios sociales de América del Sur.

El documental hace un retrato político y humano muy favorecedor de Chávez e incluye testimonios de los presidentes de Brasil, Bolivia, Argentina, Ecuador, Paraguay y Cuba.

Tras la muerte de Chávez, el pasado 5 de marzo, el director dijo que lloraba la pérdida de “un gran héroe para la mayoría de su gente y los que sufren por encontrar su lugar en el mundo”.

“Odiado por las clases dominantes, Chávez vivirá para siempre en la Historia. Mi amigo, descansa finalmente en una paz ganada desde hace mucho tiempo”, afirmó en esa oportunidad.

EFE

sábado, 19 de octubre de 2013

Oliver Stone destaca rol de Cristina Fernández en "la nueva Suramérica"

El afamado director, quien ha criticado a través de sus películas a los sectores financieros de Wall Street y a los medios de comunicación por estimular la violencia en la sociedad, advirtió que Argentina "nunca debe volver al pasado, ni a los gobiernos militares”.


Por Telesur

El director y documentalista estadounidense Oliver Stone afirmó en una entrevista publicada este sábado que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, es parte fundamental en la nueva Suramérica en la que priva la integración y el respeto a los derechos del pueblo.

En una entrevista publicada este sábado por el diario Tiempo Argentino, el director de Al Sur de las Frontera admitió haber quedado "muy impresionado con Néstor (Kirchner) y Cristina", y que tras su encuentro "me dí cuenta que hablaba con grandes líderes".

"Sé que hay divisiones en Argentina, pero Cristina tiene mi apoyo porque es parte fundacional de esta nueva Suramérica, de este espíritu nuevo que por suerte maneja los destinos de su región", afirmó el ganador de cuatro premios Oscar.

El afamado director, quien ha criticado a través de sus películas a los sectores financieros de Wall Street y a los medios de comunicación por estimular la violencia en la sociedad, advirtió que Argentina "nunca debe volver al pasado, ni a los gobiernos militares ni a los corruptos, ni al dominio de Estados Unidos (EE.UU.) de sus economías".

"No vuelvan a meter a EE.UU. a revisar sus cuentas bancarias. Deben mantenerse independientes", dijo el cineasta en apoyo a las políticas del Gobierno nacional que permitieron saldar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y ahora espera que la justicia de EE.UU. falle a favor de la apelación contra los fondos buitre.

En la entrevista, Oliver Stone reafirmó sus críticas contra EE.UU. señalando que el problema es "demasiado poder y arrogancia", a la vez que definió a su país como "un imperio en expansión" y advirtió que "el peligro es que normalmente traen consigo la tiranía".

Por último, Stone, cuyo documental Al Sur de la Frontera (2009) cuestionó la imagen que los medios privados querían impartir de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, lamentó que Venezuela sea uno de los principales objetivos de los medios de comunicación y del Gobierno estadounidense.

jueves, 8 de agosto de 2013

Kusturica filmará un documental sobre "Pepe" Mujica

El filme del cineasta serbio se titulará "El presidente de la gente"


El reconocido director de cine y músico serbio Emir Kusturica realizará un documental cinematográfico sobre la vida del presidente uruguayo, José "Pepe" Mujica, exguerrillero tupamaro de 78 años.

El proyecto se titularía "El presidente de la gente" y tendrá un presupuesto de tres millones de dólares, según el Ministerio de Transporte y Obras Públicas de Uruguay, que encabezó las gestiones. 

El acuerdo con el cineasta se cerró la semana pasada en Bélgica, donde Kusturica se reunió con asesores de Enrique Pintado (el ministro de Transporte y Obras Públicas), que conocían el interés del director por la figura de Mujica, aunque las gestiones comenzaron hace nueve meses por iniciativa del cineasta. Sin embargo, la película no recibirá apoyo económico del Estado uruguayo, sino que será financiada por particulares uruguayos, brasileños y argentinos.

El proyecto no contará con imágenes de ficción, sino que utilizará imágenes de archivo y diversas entrevistas entre el director y el presidente de Uruguay, que se producirán en diciembre próximo.

Se calcula que la fecha del estreno del documental sea en diciembre del 2014, momento en el que ya se conocerá el sucesor de Mujica al frente de la Presidencia uruguaya, ya que las elecciones presidenciales se realizarán un mes antes.

José "Pepe" Mujica, líder del gobernante Frente Amplio (izquierda), es conocido por su estilo de vida austero, lo que ha llevado a que algunos medios internacionales se refieran a él como el presidente "más pobre del mundo".

Mujica pasó varios años en prisión, la mayoría de ellos durante la dictadura (1973-1985). Vive actualmente en una humilde granja a las afueras de Montevideo junto a su esposa, la senadora Lucía Topolansky.

El gobernante dona cerca del 90% de su sueldo de 12.000 dólares mensuales (es decir, unos 9.300 dólares), a la construcción de viviendas sociales.

Emir Kusturica, de 58 años, ha dirigido, entre otros trabajos, a "Maradona por Kusturica" (2008), un documental sobre la estrella argentina de fútbol, y las películas "Prométeme" (2007), "Underground" (1995) y "En Tiempo de los Gitanos" (1989).

Por este último filme recibió el premio al mejor director del festival de cine de Cannes, cuatro años después de que otra de sus películas, "Papá está en viaje de negocios" (1985), se alzara con la Palma de Oro.

lunes, 26 de marzo de 2012

Cine británico sobre la época thatcherista

Todoporhacer.org

“¿Qué está haciendo Dios? Se lleva a John Lennon, se lleva a esos tres muchachos en Ainsley Pit y está pensando en llevarse a mi padre… ¿¡y la puta Margaret Thatcher vive!? ¿a qué está jugando?” – Phil, en Tocando al Viento (1996).

La década de 1980 fue una época muy jodida para pertenecer a la working class en el Reino Unido o en Estados Unidos, con Margaret Thatcher y Ronald Reagan llevando a cabo los ataques más viscerales de la historia (por ahora) contra los servicios sociales públicos. Si este Estado del bienestar es una conquista obrera o si se trata más bien de una serie de concesiones de la clase dirigente para calmar a las masas descontentas es un debate en el que no queremos entrar ahora; lo que queremos señalar es que la desaparición de las coberturas sociales, la destrucción de miles de empleos y la progresiva precarización de las vidas de quienes estaban en las filas de la clase obrera del momento marcó una época de miseria, desesperación y dolor, pero también de concienciación, movilizaciones, hermanamientos e ingenio para escapar de estas situaciones.

El cine realista social británico ha conseguido, de manera más que exitosa, retratar todos estos sentimientos y situaciones a través de la estética realista y la recreación – de forma comprometida – de historias a partir de lo cotidiano. Decía Leonardo Da Vinci en el siglo XV que “en cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia” y no podemos más que darle la razón al reconocer que es esto lo que sentimos cuando nos encontramos ante este movimiento cinematográfico cuya emulación no se ha podido llevar a cabo en España ni en ningún otro país de la misma forma.

El mayor representante de esta corriente es Ken Loach, director de Riff-raff (1990), cinta que retrata la vida de un trabajador escocés que trabaja de forma precaria (tanto es así que necesita okupar un apartamento vacío para tener una vivienda propia) para una constructora en Londres que, con tal de ahorrar costes, no pone todas las medidas de seguridad oportunas para garantizar la seguridad de sus empleados, al igual que ocurre con los trabajadores ferroviarios en su filme La Cuadrilla (2001). En Lloviendo Piedras (1993) retrata el drama del paro a través de la figura de un padre de familia cuarentón del norte de Inglaterra que hará lo que sea para comprar un vestido de comunión para su hija. Otros de los títulos vinculados a la temática de esta época que firma son La Canción de Carla (1996), Mi nombre es Joe (1998), Felices dieciséis (2002) y Buscando a Eric (2009). Todas sus películas se ruedan de forma natural, sin grandes recursos audiovisuales ni dramatismos más allá de las propias tragedias que viven sus personajes. Los obreros que aparecen no son grandes héroes a mitificar ni personas especialmente comprometidas (de hecho, una escena específica de Riff-raff puede herir la sensibilidad de aquéllos que reivindican los derechos de los animales); son gente normal y corriente, son las víctimas de las políticas neoliberales que se implementaron en su tiempo.

The Full Monty (Peter Canatteo, 1997) es una divertida comedia que relata la historia de seis obreros poco atractivos que deciden convertirse en strippers para ganar algo de dinero tras una ola de despidos en Sheffield (Inglaterra), una ciudad tradicionalmente vinculada con el sector de la metalurgia.

Otra película rodada en clave de comedia, aunque con algunos momentos realmente dramáticos, es Tocando el Viento (Mark Herman, 1996). En ella, una banda de música compuesta por mineros del norte de Inglaterra durante el gobierno de Thatcher sigue ensayando mientras, a su vez, se enfrentan al posible cierre de la mina, lo que supondría la pérdida de sus puestos de trabajo y la desaparición de dicha banda, una institución local con más de un siglo de historia.

Como otro filme sobre mineros podríamos citar Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). La historia principal gira en torno a un niño de 11 años que quiere ser un bailarín de ballet profesional y cómo esto complica la relación con su padre. Sin embargo, como telón de fondo, se encuentran las profundas dificultades que tiene que atravesar la familia, en la que todos los varones trabajan como mineros durante las huelgas del sector en la década de los 80. Mientras duran las huelgas, los mineros sobreviven como pueden durante semanas sin ingreso alguno y siendo apaleados por policías.

Por último, nos despedimos con una breve mención de This is England (Shane Meadows, 2006), un drama centrado en un grupo de skinheads en 1983. Refleja cómo el movimiento skinhead original fue infiltrado por organizaciones asociadas al nacionalismo blanco en algunos barrios obreros gracias a su ataque populista contra la guerra de las Malvinas y a su xenófobo discurso antiinmigración. Lo mejor: su banda sonora.

sábado, 3 de marzo de 2012

W. O Dios bendiga a Oliver Stone

Por Cartelera DVD

Hay quien la ha calificado como parodia. Podría serlo por la musicalización con la bellísima melodía
A Wonderful World, o las escenas en un campo de beisbol, deporte tan apreciado en el cine y el sutil gusto "de los americanos", como les cantó Alberto Cortés.

Pero la personificación de Condoleeza Rice, Tony Blair los Bush, padre e hijos, George y Jeb, el militar Colin Powell y otros actores de la peor ralea, del fanatismo y la sumisión al dinero y al poder de la clase política republicana de los Estados Unidos, hacen que las pinceladas de humor solo maticen un poco el intenso drama que se desarrolla en pantalla y que no es sino un pálido reflejo de más de un millón de muertos y mutilados en una guerra que todo un planeta quiso evitar, sin éxito alguno.

Alguien que no alcanzó a ser personificado fue el enano José María Aznar, quizá porque Stone no alcanzó a conocer los daños que le ha causado a México como gestor de las empresas que construyen macrovías en lugar de trenes elevados u otras soluciones socialmente responsables. No es una anotación gratuita, si lo tenemos aquí es porque sus juegos de guerra no le sirvieron siquiera para obtener los contratos de reconstrucción que pretendía, luego de avalar los bombardeos sobre Irak.


Como en JFK, Oliver Stone (además de renovar su gusto por los nombres sintéticos) hace una dramatización de hechos reales para documentar uno de los pasajes más dramáticos del Siglo XXI. Para hacernos mostrar su repudio a uno de los peores presidentes en la historia del planeta, lo más que hace es mostrarlo comiendo con gran ansiedad y hablando con la boca llena, lo que de paso justifica la anécdota rigurosamente cierta del desmayo que sufrió George W. cuando se le atoró un pretzel por gritar durante un encuentro deportivo que presenciaba por televisión.

Excelentemente caracterizada por Josh Brolin, quien solo ganó un modesto premio en Hollywood, la película fue terriblemente subestimada, está pésimamente calificada por los usuarios de la base de datos de Internet Movies, donde apenas superaba el seis a dos años de su estreno.

Con todo, ante la repetición de las estrategias propagandísticas republicanas, ahora con el pretexto del peligro nuclear iraní, la película W se vuelve de revisión obligada no solo para los cinéfilos, sino para los políticos, los analistas, los pacifistas, los estudiantes de sicología, los dirigentes de alcohólicos anónimos, los internacionalistas y en fin, para todo ser humano interesado en que un puñado de imbéciles que hablan inglés, hebreo o parsi decidan por toda la humanidad.

La discriminación que sufrió W por la Academia, por los críticos y por los propios cinéfilos, los premios que se le negaron no deben hacernos prescindir de una revisión crítica e incluso como arma de contrapropaganda ante los juegos de guerra que al iniciar 2012 se han estado intensificando.

Un tratado de desarme nuclear en el oriente, cuna del paraíso, según los estudios rabínicos que lo colocan entre dos ríos, el Tigris y el Eufrates puede ser una solución, escalar las tensiones, el inicio de la tercera y última guerra mundial.

Por eso, más alla de su calidad cinematográfica o de los recursos dramáticos que haya empleado Oliver Stone para tratar de explicarse porque la inútil guerra con Irak, como el de W, tratando de superar lo que el padre no se atrevió a hacer en la guerra del golfo, es una cinta imprescindible.

Ni por sus premios, ni por la calificación de los cinéfilos, W pasará a la historia cinematográfica, pero por el hecho de haberla realizado, Oliver Stone merece el mejor de los galardones: Que Dios lo bendiga.

Tomado de: www.carteleradvd.blogspot.com

martes, 31 de enero de 2012

Falleció Antxón Eceiza, cineasta comunista vasco

El director Antxon Eceiza, histórico del cine vasco, ha fallecido el 16 de noviembre pasado en su San Sebastián natal a los 76 años después de una larga enfermedad. Comenzó rodando documentales junto a Elías Querejeta, hasta que el exilio en México por motivos políticos partió su carrera cinematográfica. Autor de entre otros largometrajes 'El próximo otoño' (1967), 'Las secretas intenciones' (1969) y 'Días de humo' (1989), Eceiza produjo una serie de filmes bautizados Ikuska, con los que se pretendía cubrir la formación de técnicos y la realización de cine en euskera.

El realizador donostiarra recibió en 2003 el premio Ama Lur el día que el Festival de San Sebastián dedica al cine vasco. Llevaba inactivo desde hacía casi una década, cuando estrenó la apenas vista ‘Felicidades Tovarich’ (1995), con Francisco Rabal y Ruth Gabriel. En una entrevista a El Correo, reconocía entonces que, en materia de cine, el País Vasco era "el Tercer Mundo". "Hace treinta años pedí que se oyesen todas las voces, que no se limitara el cine vasco al rodado en euskera o al hecho por productoras vascas".

Eceiza confesaba haber llevado una existencia plena dedicada a las películas: "No sé si he tenido logros artísticos, pero sí una vida interesante en la que he cobrado por hacer lo que me gustaba". Y retaba a las productoras, que nunca más le dieron trabajo: "Estoy a su disposición. Sigo libre, fuerte y joven".

Fuente: http://euskalherriasozialista.blogspot.com

sábado, 14 de enero de 2012

Milk: una lección política

Jordi Costa
El País

La carrera política de Harvey Bernard Milk, concejal del Ayuntamiento de San Francisco entre el 8 de enero y el 27 de noviembre de 1978 (la fecha de su asesinato), fue tan breve como inabarcables resultan los ecos de su legado en la historia del activismo gay: primer político americano abiertamente homosexual, Milk ha inspirado un musical, una ópera y una biografía de referencia -The Mayor of Castro Street, de Randy Shilts- que sirvieron de punto de partida a un documental oscarizado -The Times of Harvey Milk (1984), de Rob Epstein y Richard Schmiechen- y que ya había sido tanteada por Gus Van Sant para una posible adaptación cinematográfica que no vio la luz.

Las diferencias entre esa película nonata y la que ha acabado realizando el mismo director con la complicidad del aquí guionista Dustin Lance Black -y, a su vez, cineasta claramente comprometido con la causa gay- y de un Sean Penn con lujuria de Oscar pertenecen al terreno de la conjetura: quizá podría haber sido una película más agresiva, airada o radical, pero la sombra de esas posibilidades no debería difuminar los méritos de Mi nombre es Harvey Milk, un trabajo que extrae su fuerza precisamente de su capacidad de doblegarse a la convención para lograr sus propósitos. En cierto sentido, Gus Van Sant actúa como el Harvey Milk que utilizó su corte de pelo y su indumentaria -un espejismo de orden- como arma política orientada a captar la benevolencia del votante.

Capaz de desconcertar a los más firmes creyentes en su integridad indie con dos desalentadores ejercicios de estilo mainstream -El indomable Will Hunting (1997) y Descubriendo a Forrester (2000)-, Gus Van Sant llevaba cuatro películas indagando en la esquiva caligrafía de la violencia, la destrucción, el azar y sus derivas en una marcada clave autoral -Gerry (2002), Elephant (2003), Last Days (2005) y Paranoid Park (2007)-, antes de afrontar este nuevo cambio de registro en dirección al gran público. Tenía este crítico la impresión, probablemente equivocada, de que tanto en esas excursiones mainstream como en su reciente ensimismamiento artie, Gus Van Sant no dejaba de ser un maestro de la impostura.

Mi nombre es Harvey Milk revela otra cosa: al poseedor de una autoría líquida capaz de cambiar de piel y estilo según las exigencias del proyecto que tiene entre manos. En este caso, la vida de Harvey Milk parece estar tan cerca de las propias convicciones personales del cineasta, que el lenguaje conservador -el del biopic oscarizable- se revela como la mejor opción posible para que el proyecto alcance toda su funcionalidad política.

Explotando las posibilidades didácticas del género en el que se inscribe, Mi nombre es Harvey Milk consigue hacer transparente y comprensible un proceso sumamente complicado: la articulación de una reivindicación política en el tejido de una ciudad a partir de la apropiación comunitaria de uno de sus barrios, el trenzado progresivo de un lobby de influencia y la racional infiltración en sus órganos de poder. La película es mucho más que la hagiografía de un activista gay: es toda una lección de política americana y, al mismo tiempo, la crónica de un civilizado juego de estrategia ciudadana cuya meta final es la conquista de libertades colectivas.

Para J. Hoberman, crítico del Village Voice, es la primera película americana abiertamente obamista: una Vida Ejemplar trazada con los colores de la esperanza y que no hurga en las turbulencias políticas que siguieron al asesinato de Milk y el alcalde George Moscone a manos del exconcejal Dan White. Sean Penn ofrece un intenso recital de contención en la piel de este mártir ciudadano que, pese a su temperamento discreto, supo entender que la política de su país tenía una de sus claves en el sentido del espectáculo.

sábado, 7 de enero de 2012

El conflicto social y la huelga en el cine

Por Samuel García Arencibia

Últimamente he visto dos películas que me han devuelto a la emoción y la admiración por las viejas luchas de nuestros padres, abuelos y antecesores. En ellas, los trabajadores se atreven, en unas sociedades más precarias que las nuestras, a luchar contra la clase opresora sin otras armas que su unión y su sacrificio, para mejorar sus condiciones de vida. Ese cine puede estimular la conciencia y la actitud de lucha social en estos momentos de derrotismo. Aunque sólo sea una aficionado al cine y no vaya a comentar mucho de esas películas me pareció una buena idea escribir esta entrada sobre películas, ya que hace mucho tiempo que no escribo sobre cine. Serían estupendas las invitaciones a otras películas que pudieran hacer en los comentarios.

La primera película fue "La sal de la tierra" de 1955. En ella unos mineros de Nuevo México se enfrentan a sus patrones por sus condiciones de trabajo. Lo más hermoso de la película es la alianza entre la lucha de clases y la lucha de géneros, pues las mujeres cobran protagonismo en la lucha de todos contra la pobreza a la que son sometidos.

La segunda película reciente que vi fue "Los compañeros" de Monicelli de 1963. En este caso los trabajadores de una fábrica también reivindican desde su fábrica, hacen huelga por las condiciones de trabajo. Es una comedia, pero permite también aproximarse a la realidad cruda de una huelga. Se ve el autoritarismo con el que el Estado ayuda a las clases propietarias.

Mientras me animaba a escribir este artículo busqué en mi memoria otras películas. Se me vinieron a la cabeza algunas. No sé si las recordaré ahora todas.

Recuerdo con especial cariño una de Ken Loach, "Pan y rosas". Con ella lloré de emoción. La acción ocurría en el tiempo presente, en los Estados Unidos con unos sindicatos históricamente exhaustos en un país donde nunca hubo una afiliación fuerte. Hace tiempo desde que la vi, quizá debiera volver a verla, pero la recuerdo con nostalgia. Hay una mezcla de romanticismo y lucha social, inmigración ilegal.

También hace tiempo, vi "Germinal", de Jean Claude Berri, basada en la novela, también leída, de Emile Zola. Igualmente hay romanticismo, una historia de amor platónico del foráneo con experiencia socialista que llega a una mina donde hay una incipiente organización sindical y una mujer que se ve obligada a convivir con el trabajador esquirol y machista, típico en esas comunidades obreras. Ocurre en una mina francesa.

"La madre" de Pudovkin es del mismo modo una adaptación de una novela, de Gorki. En este caso, la novela me encantó y la película me pareció una adaptación alejada del centro de interés del autor de la novela. Otra película soviética sobre el tema es precisamente "La huelga" de Eisenstein. De cine mudo las dos, ambas narran sucesos de la Rusia zarista.

Excepto, "Pan y rosas" todas son películas basadas en los momentos de crecimiento o consolidación del movimiento obrero. Excepto esta y un poco "Germinal", todas son películas con varias décadas. Parece que el cine social (que atiende la cuestión social) o socialista (que pretende contribuir al progreso socialista) han disminuido en paralelo con las renuncias sociales a la ofensiva y defensiva de los valores de igualdad y fraternidad (o a la libertad de las clases dominadas sobre las clases dominantes). Hay maravillosas excepciones (Loach, Gavras, Tavernier, De León y Aranoa, Mañas), pero la clase dominada, en proceso de debilitación sin tocar fondo, no tiene mucha capacidad de hacer cine social y socialista en la cantidad y calidad de las generaciones anteriores, como las generaciones actuales no tiene ni la conciencia ni la organización para mantener el pulso de la lucha histórica de clases.

miércoles, 4 de enero de 2012

Bowling for Columbine: Un país en armas

Aclamado documental de Michael Moore que aborda el tema del alma violenta de los Estados Unidos. ¿Por qué 11.000 personas mueren cada año en ese país víctimas de las armas de fuego? La televisión le echa la culpa a todo, desde Satán a los videojuegos. Pero ¿es tan diferente Estados Unidos de otros países? ¿Qué es lo que le diferencia de otros? ¿Por qué Estados Unidos se ha convertido en autor y víctima de tanta violencia?

"Bowling for Columbine" no es una película sobre el control de la venta de armas, es una película sobre el asustado corazón de Estados Unidos y los 280 millones de estadounidenses felices de tener el derecho de poseer un arma constitucionalmente protegida.

Fragmento del documental en el que se cuenta la historia de los Estados Unidos desde la perspectiva del uso de las armas de fuego.

En este incisivo -cómico y trágico por al mismo tiempo- estudio de la violencia -y su directa relación con las armas de fuego- aparecen numerosas personalidades como Charlon Heston, George W. Bush y Marilyn Manson, entre otros.

Ganó numerosos premios a mejor documental -entre los que destacan los prestigiosos National Board Of Review y el Chicago Film Critics Awards-, así como el premio a la mejor película extranjera -compitiendo con largometrajes- en los César de la Academia Francesa de Cine.

martes, 22 de noviembre de 2011

Oliver Stone asegura que en Estados Unidos no hay democracia

El cineasta estadounidense afirmó que Estados Unidos (EE. UU.) no vive en democracia. Denunció el sistema financiero de Wall Street y la actitud bélica de Washington.

Por Telesur

En una conferencia ofrecida desde Argelia, Stone consideró que los indignados estadounidenses deberían desplazar su movimiento de protesta contra las altas finanzas "a Washington y no Nueva York, para tener mayor impacto".

El director indicó que si esto sucede, las presiones sobre los políticos para sanear el sistema financiero serán eficaces.

Stone se manifestó "consternado de ver cómo el dinero es venerado por los estadounidenses" y por los efectos de la crisis.

Señaló que el sistema imperante en EE. UU. es "no democrático", incluso después de la llegada a la presidencia de Barack Obama, en 2008.

Stone expresó que la clase media del país "es la primera víctima" de la forma de gobierno estadounidense.

Al ser consultado sobre la alianza entre la Casa Blanca y Tel Aviv, el realizador afirmó que en su país "no se puede hablar de ello", porque el poder imperante, la prensa y el lobby no permiten que los hechos y la verdad salgan a luz.

Stone alertó que "los estadounidenses no están tan interesados en los problemas del extranjero" y "no tienen empatía por ellos".

Con una larga trayectoria, el cineasta de 65 años ha ganado tres premios Oscar y cinco Globos de Oro.

Entre sus películas más importantes se encuentran Platoon, Wall Street, Nacido el 4 de julio, JFK, Comandante y Looking for Fidel, documentales sobre el líder revolucionario cubano, y Al sur de la frontera, sobre los actuales presidentes latinoamericanos y los procesos políticos y sociales que vive el continente.

En la exitosa obra Wall Street se reveló el colapso del capitalismo que se vive en la actualidad financiera del mundo.

El cineasta aclaró que su principal objetivo fue contar una historia entretenida, y según Stone, la manipulación financiera en la bolsa de Estados Unidos es una de las cosas más difíciles de mostrar.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Wall Street, de Oliver Stone (1987)

Por Marco Antonio Moreno
Ojo con el cine


Esta película es una de las muestras más descarnadas de nuestra histora reciente. Si Oliver Stone con Pelotón dio cuenta del genocidio y la masacre vietnamita, con Wall Street muestra el mundo que se cocinaba en el corazón de las Twin Towers y bajo las narices del imperio financiero que veinte años más tarde terminaría por reventar esparciendo sus esquirlas a todo el planeta.

La decadencia del imperio estadounidense no pasa por el desplome de las Twin Towers (en este filme tenemos siete planos memorables de las torres gemelas), ni por la caída del Muro de Berlín... Como muestra Stone, el germen de la putrefacción venía incubándose de mucho antes. La caída del muro y de las Twin Towers solo aceleraron la debacle de la hegemonía estadounidense.

El relato que nos muestra Stone es sangriento, aunque no haya sangre. Los personajes están insatisfechos, enfermos, estressados, con deudas, cuentas pendientes y su única razón de ser es la esperanza de que el próximo negocio arroje suculentas ganancias. Los mueve la ambición y el egoísmo, la busqueda del dinero fácil, vía trampas, desmesura, uso de información privilegiada, chantajes... todo aquello que Mandeville o Smith intentaron demostrar y sobre lo cual construyeron sus dogmas.

Bud Fox, el protagonista, es uno de estos seres. Vive de prestado y su sueño es conocer a Gordon Gekko, suerte de gurú financiero que en pocos años ha amasado una enorme fortuna. La filosofía de Gekko se resume en las enseñanzas de El arte de le guerra de Sun Tsu y la agresividad y prepotencia en los negocios: levanta o envía a la quiebra a empresas por el mero recurso del spread, o diferencial de ganancia. Bud Fox no sabe que será una víctima más de los tentáculos de Gekko y que caer en esas redes puede ser mortal.

El filme posee una dinámica implacable y la música de Stewart Copeland (ex The Police) aporta las pinceladas precisas a ese oscilar entre el delirio y la frustración. Algunas memorables perlas de la banda sonora: Frank Sinatra cantando Flying to The Moon, en los créditos iniciales, y Brian Eno y David Byrne con Americam is Waiting, dos de los temas centrales que dan intensidad a este filme-radiografía sobre la génesis de la codicia, la ambición y la cultura del saqueo moderno. Imperdible.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vietnam: Entre el cielo y la tierra

Por spaulding's blog
spauld.blogspot.com


Con El Cielo y La Tierra, Oliver Stone cerró la trilogía sobre el Vietnam iniciada con Platoon y continuada con Nacido el 4 de Julio. Dos espléndidos títulos que han marcado la filmografía del cineasta y que, por derecho propio, han pasado a ocupar un merecido puesto en la historia del cine. Pero con El Cielo y la Tierra, su última entrega, no consiguió el reconocimiento que esperaba.

En esa ocasión, Stone dejó a un lado el punto de vista habitual de los combatientes norteamericanos para centrar la visión de la guerra desde la parte oriental, plasmando así en pantalla las penurias sufridas por una joven vietnamita a la que, a su vez, convertía en narradora del filme. Vecina de una pequeña y humilde aldea rural, vivió en carne propia los horrores de la contienda, siendo incluso torturada por el ejército y violada posteriormente por su propia gente, la guerrilla del Vietcong.


El Cielo y la Tierra está basada en un par de libros de Le Ly Hayslip, en los cuales se narraban sus experiencias durante el tiempo que duró la sangrienta ofensiva. El filme fue realizado en una época en lo que todo aquello que olía un poquito a budismo era válido para hacer cualquier película desde Norteamérica. Y la cinta de Stone es uno más de esos innumerables productos que, durante casi una década entera, fueron desfilando por las pantallas de todo el mundo y que, como en este caso, fueron dirigidos por cineastas de prestigio. Y es que su parte final rezuma un tufillo religioso bastante impresionante, volcado en imágenes en forma de oda mística a Buda.

El vigor que impone a sus escenas violentas y de guerra o la plástica belleza que destilan sus cuidadas imágenes (recreándose, ante todo, en paisajes frondosos y verdes), no son suficiente para levantarle el alma a un trabajo pesaroso y aburrido. Es una película sin nervio, sin garra alguna que, en parte, rompe un tanto con el estilo más agresivo de su director. El reloj parece encallarse ante el lento devenir de un filme que, al igual que la mayoría de biopics, peca de la poca credibilidad de muchos de sus pasajes.

De todos modos y sólo en parte, Stone sale victorioso en el esforzado retrato psicológico de una mujer amargada y presionada que, por culpa de una violación, ha acabado temiendo (y odiando) a los hombres. Pero, al mismo tiempo, acaba mostrándose patéticamente repetitivo cuando redirecciona las riendas de la película hacia su país natal e insiste, por enésima vez, en las secuelas psíquicas de los excombatientes norteamericanos. Una ocasión propicia para que Tommy Lee Jones, alejándose de su moderación habitual, compusiera un papel plagado de convulsivos tics histriónicos: el de un soldado desquiciado por las barbaridades en las que se vio implicado y que decide acabar con sus propios demonios contrayendo matrimonio con una vietnamita.

La citada Le Ly es Hiep Thi Le, una actriz bajita y muy inexpresiva, cuya equívoca elección como protagonista principal en poco ayudó a los resultados finales de El Cielo y la Tierra. Oliver Stone ya lo había contado todo sobre el Vietnam en sus dos títulos anteriores. Poca cosa más le quedaba en el tintero, y la pretensión de cambiar el punto de vista narrativo sobre los mismos hechos no aportó nada nuevo a su trilogía.

Un filme reiterativo, de imagen preciosista, con una media hora inicial prometedora y sin ningún tipo de ritmo narrativo. Vaya, un aburrimiento innecesario en el que, al menos, el realizador frenó un poco sus habituales desvaríos visuales y las enervantes experimentaciones con todo tipo de formatos cinematográficos.

sábado, 13 de agosto de 2011

Raymundo Gleyzer empujando contra el viento

No volví a saber de Raymundo hasta que llegó la noticia de su desaparición. Recordé entonces sus palabras, su vitalidad, su decisión. Y estaba seguro —como lo estoy ahora— de que algún día volvería a aparecer Raymundo en medio de su pueblo. Todo parece indicar que así ha de ser.

Tomás «Titón» Gutiérrez Alea
(director de cine cubano)

Por Néstor Kohan

Un cine de combate

Pocas personalidades de la cultura política latinoamericana resumen con tanta nitidez y contundencia las apuestas vitales de la izquierda revolucionaria. Aunque quizás menos celebrado y conocido que Rodolfo Walsh, el cineasta y militante guevarista argentino Raymundo Gleyzer (1941-1976) representa el escalón más alto al que llegó su generación. Repensar su obra, su vida y su militancia implica recuperar del olvido una perspectiva ideológica sepultada por el establishment intelectual argentino, aquella que vivió el cine como militancia y la cámara como un arma de combate.

El nombre de Gleyzer ha sido durante años sinónimo de todo lo prohibido y todo lo reprimido por la cultura oficial, su falso “pluralismo” y su simulacro “democrático”. En estas apretadas líneas de homenaje no nos interesa recordarlo como un cadáver “prestigioso”, una “víctima inocente” o un bronce de mausoleo repleto de hipócritas monumentos oficiales. Lejos de los lugares comunes y los golpes lacrimógenos a los que nos tiene acostumbrado el progresismo ilustrado y bienpensante del río de la plata, se nos impone rememorarlo como un militante revolucionario. Recordamos a Raymundo como alguien vivo e indomesticable, un hermano mayor del cual las nuevas generaciones debemos seguir aprendiendo.

Hijo de una familia judía argentina en cuya casa se fundó el célebre teatro IFT (ubicado en el popular barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires), Raymundo recibió su nombre de un guerrillero francés —Raymond Guyot— asesinado por los nazis. Este joven rebelde trabajó desde muy chico y llegó a ser verdaderamente un grande, uno de los principales realizadores de cortos y largometrajes documentales, políticos y de ficción sobre Argentina y América latina.

Tanto él como su cine, silenciados, censurados y perseguidos con odio irracional, fueron durante décadas innombrables. Desde que fue secuestrado, salvajemente torturado y desaparecido a fines de mayo de 1976 muchos de sus films fueron inhallables. Símbolos de una rebeldía y una esperanza colectiva que había que borrar —literalmente— del mapa a sangre, tortura y fuego.

El guevarismo en la cultura argentina

Raymundo comenzó su temprana militancia en la juventud del Partido Comunista (PC). Esa fue su primera experiencia política. Pero aquel viejo reformismo no lo conformó. Por ello, conmocionado íntimamente por la vida y el pensamiento del Che Guevara, Fidel y por toda la Revolución Cubana (visitó la isla y tomó contacto con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica [ICAIC], por primera vez en 1969), Raymundo se identificó rápidamente con el guevarismo. Desde allí se integró al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo). Desde esa experiencia política generó uno de los grupos más radicales e iconoclastas en el ámbito de la cultura crítica argentina: el Cine de la Base.

Además de ser un militante, en su primera juventud del PC y luego del guevarista PRT-ERP, Raymundo Gleyzer también fue un camarógrafo de Telenoche, de Canal 7 y un realizador de documentales para la TV alemana y varias secretarías de turismo argentinas. Incluso fue uno de los primeros argentinos en filmar en las Islas Malvinas en los ’60, dos décadas antes de la guerra con Gran Bretaña. Esos materiales fueron utilizados en los documentales Malvinas, historia de traiciones ( 1985) de Jorge Denti y Hundan al Belgrano (1986) de Federico Urioste. Asimismo, tuvo a su cargo una de las cuatro cámaras de Adiós Sui Generis (1975, de Bebe Kamín, film que retrata el último recital del mítico conjunto de rock nacional formado por Charly García y Nito Mestre).

La filmografía de Gleyzer abarca entonces su producción militante —la más voluminosa y perdurable, realizada para la insurgencia guevarista— y también la obra “alimenticia” que si bien fue medio de supervivencia sin embargo reviste un interés más que anecdótico o coyuntural. Algunos de sus films más renombrados son : El ciclo (1963) ; La tierra quema (1964) ; Ceramiqueros de Tras la Sierra (1965); Nuestras Islas Malvinas (1966); Ocurrido en Hualfín (1965) ; Pictografías de Cerro Colorado (1965); Quilino (1966); México, la revolución congelada (1971) ; Comunicado cinematográfico del ERP (1972); Ni olvido ni perdón (1972); Los traidores (1973) ; Me matan sino trabajo y si trabajo me matan (1974), entre otros.

«Cine de la Base», en el camino de Guevara y Santucho

Su compromiso militante con la insurgencia guevarista del PRT-ERP lo llevó a agruparse junto con otros jóvenes revolucionarios en el «Cine de la Base», uno de los dos principales nucleamientos del cine político de aquellos años, paralelo al grupo «Cine Liberación» (que realizó La hora de los hornos ), de Solanas y Getino. Con ellos Gleyzer mantuvo estrecha colaboración pero también duras polémicas. Sobre todo cuando aquellos cambiaron el final de la primera versión de La hora de los hornos (Raymundo la había visto en Venezuela y quedó muy impresionado) en 1973 —año en que el general Perón regresa a la Argentina luego de 18 años de exilio en el Paraguay de Stroessner, en la República Dominicana de Trujillo y en la España del generalísimo Francisco Franco— . El final original de este documental famosísimo tenía una imagen del Che Guevara de varios minutos acompañada por una voz en off. En el segundo final, trastocado en 1973, aparecían el general Perón y su tristemente célebre esposa Isabel Martínez, enrolada en el macartismo de la extrema derecha peronista. El grupo «Cine Liberación» se “aggiornó” al regreso del mítico líder moderando su anterior radicalismo político, mientras Raymundo Gleyzer y el Cine de la Base se mantuvieron firmes en la defensa de una perspectiva clasista y socialista, obrera y popular, aun frente al regreso del general.

Tanto Gleyzer como sus compañeros del «Cine de la Base» compartían la perspectiva ideológica de Mario Roberto Santucho, máximo dirigente del PRT-ERP. Santucho había publicado en 1974 un libro titulado Poder burgués, poder revolucionario donde analizaba toda la historia argentina —al calor de la Revolución Cubana y la Revolución Vietnamita—, polemizando con dos vertientes del campo popular: el reformismo del PC y el populismo de Montoneros. Mientras polemizaba en el terreno ideológico Santucho promovía (infructuosamente) la unidad práctica con estas corrientes políticas. Gran parte de las polémicas de Raymundo Gleyzer comparten ese mismo horizonte de sentido político.

«Los traidores» y el cáncer de la burocracia sindical

Raymundo Gleyzer había realizado una impiadosa radiografía de la burocracia sindical argentina. El título que eligió para su film, hoy mítico, lo dice todo: Los traidores (el título original iba a ser Una muerte cualquiera ). Ese film estaba basado en un cuento de Víctor Proncet, “ La víctima ”, que narraba un hecho verídico, el autosecuestro del dirigente sindical peronista Andrés Framini (aunque el título Los traidores ya había sido utilizado por el escritor comunista José Murillo en la novela homónima —publicada en 1968— donde relataba la traición de la burocracia sindical a una huelga metalúrgica).

En la película de Gleyzer Proncet encarnaba a “Barrera”, un burócrata sindical peronista, síntesis de Augusto Timoteo Vandor, Lorenzo Miguel y Andrés Framini, tres conocidos y emblemáticos dirigentes de la burocracia sindical. En el film “Barrera” se parecía físicamente a José Ignacio Rucci (otro paradigma del sindicalismo amarillo, macartista y burocrático), su había autosecuestrado como lo había hecho Framini, decía frases de Lorenzo Miguel y terminaba muriendo a manos de un atentado guerrillero como Vandor.

Al realizar cine político desde la ficción (incorporando a las imágenes del Cordobazo “La marcha de la bronca” del dúo de la canción de protesta “Pedro y Pablo”), Gleyzer apostó a la polémica y pensó el film para ser exhibido en fábricas y barrios, apoyándose en las corrientes clasistas de los sindicatos SITRAC-SITRAM (sindicatos de las empresas FIAT, afines al PRT y otras organizaciones revolucionarias), o en dirigentes sindicales como Agustín Tosco y René Salamanca (el primero muerto en la clandestinidad en 1975, el segundo secuestrado y desaparecido en 1976). Incluso Gleyzer planeó volcar Los traidores en fotonovela, para que circulara en un público más amplio.

Su otro gran film político —aunque todos fueron importantes— es México, la revolución congelada , donde trata la institucionalización del proceso político mexicano, el populismo represivo del PRI, el doble discurso permanente de sus dirigentes (similar al del peronismo en Argentina), la explotación de los indígenas, la matanza de Tlatelolco, el papel sumiso y obediente de aquella “izquierda” que con lenguaje progresista y durante décadas legitimó al PRI, incluyendo la matanza de 1968, y el papel nefasto de la sempiterna burocracia sindical. Cabe destacar que en el film de Raymundo aparece retratada la miseria de Chiapas, varias décadas antes de que surgiera el neozapatismo en los ’90.

El secuestro y la desaparición de Raymundo

Luego de años de silencio inducido y “olvido” fabricado comienzan a surgir libros, grupos de estudio, centros culturales, talleres de video y películas que recuerdan a Raymundo Gleyzer. Entre otros merecen destacarse el libro El cine quema de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina y el formidable largometraje documental Raymundo de los jóvenes realizadores Virna Molina y Ernesto Ardito. También el excelente film Un arma cargada de futuro (destinado específicamente a reconstruir la política cultural del PRT-ERP), parte de la saga de Gaviotas blindadas , de Omar Neri y el grupo de Cine Mascaró.

En todos estos casos, junto a documentos políticos de la época y a los testimonios de militantes y combatientes guevaristas que lograron sobrevivir al exterminio genocida de los militares argentinos, aparece retratado el Gleyzer padre, el amante, el amigo, el inquieto documentalista itinerante y trotamundos, el revolucionario, el intelectual, con todas sus contradicciones, sus miedos, sus angustias, sus dudas, sus alegrías y su compromiso.

El cineasta fue secuestrado pocos días después del escritor Haroldo Conti quien, junto con el periodista Enrique Raab, el profesor Silvio Frondizi y el propio Gleyzer, también adhirió al guevarismo del PRT-ERP. Conti y Gleyzer estuvieron en el campo de concentración El Vesubio y el cineasta también habría estado prisionero en el destacamento Güemes, cerca del barrio de Ezeiza. Secuestrados y prisioneros que lograron sobrevivir a la represión relataron que los militares torturaron salvajemente a Raymundo. En sesiones de tortura, le habrían cortado los ligamentos de los pies e incluso habría quedado ciego. Mientras a Silvio Frondizi lo asesinó en 1974 la Triple A, Raab, Conti y Gleyzer permanecen desaparecidos. La dictadura militar fue impiadosa con todos los revolucionarios, especialmente con los de origen marxista y guevarista a los que siempre clasificó como “irrecuperables”.

Varios directores del mundo iniciaron en los festivales de cine una campaña mundial por la liberación de Gleyzer. Entre otros escritores García Márquez escribió una carta pidiendo su aparición con vida. Mientras tanto, el 1 de junio de 1976 Alfredo Guevara, Walter Achugar, Miguel Littin, Carlos Rebolledo y Manuel Pérez publicaron una declaración del Comité de cineastas latinoamericanos reclamando por su libertad. Entonces la CIA informó, legitimando de hecho el secuestro y las torturas, que según su “expediente” en Buenos Aires, en su casa había albergado a refugiados chilenos perseguidos por el general Pinochet. Su mamá se convirtió a partir de allí en una Madre de Plaza de Mayo. En el momento del secuestro Raymundo tenía apenas 35 años.

Ejemplo y paradigma para las nuevas generaciones

Lautaro Murúa, director de cine y teatro y uno de los actores de Los Traidores, lo rememora cálidamente afirmando que: “A Raymundo lo veo como alguien muy valiente y romántico, algo que se repetía en miles de muchachos de su edad”. Una caracterización sobre su vida que quizás sintetice a toda su generación.

Lo que Gleyzer generó en la cultura argentina y latinoamericana excede los circuitos y perímetros del universo cinematográfico. Su obra también expresa que se puede vivir de otra manera. Que los cálculos, el egoísmo, las mezquindades y la mediocridad tan habituales en nuestros días, no están en el corazón del ser humano. Son apenas un triste producto histórico. El compromiso vital de Raymundo también demuestra que cuando el estudio y el talento van acompañados de una ética inquebrantable y de una militancia insobornable, la cultura puede transformarse en una arma explosiva y demoledora contra el poder. Y que eso siempre tiene un costo. Raymundo Gleyzer estuvo dispuesto a pagarlo hasta con la vida.

Su sacrificio no fue en vano. Nuevas generaciones de jóvenes militantes, cineastas y documentalistas, pero también jóvenes que hacen formación política y militan en los barrios, en las fábricas recuperadas, en las luchas piqueteras, en el estudiantado secundario, en el universitario y en todo el movimiento popular argentino, hoy vuelven a retomar las mismas banderas y los mismos ideales del Che Guevara por los que Raymundo luchó y entregó su vida.

sábado, 25 de junio de 2011

Oliver Stone va al sur de la frontera para conversar con Chávez y otros mandatarios

“Yo pienso que él es una figura de extremo dinamismo y carisma. Él es abierto y de buen corazón, así como un personaje fascinante”, dijo el director de “JFK” y “Wall Street”, Oliver Stone.


Tráiler

Por YVKE

En su nuevo documental “Sur de la Frontera”, Oliver Stone se muestra abrazando calurosamente a Hugo Chávez, mordisqueando hojas de coca con Evo Morales y bromeando gentilmente con Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner sobre el número de pares de zapatos que posee.

Estas amables tomas “fuera de protocolo” de los presidentes de Venezuela, Bolivia y Argentina, respectivamente, contrasta con la manera en la que son representados a menudo estos líderes de izquierda en los medios masivos y políticos de los Estados Unidos. Esto, especialmente con Chávez, el ex militar que se convirtió en líder socialista democráticamente electo, que se ha convertido en el heredero ideológico de Fidel Castro y la “bestia negra” de los funcionarios en política exterior de la administración Bush.

En la creación de “Sur de la Frontera”, que se espera tenga su premier mundial esta semana en el festival de Venecia, Stone, una luminaria de la mejor parte de las últimas tres décadas, dijo que quería suministrar un contrapunto a la imagen dominante de Chávez en EE.UU., la que es frecuentemente representada en una serie de fragmentos políticos y caricaturizado como un dictador belicoso.

“Yo pienso que él es una figura de extremo dinamismo y carisma. Él es abierto y de buen corazón, así como un personaje fascinante”, dijo el director de “JFK” y “Wall Street”, vía telefónica desde New York, donde trabaja en una secuela de la bien publicitada “Wall Street”. “Pero cuando vuelvo a EE.UU. sólo escucho estas historias sobre el ‘dictador’, ‘mal hombre’, ‘amenaza para la sociedad americana’. Pienso que el proyecto comenzó como algo sobre los medios americanos demonizando a líderes latinos. Se volvió más eso, mientras más nos involucrábamos”.

Además de Chávez, Stone llevó a la pantalla a varios líderes suramericanos cuyas políticas y personalidades generalmente reciben escasa atención de los medios de Estados Unidos y Europa: Morales; Cristina Kirchner y su esposo el ex presidente argentino Néstor Kirchner; Rafael Correa de Ecuador; Raúl Castro de Cuba; Fernando Lugo Méndez de Paraguay; y Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil.

“La prensa en América, se habrán dado cuenta, ha dividido al continente Latinoamericano en la ‘mala izquierda’ y en la ‘buena izquierda’”, dice Stone. “Han marcado a Correa como la mala izquierda, junto a Morales y Chávez. Ellos llaman a Lula, la buena izquierda. No sé que han dicho de Kirchner hasta ahora, porque van hacia adelante y para atrás, pero creo que cada vez van más en contra de Kirchner. Yo creo que estas diferencias son erróneas”.

Junto a Stone el escritor, historiador, novelista y comentarista paquistaní-británico Tariq Ali, dijeron que el documental de 90 minutos no pretende ser un análisis exhaustivo de las actuales tendencias políticas de América del Sur. No se trata de analizar los puntos de vista radicalmente divergentes de una figura tan polarizante como Chávez. Tampoco enfrentar las críticas en curso a su retórica incendiaria (una vez llamó a Bush el diablo), sus frecuentes impasses con los medios de oposición en Venezuela (que apoyaron un golpe en su contra en 2002), o su discutido rol de apoyo a grupos rebeldes en enfrentamiento al gobierno de la vecina Colombia.

sábado, 18 de junio de 2011

La leyenda de "El Chacal"

Entrevista al director francés Olivier Assayas

Por Liliana López Sorzano
El Espectador


“A partir de hoy me llamo Carlos”, sentenció un día el venezolano Ilich Ramírez Sánchez cambiando su nombre de pila por el alias de guerra y, de paso, también la historia. Para seguirle el recorrido a Carlos, El Chacal, quien encarnó la figura del mercenario, del terrorismo de los años 70 y 80, de la causa palestina y de la lucha contra el imperialismo, se hablaron más de diez lenguas, se visitaron siete países: Reino Unido, Irak, Siria, Alemania, Francia, Hungría y Argelia.

La película del francés Olivier Assayas da cuenta de los inicios de este activista que utilizó múltiples identidades para navegar por la compleja política internacional de la época y muestra, además de los hechos históricos fruto de una larga investigación, su faceta como persona, su apetito por las mujeres y su carácter obstinado.

La producción es un gran desafío para la pantalla por su gran envergadura, su duración de cinco horas y media en su versión extendida y porque es a la vez tela de cine y de televisión, razón por la cual fue muy cuestionado en Cannes de 2010, ese escenario que amplifica cualquier evento y que quizá consigue ecos desproporcionados. Sin embargo, Assayas se afirmaba en su creencia de que lo de cine o televisión no tiene importancia, porque al final su trabajo es el del lenguaje de las imágenes.

Es una película de acción, histórica, filmada en diferentes países, hablada en distintos idiomas, que se convirtió en una aventura arriesgada, en un proyecto fuera de toda proporción en relación con lo que había hecho. El Espectador entrevistó al director.



Para un posible espectador que no conozca su filmografía, ¿cómo introducirlo dentro de su cine?

Vengo de la industria independiente francesa, pero he tratado de ampliar la experiencia de ser un cineasta francés con la complejidad de una sociedad moderna intercomunicada globalmente. He hecho películas en distintos géneros y la diversidad refleja mi propia visión de un mundo complejo y contradictorio.

La extensión clásica de una película es de 90 minutos. ¿Cree que es un síntoma de cómo se está viendo el cine del presente? ¿Haber hecho una cinta de cinco horas y media no es sentirse como un héroe solitario?

El clásico formato de 90 minutos tiene que ver con la manera en que la industria piensa. Me parece que las películas se han vuelto más largas. Carlos es diferente. Tiene su propia lógica. Es un filme, pero también son tres. Necesitaba intentar algo que me llevara a traspasar las fronteras de la manera de hacer cine. Cuestionar el formato, cuestionar la lógica, quebrar las reglas e intentar abrir puertas (creo que nunca volvería a hacer una de 5 horas y media) y sentar un precedente para nuevos cineastas.

¿Qué opina de que el crítico más feroz de la película sea el personaje real, ‘Carlos’?

No creo que Carlos sea tan crítico de mi trabajo. Él luchó legalmente para que le diéramos el guión mientras filmábamos. La película tiene más de 140 personajes, de los cuales la mayoría están vivos y los abogados de la producción opinaron que si se lo dábamos a Carlos, ¿por qué no a los otros personajes representados? Abría la puerta para un asunto muy complicado de tratar. Por lo tanto, decidimos no ir directamente hacia Carlos, sino basarnos en las investigaciones, en los biógrafos de Carlos, periodistas, en el trabajo de historiadores, queríamos una aproximación más objetiva. Eso hizo que Carlos se enojara mucho y, por lo tanto, dio entrevistas negativas sobre las películas, diciendo que era propaganda. Lo interesante es que desde el momento en que vio la película (seguramente más de una vez), nunca volvimos a escuchar de él. Las únicas noticias que tuvimos después de que salió la película fue una entrevista a la prensa alemana, donde decía que le molestaba el tema de la desnudez. Édgar Ramírez, el actor, trató de contactarlo y él se rehusó a comunicarse. Después Carlos quiso llamarlo, pero en ese momento era muy complicado, estábamos en medio del rodaje y nunca pasó.