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viernes, 22 de septiembre de 2017

La película de la guerra de Colombia

Tres documentales muestran distintas versiones del proceso de paz que terminó con medio siglo de conflicto armado en el país



Por Ana Marcos
El País

La presidencia de Donald Trump, los atentados de ISIS en Europa, las catástrofes naturales,... La actualidad informativa le ha reservado solo un minuto de gloria al final de medio siglo de guerra en Colombia. El cine intenta saldar la deuda con tres documentales, en apenas seis meses, sobre el proceso de paz que desarmó a las FARC, la guerrilla más potente y antigua de América Latina.

La periodista colombiana Natalia Orozco fue la primera en presentar su relato sobre los cuatro años de diálogo en La Habana que culminaron en la firma final del Teatro Colón de Bogotá el pasado noviembre. El silencio de los fusiles se presentó en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. A la proyección acudieron el presidente Juan Manuel Santos, el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, y altos miembros de la ya exinsurgencia. Fue en marzo, meses antes de que todas las armas de las FARC estuvieran en manos de la ONU. Una suerte de ejercicio previo de reconciliación ante la pantalla grande que les devolvía el reflejo de los peores momentos de la negociación.

"Me interesaba retratar el lado más íntimo de ambos bandos. No juzgar, pero tampoco justificar las acciones de ninguno de ellos. Para mí es tan culpable la guerrilla que secuestraba y mutilaba como el Ejército que mató a civiles [se refiere al escándalo de los 'falsos positivos', campesinos asesinados que hicieron pasar por guerrilleros para cobrar recompensas] y los políticos que robaron plata", dijo la directora en una entrevista en el diario El Mundo.

Orozco consiguió un acceso privilegiado al Gobierno y a las FARC. Marc Silver, autor de To end a war, otra de las películas sobre el proceso que se estrena este fin de semana en las salas colombianas, abrió unas cuantas puertas más. El cineasta londinense no da muchas pistas de cómo consiguió meterse en el coche blindado de Santos. "Fue un gran trabajo del equipo de producción", cuenta durante su visita a Bogotá. El documental cuenta con el apoyo de la productora colombiana Miracol Media y Univision Story House.



Para ganarse a las FARC y conseguir que, mientras 900 periodistas batallaban por una declaración en la X Conferencia de la guerrilla (la última en armas, el pasado septiembre en los Llanos del Yarí), su equipo tuviera acceso ilimitado, la tarea fue más tediosa. Silver les mostró uno de sus trabajos, 3 1/2 minutos, 10 balas, sobre los disturbios raciales en Estados Unidos. Suficiente.

"No quería hacer una película de datos y entrevistas, sospechaba que otra gente estaba haciendo eso", relata. Su aproximación al conflicto es más artística desde el punto de vista técnico, sin olvidar los hechos. Para explicar la complejidad de la guerra y el proceso a todos los públicos, no solo al colombiano, encontraron un mediador para transmitir información precisa: el periodista Jorge Enrique Botero, uno de los mayores expertos en el conflicto armado. Pero también uno de los principales objetivos de ese sector que se ha opuesto a la negociación desde sus inicios. Botero y terrorista se convirtieron en sinónimos durante demasiado tiempo en Colombia. "No solo es un reportero, su historia se desarrolla de manera paralela a la del país", apunta el director. Una de las mujeres del informador fue desaparecida.

El único que falta en To end a war es el expresidente Álvaro Uribe, principal opositor al proceso de paz con las FARC. "Es una pena, soy consciente de que falta una parte de la historia, sobre todo teniendo en cuenta la importancia del resultado del plebiscito", reconoce Silver. "Pero nos puso una condición imposible: no podíamos editar su parte".

La tercera propuesta es de la también reportera colombiana Margarita Martínez Escallón. Rostros de paz se ha convertido en la versión oficial del Gobierno. El propio presidente convocó a un pase especial en un teatro de Bogotá. Los protagonistas son los mismos, los escenarios en La Habana y Colombia se repiten, pero el relato de Santos y su equipo prima sobre el de los guerrilleros y el de la oposición.

viernes, 6 de enero de 2017

“Filmé a Marulanda en plena guerra”

Recuerdo inédito de Pepe Sánchez sobre su intervención en el filme “Riochiquito”. Sánchez, reconocido director, actor y guionista, murió el pasado 22 de diciembre a los 82 años



Por Roberto Romero Ospina

“Hubo un momento, en medio de la candela, que los franceses quisieron meterse para filmar algunas escenas de guerra siguiendo una trocha, y nos encontramos con Manuel Marulanda diciéndonos: ‘para qué se van a meter por allí, si esos tiros salen de matorrales y no se ve nada y después, si les pasa algo, me los van a cobrar a mí’”. Así inició Pepe Sánchez su relato para una entrevista que solo ahora se conoce.

Fue la primera vez en su largo recorrido de cineasta, actor y director de televisión, que Pepe Sánchez reveló su experiencia como asistente de uno de los documentales históricos de la resistencia campesina que se fraguó en 1964 tras la ofensiva militar a la región de Marquetalia, que desencadenó la guerra de medio siglo con las FARC que ahora está culminando con la paz negociada.


Días antes de cumplirse 50 años de la ofensiva, Pepe Sánchez compartió detalles de su participación en la filmación de Riochiquito. En el Café de la Memoria, envuelto en una gruesa bufanda gris y cachucha de marino, también contó pasajes decisivos de su vida que revelan su compromiso social, que poco o nada reflejan los balances mediáticos que lo enmarcaron como un inofensivo hombre de la farándula.

Sin embargo, él participó en las jornadas estudiantiles del 8 y 9 de junio de 1954 como alumno de Derecho de la Universidad Externado y fue testigo de la matanza estudiantil perpetrada durante el régimen de Rojas Pinilla. Cuando Guillermo León Valencia comenzó a preparar “su ofensiva contra las llamadas repúblicas independientes del sur del Tolima en Marquetalia y Riochiquito, él ya sabía de televisión y cine.

Tanto él como su familia eran amigos del dirigente comunista Diego Montaña Cuéllar, en cuya casa “se hablaba de marxismo y se echaban tragos”. Fue él quien le propuso hacer un documental de esas regiones campesinas. “Diego me dijo que hiciera una lista de lo que se necesitaba. Incluí una cámara, equipos de sonido y luces. Eso quedó en manos del partido, pero el trámite se demoró mucho”, recordó Pepe.

La guerra estalló en Marquetalia en 1964 y el proyecto de Pepe Sánchez tuvo un giro inesperado. “Montaña me llamó a comienzos de 1965 y preguntó si seguía interesado en la idea de filmar. Ante mi respuesta, ‘yo encantado’, me contó que iban a llegar dos cineastas franceses enviados por el documentalista holandés Joris Ivens”, en su momento conocido como el “Holandés errante”.

Los elegidos fueron el camarógrafo Jean Pierre Sargent y el director Bruno Muel. El papel de Pepe Sánchez fue ser consejero y traductor, aunque a veces metía la cucharada dando ideas para el filme. “Duramos diez días en llegar a Riochiquito, a donde se habían desplazado los campesinos de Marquetalia. Allá estaba el Estado Mayor Central de las nacientes guerrillas que se convertirían en las FARC”.

“Pasamos un puesto lleno de militares a quienes mostramos credenciales que había conseguido. Entramos como documentalistas para realizar un supuesto trabajo sobre las aves de la selva y los indígenas paeces, pero en verdad entrevistamos a Jacobo Arenas, quien apareció en la cinta haciendo arengas; a Manuel Marulanda y al joven revolucionario Hernando González, a quien conocía desde mi época universitaria en Bogotá”, contó Pepe Sánchez.

En su memoria quedó la imagen de Manuel Marulanda como “el más callado de todos, de gran sencillez”, y también la referencia del momento de cruzar de nuevo el puesto militar, esta vez a caballo, aprovechando una tregua entre los dos bandos. La filmación se convirtió en un documento histórico sobre la etapa de creación del movimiento de autodefensa campesina y la resistencia de Marquetalia.

“De Marulanda recuerdo su olfato de estratega guerrillero. Un día, antes del alba, comentó seguro: ‘a las 8 desayunamos y de inmediato vamos a las trincheras, pues no demoran en bombardearnos’. Así fue. Todo quedó registrado en las cámaras. Después dijo: ‘Vamos a almorzar, que esos vuelven a las dos’. La andanada de metralla y fuego terminó a las cinco de la tarde”.

En veinte minutos, quedaron para la posteridad escenas de ranchos quemados, vuelos rasantes de la aviación militar, éxodo campesino, arengas de Marulanda o de Jacobo Arenas y decenas de hombres con el fusil al hombro emprendiendo una lucha que marcó medio siglo de historia. Al final del documental, en la banda sonora quedaron retumbando ecos de música indígena.



“El material fue editado en París con locución de Alberto Rojas Puyo. Yo quise filmar más el lado humano de la tragedia, pero los franceses le dieron más fuerza a la parte política”, recalcó Pepe Sánchez, quien después detalló la odisea de la salida. “Fueron quince largos días de marcha. Nos condujo el comandante Hernando González, pero a su regreso se equivocó, tomó la misma trocha y lo emboscaron”.

A Sánchez le tocó subir picos altos del Cauca y descender a las llanuras ardientes del Tolima para ponerse a salvo y resguardar el material fílmico. “Como sabían que habíamos estado con los guerrilleros, la orden militar fue disparar sin contemplaciones. Pasamos días sin alimento, comiendo almendras de monte, hasta que otro grupo nos recibió con provisiones y pudo llevarnos hasta las goteras de Bogotá”.

Los cineastas franceses fueron detenidos a su regreso y en menos de 24 horas expulsados de Colombia. Sánchez quedó a cargo de los rollos y preservó el material, que en menos de dos meses se dio a conocer al mundo. En el filme se ve a Marulanda escribiendo a máquina. Sánchez aportó su evocación: “Escribía todas las mañanas una bitácora de los sucesos, que luego revisaba Jacobo Arenas, quien tachaba algunas cosas”.

Pepe Sánchez nunca apareció en los créditos del documental Riochiquito, lo cual no impidió que lo investigaran. “Me buscaron y el conocido abogado Rafael Poveda, mi apoderado, me aconsejó que me presentara ante el juez Muñoz Martínez, un conservador que hizo especialización en interrogatorios en la España franquista. Fue difícil, pero yo me sentía orgulloso”.

Fue a tres diligencias y en la última se enteró de que las autorizaciones para entrar a la zona habían desaparecido del expediente. “Ante esa circunstancia, Poveda y mi familia me dieron una orden: piérdase de inmediato. Me refugié en Chile, allí pasé cuatro años y trabajé como asistente de Miguel Littin en su  película El Chacal de Nahueltoro. A pocos meses para el golpe de Pinochet, regresé a Colombia”.

Se unió a un grupo de cine político que encabezaba Carlos Álvarez y con él hizo documentales que mostró en barriadas populares, sindicatos y movimientos estudiantiles. A veces lo acompañaron su hermano Carlos Sánchez o su amiga Gabriela Samper. Es decir, Pepe Sánchez fue gestor de una línea de dramaturgia comprometida, con una razón adicional: hace más de medio siglo fue testigo de los orígenes de la guerra en Riochiquito.

martes, 1 de noviembre de 2016

El fugaz romance entre Hollywood y la Unión Soviética

Durante la II Guerra Mundial, el cine estadounidense ejerció de publicista del pacto con Stalin a través de películas como "La estrella del norte" o "Misión en Moscú"


Por Ignasi Franch
El Diario

Después del ataque japonés a la base estadounidense de Pearl Harbor, Hollywood apostó fuerte por el militarismo. Aunque la mayor parte de los grandes estudios habían optado previamente por mantener la neutralidad, se adaptaron inmediatamente al nuevo ciclo: centenares de películas de todos los géneros, desde el cine bélico al musical pasando por la comedia romántica, defendían la intervención en la II Guerra Mundial.

En títulos destinados a un público juvenil, Tarzán luchaba contra soldados alemanes, el Hombre Invisible se infiltraba en los cuarteles del III Reich y Batman se enfrentaba a un científico japonés que convertía a las personas en zombis. Pero quizá las producciones más sorprendentes fueron las que justificaron la alianza con la Unión Soviética liderada por Josef Stalin.

Según autores como Nicholas J. Cull, la opinión pública estadounidense era partidaria del aislacionismo y desconfiaba de los llamamientos británicos a la colaboración militar. El ataque a Pearl Harbor implicó una entrada en guerra que era deseada por la administración de Roosevelt. Pero justificar la colaboración con la URSS, satirizada y satanizada apenas unos meses antes, resultaba un desafío estratégico que requirió la colaboración de Hollywood.

El deseo de cultivar la empatía hacia el pueblo ruso, implicado en sangrientas batallas contra el Ejército alemán, comportó la presencia de papeles positivos en multitud de filmes. Algunos otorgaron un protagonismo central a personajes soviéticos o a las relaciones con la URSS: Miss V from Moscow, Misión en Moscú, The Boy from Stalingrad, La estrella del norte, Three Russian Girls, Song of Russia, Días de gloria y Contraataque. Cuatro de estas ocho obras fueron estrenadas en 1943, momento álgido del amor de conveniencia de Hollywood hacia el gobierno bolchevique.

Antes de Pearl Harbor, los estudios Warner Brothers ya se habían significado con diversos títulos antinazis que supusieron conflictos diplomáticos y grandes tensiones con el organismo censor de Hollywood, la Production Code Administration. La productora low cost PRC inició el nuevo ciclo prosoviético con Miss V from Moscow, estrenada en 1942. Su protagonista era una espía rusa que colaboraba con los aliados desde la Francia ocupada. En los tres años posteriores, la mayoría de los principales estudios (Warner, Fox, Metro-Goldwyn-Mayer, Columbia y RKO) hicieron sus propias aportaciones fílmicas a la fugaz amistad ruso-americana.

Elogiando a Stalin

Fueron tiempos en que el cine de ficción se acercaba a la actualidad más inmediata. El montaje de muchas películas se modificaba en el último momento para adaptarse a las novedades en el frente. También se recogían discursos reales de figuras relevantes de la política internacional. En Sherlock Holmes en Washington, por ejemplo, el detective victoriano (reconvertido en investigador contemporáneo y antinazi) citaba a Winston Churchill llamando a la cooperación entre Estados Unidos y Reino Unido.

Algunos filmes fueron más allá del atlantismo. En el drama romántico Song of Russia, un actor aparece interpretando a Stalin y recitando fragmentos de un discurso que el líder soviético ofreció el 3 de julio de 1941. A pesar de algunas diferencias, como la eliminación de una referencia a los "alemanes esclavizados por los déspotas hitlerianos", el grueso de la versión cinematográfica se corresponde con las palabras del gobernante.

Este guiño presente en Song of Russia empequeñece ante las loas a Stalin que incluye Misión en Moscú, adaptación del libro testimonial de un diplomático cercano al presidente Roosevelt.

El protagonista sirve de nexo con la audiencia: su visión del mundo está basada en el libre mercado y el capitalismo, pero aprende a comprender y admirar los logros de la URSS. A través del filme, no sólo se defiende vehementemente la intervención norteamericana en la guerra, sino que también se justifican las purgas al trotskismo (caracterizado como una quinta columna al servicio de Hitler) y la invasión de Finlandia. Un final con tintes religiosos acaba de redondear un conjunto desconcertante.

Musicales en granjas colectivizadas y niños soldado

Como afirmaron Michael S. Shull y David Edward Wilt en Hollywood War Films, 1937-1945, estas películas solían mostrar simpatía e identificación con los ciudadanos soviéticos y, salvo excepciones, minimizaban la presencia de su gobierno.

Diversos títulos se limitaban a reforzar el autorretrato de los Estados Unidos como gendarme del mundo, mostrando las desventuras de resistentes patrióticos que luchan en inferioridad de condiciones contra un invasor cruel. La pertenencia a la URSS de los protagonistas de Días de gloria o Contraataque, por ejemplo, no resulta demasiado significativa y se asemeja a las representaciones de la insurgencia noruega ( Al filo de la oscuridad) o francesa ( Pasaje a Marsella).

La estrella del norte, en cambio, parece un intento de refutar el escepticismo de una audiencia anticomunista. El resultado defraudó a la misma escritora, la dramaturga afín al comunismo Lillian Hellman ( La calumnia).

Las granjas colectivizadas se convierten en pintorescos espacios poblados por trabajadores joviales. En el primer tramo del filme, se incluyen himnos patrióticos y también canciones explicativas de las historias de los personajes, como si de un musical se tratase. En el desenlace, mucho más duro, un doctor ucraniano asesina a un médico alemán algo cínico, ejecutor y a la vez censor de los abusos nazis. Su discurso contra los "hombres que hacen el trabajo de los fascistas mientras fingen que son mejores" parece una advertencia a los partidarios de equidistancias y aislacionismos.

Song of Russia también incluía momentos peculiares. A pesar de tratarse de un drama romántico y no de un biopic político, su lógica propagandística lo acerca a Misión en Moscú. El pueblo soviético recibe a un director de orquesta estadounidense con banderas de EEUU y el himno de las barras y estrellas. Los conflictos entre el capitalismo y el comunismo, trascendentales antes (y después) de la guerra, se convertían en matices superables que no dificultaban la cooperación contra el fascismo.

En Estrella del norte y Song of Russia aparecían voluntariosas guerrillas populares. The Boy from Stalingrad fue un paso más allá al relatar las peripecias de una milicia de niños. Es un ejemplo de las anomalías de la autocensura hollywoodiense en tiempos de guerra, durante los cuales se retrataron violencias difícilmente aceptables en otros contextos. La excepcionalidad de la situación trajo consecuencias más positivas, como pequeños cuestionamientos de la división sexista del trabajo: el cine debía incluir guiños a las mujeres para que se sintiesen partícipes de la campaña bélica.

Los discursos sobre fraternidad internacional y países hermanados, tan presentes en el Hollywood propagandístico, no sobrevivieron al final de la contienda. La idea de “hacer de esta la última guerra”, citada en La estrella del norte y muchos otros títulos, resultaría tan fallida como cuando se planteó en la Primera Guerra Mundial. Estados Unidos y la URSS profundizaron en su antagonismo y no tardaron en estallar conflictos como el coreano.

Después de la paz, guerra a los guionistas

La trepidante intriga Berlín express, estrenada en 1948, tiene algo de canto de cisne de la cooperación entre los Estados Unidos y la URSS. En el filme, un soldado ruso ejerce de símbolo de esa potencia desconfiada, cuyas motivaciones son difíciles de entender desde el punto de vista del americano medio, pero con el que hay posibilidades de acuerdo a través del conocimiento mutuo.

Unos meses después, el país cambiaría de enemigo y de nivel de alerta: dejaría de estar en guerra abierta con el fascismo para entrar en una guerra fría contra el comunismo. También se produciría una depuración interna que, en el mundo del cine, afectaría a muchos asociados al politizado Sindicato de Guionistas. Algunos de sus miembros, izquierdistas más o menos cercanos al comunismo, habían firmado escenas con una apariencia de sinceridad poco frecuente en el Hollywood oportunistamente antinazi. Y serían represaliados durante la caza de brujas.

De los once escritores que firmaron las ocho películas mencionadas al inicio de este artículo, ocho formarían parte de listas negras. Coincidirían con ilustres compañeros como Charles Chaplin (El gran dictador), Howard Koch (Casablanca) o Dalton Trumbo (Treinta segundos sobre Tokio). El autor del libreto de Contraataque, John Howard Lawson, incluso fue condenado a prisión por desacato al Comité de Actividades Antiamericanas. Lawson había escrito la pionera Bloqueo, que denunciaba los bombardeos sobre la población civil de la España republicana. Tras el final de la II Guerra Mundial, haberse posicionado contra el nazismo antes de Pearl Harbor implicaría un estigma: haber sido "prematuramente antifascista".

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Filme sobre Stalingrado hará gira por Suramérica

La cinta será presentada este domingo en la base antártica Bellingshausen de Rusia y luego se estrenará en Argentina, Chile y Uruguay. 


Una película sobre la Batalla de Stalingrado será presentada en varios países de América Latina en homenaje a los soldados suramericanos que durante la Segunda Guerra Mundial mantuvieron las relaciones amistosas con Rusia.

Para el director de la cinta, Fiodor Bondarchuk, es lamentable que en América Latina se desconozca el heroísmo del soldado soviético y la fusión que hubo con los soldados suramericanos.

“Nosotros a menudo ignoramos las hazañas de los militares y voluntarios de Brasil, Uruguay, Honduras, Cuba, México y Panamá durante la II Guerra Mundial, también en las filas del Ejército Rojo”, comentó.

“Espero que los estrenos en América del Sur del comienzo a una serie de eventos ruso-latinoamericanos que prepara el Instituto de Bering-Bellingshausen con motivo al 70 aniversario de nuestra victoria conjunta”, apuntó Bondarchuk.

Por su parte, el organizador del proyecto, Serguéi Briliov, sostuvo que la idea de comenzar los estrenos no comerciales de la película en el hemisferio sur mejorará las relaciones internacionales de Rusia.

La Batalla de Stalingrado narra la historia humana que se vivió en los tiempos de la mayor batalla de la II Guerra Mundial.

Telesur

viernes, 27 de diciembre de 2013

Imágenes fuertes

Que Cine Colombia se niegue a pasar en sus salas el tráiler de un documental del Centro de Memoria Histórica es un caso aberrante de censura. 

Por Marta Ruiz 

En marzo de este año Cine Colombia decidió hacerle un homenaje a Quentin Tarantino y trajo de nuevo a sus salas la película Pulp Fiction (Tiempos Violentos), un clásico del cine de violencia en el que John Travolta y Samuel Jackson no escatiman tiro en los sesos de sus víctimas, donde se consume cocaína en primerísimo plano y hay sangre a borbotones. Una buena dosis de estos ingredientes se puede ver en el tráiler con el que se promovió el regreso de la película:

   

Aunque no soy cinéfila, debo confesar que he visto algo de Tarantino: Perros de la reserva, Jackie Brown, la propia Pulp Fiction y por supuesto Kill Bill, a pesar de lo poco adorable que es Uma Thurman a la hora de matar. Son películas duras y aun así, que yo sepa, nadie sería tan insolente como para pedirles a los productores que cambien algunas de sus imágenes más fuertes. Eso, lo saben los programadores de cine, sería considerado censura, por no decir estupidez.

Pero qué paradoja. Cine Colombia acaba de negarse a pasar en sus salas un tráiler de dos minutos y medio para promover el documental No hubo tiempo para la tristeza, realizado por Jorge Mario Betancur y Patricia Nieto para el Centro de Memoria Histórica, y que resume el Informe General del Conflicto Colombiano Basta ya.

  

El Centro de Memoria llevaba varias semanas negociando la transmisión del tráiler, que no era gratis, por cierto, sino un negocio por el que se pagarían 140 millones de pesos. Ni siquiera se trataba de pasar el documental completo, que dura una hora y cuatro minutos y que explica en profundidad cómo llegamos a tener en las últimas décadas 220.000 muertos, 27.000 desaparecidos, igual número de secuestrados y cinco millones y medio de desplazados.

Este es un documental serio que muestra el sufrimiento, la lucha y la dignidad de las víctimas, y que explica la magnitud y las causas de la guerra colombiana. Y lo que buscaba el Centro de Memoria Histórica era promoverlo entre un público urbano al que el conflicto le vale huevo. A lo mejor con el tráiler, algún despistado adolescente, de esos que van al cine a hartarse de crispetas, se interesaba en la historia de su país, ya que, por cierto, en los colegios acabaron con esta asignatura.

Pero Cine Colombia (o quienes negocian por ellos) prefirió no publicar la pieza. Les pidió a los productores, de manera insolente, que quitaran las imágenes fuertes. Se refieren seguramente las llamas que consumen al Club El Nogal luego de un atentado terrorista, o a los cuerpos tendidos de varios campesinos luego de una masacre. Nada que no hayan mostrado los noticieros y nada que no merezca ser visto por los colombianos como parte del reconocimiento de la tragedia colectiva que hemos vivido.

Claro que hay que reconocer que los ejecutivos que pidieron la mutilación del tráiler le brindaron varias alternativas a Memoria Histórica. Por ejemplo, pasarlo por Blu Radio o publicarlo en El Espectador. Vaya uno a saber cómo pensaban estos genios del cine pasar una pieza audiovisual por la radio.

Para mí está claro que este es un caso de censura, agravado por ser Cine Colombia una empresa dominante en su área. Aunque, como es usual, a la arbitrariedad le sumen el peregrino argumento de que como entidad privada tienen derecho a publicar lo que bien les parezca.

Que Cine Colombia llene sus arcas con cine de violencia y se niegue a venderle un pírrico espacio a un documental emblemático sobre el sufrimiento de las víctimas es prueba de la fractura social que vivimos. De la corta visión de país que tienen ciertos empresarios y de que algunas de nuestras más influyentes industrias culturales están en manos de cínicos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

La voz dormida




"La voz dormida" es una muestra del sentir humano en medio de la dificultad que genera vivir bajo el yugo de la guerra. La represión política y social que agobiaba a los habitantes de España en la posguerra, es escenario base para el desarrollo de la historia. Es quizás la intensidad en cada situación de la historia, lo que entrega al espectador parte del sentir de sus personajes, como una breve muestra del dolor que muchos de los habitantes españoles tuvieron que pasar por aquel entonces (1939-1963).

Benito Zambrano, director de la cinta, asegura que la calidad en una buena producción cinematográfica radica en el poder del guión y de sus personajes. “Para mí, después del guión, lo más importante es el reparto. Si se quiere conseguir un trabajo excelente de interpretación para llegar a lo más profundo del espectador, debe haber compromiso y profesionalismo. Hay que dedicarle un trabajo especial al personaje”, comentó Zambrano al respecto en una entrevista hecha para el Festival de Cine de Cartagena 2012.

La historia se desarrolla en Madrid, España, durante la posguerra. Una joven cordobesa, Pepita (María León) abandona su aldea y decide viajar a Madrid para encontrarse con su hermana Hortensia (Inma Cuesta) quien se encuentra en estado de embarazo, encarcelada y condenada a pena de muerte hasta después del nacimiento del bebé. La travesía trae a su camino un valenciano de familia burguesa quien lucha continuamente en la sierra de Madrid (Marc Clotet); además, están vivas las ganas de buscar la redención de la hermana, así como el bienestar y custodia de su sobrino.

Dolor, pasión, soledad, tristeza, impotencia, esperanza son las sensaciones que explora la historia. Narración astuta que muestra sucesos que marcaron un período fundamental para España. La mujer abnegada que busca la libertad de su hermana se convierte en madre, amante y familia. El sentido de la lucha y el poder del amor sobre aspectos sociopolíticos que influyen en los comportamientos de la sociedad. Así es "La voz dormida".

Reseña tomada de: revistadiners.com.co

miércoles, 18 de enero de 2012

"Vietnam: los archivos perdidos"

Nueva serie de History Channel



Sinopsis de los episodios:

El inicio & busca y destruye, miércoles 18 de enero

En 1965 la Operación Rolling Thunder ruge en el cielo y en los suelos de Vietnam del Norte por parte de las tropas estadounidenses. Los soldados estadounidenses son superados en número en el valle de Ia Drang; esta es la primera gran batalla de la guerra. Charles Brown lucha por su supervivencia en las laderas de la sangrienta Colina 875. En Estados Unidos el público comienza a cuestionar la estrategia militar que está siendo aplicada

La ofensiva & guerra infinita, jueves 19 de enero

El enemigo gana terreno con la Ofensiva del Tet, una operación militar que ataca por sorpresa a los estadounidenses. En Khe Sanh y Pleiku, las tropas gringas montan una contraofensiva mientras que en casa, el fervor antiguerra se enciende. En la selva amarga de la Colina 484, Karl Marlantes lucha por su vida. Arthur Wiknik comanda el combate de Hamburger Hill.

Cambios & paz con honor, viernes 20 de enero

La retirada de las tropas estadounidenses comienza mientras que sus aliados se hacen cargo de la guerra. Gery Benedetti patrulla las aguas hostiles del Delta del Mekong. James Anderson comanda a un batallón en Camboya después de una controvertida orden de Nixon. Don DeVore lucha por sobrevivir a un feroz ataque de noche. Los últimos soldados estadounidenses regresen a casa y la caída de Saigón trae consigo la unificación de Vietnam.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La redada


"La redada" es un filme que recrea la ocupación nazi y el colaboracionismo francés y se centra en el episodio de 1942 cuando 13.000 judíos fueron detenidos por la policía y posteriormente transportados a los campos de concentración nazis.

“La rafle”, película de Roselyne Bosch, muestra cómo los nazis contaron con la colaboracion de las fuerzas del orden parisinas, que arrestaron en el Velódromo de Invierno de París, el 16 de julio de 1942 a miles de judíos.

Este oscuro antecedente de la historia francesa ha sido tabú en el país y se ha intentado borrar de la memoria colectiva. De los acontecimientos no quedó mayor registro.

La película es protagonizada por Jean Reno y Mélanie Laurent.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vietnam: Entre el cielo y la tierra

Por spaulding's blog
spauld.blogspot.com


Con El Cielo y La Tierra, Oliver Stone cerró la trilogía sobre el Vietnam iniciada con Platoon y continuada con Nacido el 4 de Julio. Dos espléndidos títulos que han marcado la filmografía del cineasta y que, por derecho propio, han pasado a ocupar un merecido puesto en la historia del cine. Pero con El Cielo y la Tierra, su última entrega, no consiguió el reconocimiento que esperaba.

En esa ocasión, Stone dejó a un lado el punto de vista habitual de los combatientes norteamericanos para centrar la visión de la guerra desde la parte oriental, plasmando así en pantalla las penurias sufridas por una joven vietnamita a la que, a su vez, convertía en narradora del filme. Vecina de una pequeña y humilde aldea rural, vivió en carne propia los horrores de la contienda, siendo incluso torturada por el ejército y violada posteriormente por su propia gente, la guerrilla del Vietcong.


El Cielo y la Tierra está basada en un par de libros de Le Ly Hayslip, en los cuales se narraban sus experiencias durante el tiempo que duró la sangrienta ofensiva. El filme fue realizado en una época en lo que todo aquello que olía un poquito a budismo era válido para hacer cualquier película desde Norteamérica. Y la cinta de Stone es uno más de esos innumerables productos que, durante casi una década entera, fueron desfilando por las pantallas de todo el mundo y que, como en este caso, fueron dirigidos por cineastas de prestigio. Y es que su parte final rezuma un tufillo religioso bastante impresionante, volcado en imágenes en forma de oda mística a Buda.

El vigor que impone a sus escenas violentas y de guerra o la plástica belleza que destilan sus cuidadas imágenes (recreándose, ante todo, en paisajes frondosos y verdes), no son suficiente para levantarle el alma a un trabajo pesaroso y aburrido. Es una película sin nervio, sin garra alguna que, en parte, rompe un tanto con el estilo más agresivo de su director. El reloj parece encallarse ante el lento devenir de un filme que, al igual que la mayoría de biopics, peca de la poca credibilidad de muchos de sus pasajes.

De todos modos y sólo en parte, Stone sale victorioso en el esforzado retrato psicológico de una mujer amargada y presionada que, por culpa de una violación, ha acabado temiendo (y odiando) a los hombres. Pero, al mismo tiempo, acaba mostrándose patéticamente repetitivo cuando redirecciona las riendas de la película hacia su país natal e insiste, por enésima vez, en las secuelas psíquicas de los excombatientes norteamericanos. Una ocasión propicia para que Tommy Lee Jones, alejándose de su moderación habitual, compusiera un papel plagado de convulsivos tics histriónicos: el de un soldado desquiciado por las barbaridades en las que se vio implicado y que decide acabar con sus propios demonios contrayendo matrimonio con una vietnamita.

La citada Le Ly es Hiep Thi Le, una actriz bajita y muy inexpresiva, cuya equívoca elección como protagonista principal en poco ayudó a los resultados finales de El Cielo y la Tierra. Oliver Stone ya lo había contado todo sobre el Vietnam en sus dos títulos anteriores. Poca cosa más le quedaba en el tintero, y la pretensión de cambiar el punto de vista narrativo sobre los mismos hechos no aportó nada nuevo a su trilogía.

Un filme reiterativo, de imagen preciosista, con una media hora inicial prometedora y sin ningún tipo de ritmo narrativo. Vaya, un aburrimiento innecesario en el que, al menos, el realizador frenó un poco sus habituales desvaríos visuales y las enervantes experimentaciones con todo tipo de formatos cinematográficos.

martes, 5 de julio de 2011

Salvador, de Oliver Stone

Filme basado en las experiencias de Richard Boyle, periodista estadounidense, durante la guerra civil salvadoreña, entre 1980 y 1981.


Boyle (James Woods), está en plena crisis personal y profesional, agudizada por sus problemas con el alcohol y las drogas. Decide entonces viajar a El Salvador como corresponsal de guerra. Va con él su mejor amigo (James Belushi), con quien se convierte en testigo de excepción de los enfrentamientos entre las guerrillas del FMLN y el ejército gubernamental. El Salvador se ha convertido en un infierno por la confrontación, y Boyle trata de salvar la vida de su novia salvadoreña, María (Elpedia Carrillo).

Stone recrea diversas problemáticas a través de la película: el papel de los periodistas en las guerras, la intervención estadounidense en los conflictos latinoamericanos, el paramilitarismo y la corrupción que corroe los gobiernos, entre otras.

Ver tráiler en inglés

miércoles, 29 de junio de 2011

El Che y Gaza

Por Ted Glick
Znet

Traducción de Germán Leyens

El verdadero revolucionario es guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible imaginar a un auténtico revolucionario sin esta cualidad. (…) Es necesario luchar todos los días para que ese amor a la humanidad existente se transforme en hechos concretos, en hechos que sirvan de ejemplo y movilicen” (Che Guevara - “El Socialismo y el hombre en Cuba”, Editora Política, La Habana, 1988)

Me pregunto si, dentro de siglos, el Che Guevara será visto por gente en todo el mundo del modo como Jesús de Nazaret es visto por miles de millones en nuestros días, como un modelo para vivir la propia vida.

Eso sólo ocurrirá, claro está, si la humanidad logra, a breve plazo, evitar un catastrófico cambio climático a través de una revolución energética limpia y, a largo plazo, hacer una revolución amplia y profunda que la aleje del capitalismo y la lleve hacia una sociedad organizada sobre la base del principio del respeto mutuo y de nuestro entorno natural.

Estos pensamientos dominan después de ver la película “Che,” un semi-documental de cuatro horas centrado en una guerra revolucionaria exitosa y otra terriblemente malograda, la primera a fines de los años cincuenta y la segunda en Bolivia a fines de los sesenta. El Che Guevara fue un líder en ambas.

Ayer fue también el día en el que Israel comenzó su invasión de Gaza por tierra. El gobierno israelí fue incitado a ambas porque contaba con el apoyo del gobierno de Bush para ataques aéreos que causaron miles de muertos y heridos y con el ensordecedor silencio del presidente electo Barack Husein Obama. Israel dejó claro, por la enésima vez, que su ocupación militar y cerco brutales e ilegales de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este sólo terminarán cuando sea obligado a hacerlo por una mezcla de resistencia palestina y actos concretos de solidaridad y presión internacionales, así como por una interrupción o reducción de la ayuda militar de EE.UU.

Existe un vínculo extraño entre la segunda mitad de “Che” y lo que ahora tiene lugar en Gaza. En los dos casos, la gente involucrada en la lucha armada contra un gobierno opresor – en un caso, un grupo de orientación socialista y en el otro un grupo islámico radical – enfrentaban o enfrentan el exterminio.

"Che" revela detenidamente lo que tuvo lugar en Bolivia después que, bajo la dirección de Guevara, una columna de guerrilleros armados fue establecida con apoyo cubano en un intento por difundir el proyecto socialista más allá de Cuba. Su descripción sigue a la primera mitad de la cinta que muestra cómo, una década antes, Fidel, el Che, y el pueblo cubano, derrotaron exitosamente la dictadura militar de Batista respaldada por EE.UU. mediante una guerra de guerrillas de dos años de duración.

"Che" no es una biografía detallada del hombre. Un 90% o más de la película es dedicado a una interpretación “como si se estuviera presente” de las realidades diarias de esas dos guerras de guerrillas. Una pequeña parte dramatiza una reunión entre el Che, Fidel y otros en Ciudad de México en 1955, notable por la explicación de Fidel de las realidades explotadoras y brutales de la sociedad cubana que fueron la motivación para su disposición a arriesgar su vida por la causa revolucionaria. Una sección más sustancial es dedicada a la visita del Che a la Ciudad de Nueva York para hablar ante Naciones Unidas. La mayor parte de la motivación política es revelada en esas dos secciones.

La película fue bien preparada y documentada. Aunque se basó en los diarios de Guevara, también hubo, según un artículo en el New York times del 4 de enero, “entrevistas que fueron decisivas. (Peter) Buchman, (Steven) Soderbergh y (Benicio) del Toro viajaron varias veces a Cuba y hablaron con la familia y amigos de Guevara, generales que combatieron en la revolución cubana y sobrevivientes de la expedición boliviana.”

La película no hace un esfuerzo explícito por explicar los motivos por los cuales el levantamiento armado cubano tuvo éxito y el boliviano fracasó, pero se indican varias razones. Una fue la oposición del Partido Comunista de Bolivia al esfuerzo dirigido por Guevara. Una razón relacionada fue la debilidad de la dirigencia indígena boliviana en el esfuerzo; Guevara es claramente la persona dominante. Pero tal vez más significativo fue el rol activo del gobierno de EE.UU. en la dirección militar estratégica y táctica y el armamento de la junta boliviana. Esto incluyó el envío de asesores y entrenadores militares que habían perfeccionado sus habilidades en la guerra de Vietnam. Esa ayuda fue decisiva, llevando al aplastamiento de la columna guerrillera de Guevara.

El personaje de Guevara es representado bien por el actor Benicio del Toro. Es impresionante ver el esfuerzo heroico del Che por impedir que su asma crónica imposibilitara su plena participación en la agotadora actividad requerida durante las guerras revolucionarias. Es presentado como un líder penetrante, que no tolera irrelevancias, incisivo, de hombres (y unas pocas mujeres), dispuesto a hacer todos los sacrificios necesarios, incluyendo el de su vida, para defender la causa revolucionaria.

Al final de la película, después que Guevara es herido y capturado, y es interrogado por sus captores, hace el comentario de que, para parafrasear: “tal vez nuestro fracaso les enseñe lecciones,” refiriéndose a los bolivianos en general así como a los campesinos del área donde había operado, porque no estuvieron dispuestos a apoyar su esfuerzo. Ante la aparición, varias décadas después, del Movimiento al Socialismo boliviano, y su éxito en la elección de Evo Morales a la presidencia, así como el crecimiento del proyecto socialista en Venezuela, Ecuador y otros sitios en Latinoamérica, parece que tenía razón.

El film muestra la muerte del Che como digna de su persona. Herido y tumbado en el suelo, uno de los verdugos le ordena que se levante. Mirándolo directamente a los ojos, se niega y le dice: “Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre."

El Che Guevara, si estuviera vivo, sentiría solidaridad hacia los que hoy están bajo fuego en Gaza. Extraería fuerza, como lo hice yo, de los miles de jóvenes y árabes con los que marché ayer por el centro de Manhattan. Gritando “¡Gaza no llores, Palestina nunca morirá!” y ¡Libre, libre, Palestina!,” su cólera, energía y determinación eran palpables.

El joven Fred Hampton, líder del Partido Black Panther de Chicago, asesinado por la policía en 1969, dijo que: “Puedes matar al revolucionario, pero no puedes matar a la revolución.” La película “Che” y la continua resistencia en Palestina y en todo el mundo contra un orden mundial profundamente injusto, confirman esa verdad de la historia.

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Ted Glick ha sido activista y organizador progresista desde 1968. Anteriores columnas y más información se encuentran en http://www.tedglick.com.

Consultar artículo original en inglés.

Publicado originalmente en enero de 2009.

lunes, 6 de junio de 2011

Antes de la tormenta

Treinta días después de la grabación de estas imágenes, el comandante Jorge Briceño (el Mono Jojoy) y nueve de sus hombres fueron abatidos en un bombardeo del ejército colombiano. Documental de la última entrevista al comandante de las FARC. Una realización de Jorge Enrique Botero y TV Mula.

Primera parte



Segunda parte

viernes, 27 de mayo de 2011

Riochiquito

Documental filmado por los franceses Jean Pierre Serget y Bruno Muel en las montañas de Colombia en 1965

Primera parte



Segunda parte

domingo, 30 de enero de 2011

Todo sobre Bloody Sunday (Domingo sangriento)


Sinopsis

En Irlanda del Norte, el 30 de enero de 1972, trece personas murieron en las calles de la ciudad de Derry (Londonderry para los ingleses) y otras catorce fueron heridas por las balas del ejército británico. Eran unos civiles desarmados que participaban en una manifestación contra el decreto del Gobierno británico autorizando los internamientos preventivos. Este día, que se conoce en la historia por el nombre de Bloody Sunday (Domingo Sangriento), fue crucial en la historia contemporánea del problema irlandés porque convirtió el conflicto (que se arrastra desde hace más de 700 años) en una guerra civil, hizo que muchos jóvenes se integraran al IRA y alimentó un ciclo de 25 años de violencia. La película cuenta lo que pasó ese día, desde el amanecer hasta el anochecer, desde la llegada de las tropas a las calles de la ciudad sitiada hasta la violenta actuación de los soldados del formidable Regimiento de Paracaidistas contra los manifestantes civiles, y sigue con algo más de detalle a cuatro hombres: Ivan Cooper, líder de los defensores de los derechos civiles, lleno de idealismo y que comparte el sueño de Martin Luther King de lograr un cambio pacífico; Gerry Donaghy, un rebelde católico de 17 años, que desea establecerse y casarse con su chica (protestante) pero que se ve arrastrado por el enfrentamiento con los soldados; el general de brigada Patrick MacLellan, comandante del ejército británico en Londonderry, que se ve presionado para que detenga con firmeza la manifestación, y un joven soldado, un operador de radio de los paracaidistas, que, junto a su unidad de aguerridos veteranos, recibe la orden de entrar en el Bogside.

Ficha técnica

Dirección y guión: Paul Greengrass.
Países: Irlanda y Reino Unido.
Año: 2002.
Duración: 107 min.
Interpretación: James Nesbitt (Ivan Cooper), Tim Pigott-Smith (General Ford), Nicholas Farrell (Brigada Maclellan), Gerard McSorley (Lagan), Kathy Keira Clarke (Frances Cooper), Allan Gildea (Kevin McCorry), Gerard Crossan (Eamonn McCann), Mary Moulds (Bernadette Devlin), Declan Duddy (Gerry Donaghy).
Producción: Mark Redhead.
Producción ejecutiva: Jim Sheridan, Pippa Cross, Rod Stoneman, Paul Trijbits y Tristan Whalley.
Música: Dominic Muldoon.
Fotografía: Ivan Strasburg.
Montaje: Clare Douglas.
Diseño de producción: John Paul Kelly.
Dirección artística: Padraig O'Neill.
Vestuario: Dinah Collin.
Estreno: 2002.

Tráiler (en inglés)



Bloody Sunday: Los hechos y sus antecedentes

En enero de 1972, la Asociación de Derechos Civiles de Irlanda del Norte, que trabajaba conjuntamente con grupos locales, convocó una manifestación de protesta para el domingo 30 de enero. La manifestación iba a empezar en Bishop’s Field, en Creggan, el barrio católico edificado en una pelada colina muy lejos del centro y seguiría por “Free Derry” hasta el Ayuntamiento, la sede del poder político local (protestante) para celebrar un mítin. El objetivo de la manifestación era protestar contra los internamientos sin juicio, medida introducida por el Gobierno británico el verano anterior por presiones del Gobierno unionista en Stormont, que advirtió que se produciría una violenta reacción protestante contra el creciente malestar de los católicos.

jueves, 27 de enero de 2011

Platoon, de Oliver Stone

Película clásica del cine bélico, ganadora de cuatro premios Óscar en 1986, incluídos mejor película y mejor director.


Platoon (conocida como Pelotón en Hispanoamérica) es una película bélica de 1986, ambientada en Vietnam. Fue dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Tom Berenger, Willem Dafoe y Charlie Sheen. Es la primera de la trilogía de películas sobre la guerra de Vietnam de Oliver Stone, seguida por Nacido el 4 de julio (1989) y El cielo y la tierra (1993).

Oliver Stone participó en la guerra de Vietnam, y luego de su regreso comenzó a escribir el guión para el filme, quizás para contrastar la visión oficial estadounidense de la guerra de Vietnam, retratada en Los boinas verdes (The Green Berets) de John Wayne.


La historia comienza cuando el recluta Chris Taylor (Charlie Sheen) es enviado a Vietnam. Se une a una unidad de infantería y comienza su participación en la guerra. Su inocencia pronto se convierte en cinismo a medida que experimenta la dura vida de la infantería en la jungla, al presenciar asesinatos y actos ilegales. Finalmente, Taylor toma parte en una venganza contra un superior, el sargento Bob Barnes (Tom Berenger), acto denominado comúnmente como fragging, y que consistía en acabar con la vida de un compañero mediante una granada de mano.

La película puede entenderse como una guerra por el alma de Taylor y el resto de la unidad. Mientras que los enemigos siguen siendo los vietnamitas, Taylor se ve envuelto en una lucha entre dos sargentos, Barnes y Elias, (Tom Berenger y Willem Dafoe, respectivamente). Finalmente, Taylor toma partido por Elias, que ha asumido la contracultura ética de los años 60. Durante una batalla contra los vietnamitas, Elias es asesinado por Barnes y al final de la película será Taylor el que acabe con Barnes.

viernes, 21 de enero de 2011

The Wind That Shakes The Barley (trailer)



2006 Ken Loach film starring Cillian Murphy and Liam Cunningham. Two brothers fight the British for Irish independence then find themselves on opposite sides of the Irish Civil War.

Ver reseña y tráiler en español.

sábado, 8 de enero de 2011

Érase una vez la década sin nombre

Diez años de guerras a través del cine

Por si alguien se hubiera perdido la última década, el cine anglosajón se ha tomado la molestia de ofrecerla para amplias audiencias en ese anticuado formato de 90 minutos. Recorremos 13 películas que son un retrato diverso del estupor que arranca el 11-S y se prolonga hasta hoy.

Por Javier de Frutos
Diagonal

El primer personaje de esta historia es un controlador aéreo. Y el primer escenario: el caos desatado en las torres de control de Nueva York cuando empiezan a desaparecer de la pantalla vuelos que han emprendido virajes extraños y descienden sobre el sur de la isla de Manhattan.

Septiembre de 2011

United 93 (Paul Greengrass, 2006) narra con tono realista y actores desconocidos la peripecia de los ocupantes del cuarto avión secuestrado y la extrema tensión vivida en los centros civiles y militares de control aéreo. La textura fría de las imágenes, el ritmo vertiginoso y los múltiples fragmentos de diálogo reconstruyen 90 minutos de angustia y desconcierto. Se realizó con el apoyo de las familias de los fallecidos en el vuelo que se estrelló finalmente en Pensilvania, y se ajusta por tanto a la versión ofrecida por éstas a modo de “homenaje a los héroes anónimos”.

Semejante pretensión de homenaje guía cada secuencia de World Trade Center (Oliver Stone, 2006), aunque aquí el relato, que también se reclama basado en hechos reales, se centra en dos personajes: los policías de la Autoridad Portuaria John Mc- Loughlin (Nicolas Cage) y Will Jimeno (Michael Peña). Ambos se adentraron en las Torres Gemelas y quedaron sepultados bajo los escombros. La heterodoxia de Stone brilla por su ausencia en este filme de factura clásica, con escenas de drama demorado y una última imagen premonitoria: la bandera de EE. UU. ondea sobre los rescoldos de la zona cero.

Tuvieron que transcurrir cinco años hasta que United 93 y World Trade Center ofrecieran la primera versión canónica del 11-S, años en los que Hollywood estuvo más ocupado en retrasar estrenos de películas de catástrofes, modificar guiones y borrar las Torres Gemelas de algunas de sus producciones. Sin embargo, el primer filme con repercusión sobre el 11-S y sus inmediatas consecuencias había sido distribuido en 2002. 11 de septiembre - 11”09”01 ofrece la visión de once directores (Amos Gitai, Kean Loach y Sean Penn, entre otros) sobre las repercusiones planetarias de la tragedia. El resultado, un filme tan interesante como desigual, tan lírico como errático.

Afganistán, preparando Irak

La guerra de Afganistán lleva camino de convertirse en la guerra jamás contada y el cine ha contribuido a esta opacidad. Entre las excepciones destaca Camino a Guantánamo (Michael Winterbottom y Mat Whitecross, 2006), que reconstruye el drama vivido por cuatro jóvenes británicos que se encontraban en Pakistán en octubre de 2001 para asistir a la boda de uno de ellos. Desde allí viajaron a Afganistán, donde terminaron como prisioneros del Ejército estadounidense; tres de ellos fueron trasladados a Guantánamo. Utilizando recursos del documental (voz en off, imágenes de archivo y entrevistas a los protagonistas reales) y una cuidada reconstrucción de los hechos en clave de ficción, la película ofrece una visión descarnada de la práctica sistemática de la tortura en Guantánamo y los centros de detención de Afganistán. En 2004, los cuatro jóvenes fueron trasladados a Londres y puestos en libertad sin cargos.

En esa misma guerra interminable de Afganistán se encuentran atrapados los soldados Ernest Rodríguez y Arian Finch, heridos en territorio enemigo en Leones por corderos (Robert Redford, 2007). Un territorio remoto para los políticos y periodistas de Washington, enredados en filtraciones y reproches (trama teatral interpretada por Tom Cruise y Meryl Streep), y para profesores progresistas y dialogantes (papel que se reserva Robert Redford). La pregunta que subyace es: en una batalla alimentada con parias, proletarios, minorías, ¿qué papel le está reservado a la generación, ahora acomodada, que se opuso a la guerra del Vietnam?

Esta cuestión incómoda de quiénes forman el Ejército aparece planteada en términos más espectaculares en Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), en cuya secuencia final el propio Moore sugiere a los congresistas que animen a sus hijos a alistarse. El estilo incisivo del cineasta cobra pleno sentido en esos diálogos incómodos a las puertas del Capitolio.

Pero si es verdad que la comedia es tragedia más tiempo, tal vez seis años sean suficientes para cumplir ese trámite y poder reírse de aquellos días funestos de 2003 en los que la diplomacia estadounidense y británica tejió los argumentos para la intervención en Irak. Así, In the Loop (Armando Iannucci, 2009) es un retrato mordaz y caricaturesco (o no tanto) de los comités, informes, entrevistas, reuniones, etc., en definitiva, de todo el andamiaje que soportan las decisiones que ya están tomadas.

¿Qué hacemos aquí?

Y entonces llegó la guerra… de Irak. Y años después el cine de 90 minutos, 35 milímetros, inspirado en hechos reales y versión original en inglés comenzó a contarla, y lo hizo con secuencias rápidas, cámara en mano, diálogos cortantes, el sopor de la calima y una pregunta que se repite como un mantra: “¿Qué hacemos aquí?”.

Bagdad. Abril de 2003. Matt Damon interpreta en Green Zone (Paul Greengrass, 2010) al subteniente Roy Millar en su búsqueda desesperada de las armas de destrucción masiva. Su vivencia parece un trasunto en clave de acción y videojuego de la decepción de quienes creyeron que había motivos para invadir Iraq.

Bagdad. 2004. La producción de mayor éxito y repercusión, En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2009), Oscar a la mejor película en 2010, se sitúa en un Bagdad fantasmal en el cual el héroe es un sargento especializado en desactivación de explosivos. Bajo el pesado equipo de protección, su campo de visión es muy limitado. Los 140 minutos de metraje se prolongan como un relato eterno del desactivador heterodoxo.

Hadiza. Noviembre de 2005. Para entonces, los marines están tan aburridos como “listos para matarlos a todos”. Así que cuando son víctimas de una bomba deciden seguir el “procedimiento estándar” en un entorno hostil. La batalla de Hadiza (Nick Broomfield, 2007) narra con dureza desde tres ángulos (marines, civiles iraquíes e “insurgentes”) el horror de la masacre perpetrada por el ejército estadounidense en respuesta a un atentado. La convincente trama protagonizada por iraquíes constituye una rareza en el género. No resulta extraño en cambio el final que sugiere una investigación y un castigo.

Samarra. Julio de 2006. Tedio, horror, investigación, castigo y una película que lo cuenta es también el esquema de Redacted (Brian de Palma, 2007). La historia de la violación y asesinato de una joven iraquí perpetrados por dos soldados estadounidenses está construida recreando los lenguajes audiovisuales que han reflejado la guerra en tiempo real (vídeos de soldados, cámaras fijas de vigilancia, telediarios, vídeos en YouTube, webs, etc.). ¿Otorga este formato múltiple mayor apariencia de verosimilitud?

Volver a casa

Dentro del género bélico, el regreso a casa constituye un subgénero explorado hasta la extenuación en el caso de Vietnam. Entre las propuestas sobre el retorno de Irak, En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007) destaca por su forma de sugerir el horror a través del desconcierto de un padre que busca a su hijo, ex combatiente de Irak misteriosamente desaparecido a su regreso. Horror presente en los fragmentos de una grabación de móvil y en lo que la película insinúa sin mostrar.

Ahora bien, el último personaje de esta historia ha de ser un ex presidente aislado con sus recuerdos. En El escritor (Roman Polanski, 2010), Adam Lang (Pierce Brosnan), ex primer ministro británico empeñado en escribir sus memorias y lavar su imagen, pero perseguido por la acusación de haber cometido crímenes de guerra, busca expiar sus culpas. No lo consigue. Fundido en negro.