jueves, 13 de febrero de 2014

Oso de Oro a carrera de Ken Loach

El director británico y maestro del cine social, Ken Loach, recibió un tributo en el marco del 64º Festival de Berlín, donde se le entregó un Oso de Oro honorario a la carrera.


El homenaje estuvo acompañado por una retrospectiva selecta de su obra -siempre presente de la Berlinale-, así como una clase magistral en el teatro Hebbel para jóvenes participantes del Talent Campus y un debate en la sede de la Cinemateca Alemana en la Filmhaus de Potsdamer Platz.

Loach, de 77 años de edad y con 50 de carrera, siempre afrontó temas de actualidad, como la desocupación, el ocaso de los sindicatos, la globalización y la injusticia social.

También su cine se destaca por recordar momentos señeros de la historia, por ejemplo la guerra civil en Irlanda o en España, o la asistencia social gratuita creada por los laboristas británicos después de la Segunda Guerra Mundial y destruida por Margaret Thatcher 40 años más tarde.

Ése fue justamente el tema de Loach en su último paso por la Berlinale, el documental “The Spirit of ’45″, que no figura entre las 10 películas de la Retrospectiva. Entre los filmes seleccionados para la ocasión se encuentran “Cathy Come Home” de 1966, “Kes” de 1969 y “Looking for Eric” de 2009, así como “Raining Stones” de 1993, “Ladybird Ladybird” de 1994, “Land and Freedom” de 1995 y “My Name is Joe” de 1998.

“Ken Loach es uno de los grandes directores europeos que ha demostrado una extraordinaria continuidad durante casi 50 años, aunque siempre se ha mantenido innovador”, declaró el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, quien le entregó el premio. “Loach ha expresado su profundo interés por la crítica social, usando diferentes técnicas y lenguajes cinematográficos que van del documental a la ficción para contar la vida cotidiana de los humildes y los desvalidos”, prosiguió Kosslick.

Y agregó: “Hoy rendimos homenaje a Ken Loach como director y como hombre que ha sabido reflejar las diversas injusticias sociales en sus películas, hechas a menudo con humor”.

ANSA

martes, 28 de enero de 2014

Mia Farrow visita zona de desastre ambiental que dejó Chevron en Ecuador

La actriz visitará este martes el pozo Aguarico 4, en la Amazonia ecuatoriana, para constatar el daño ambiental que dejó la transnacional petrolera Chevron. Farrow se une de esta manera a la campaña “La mano sucia de Chevron”, que busca demostrar y detener las acciones de la empresa contra el país.


Por Telesur 

Para dar su respaldo a la campaña “La mano sucia de Chevron”, impulsada por Ecuador, la actriz estadounidense Mia Farrow visita este martes el pozo Aguarico 4, en la Amazonia de este país suramericano, para comprobar el daño ambiental dejado por esta transnacional.

De esta manera, Farrow, embajadora de buena voluntad de la Unicef, se une a esta campaña, que busca mostrar al mundo la afectación de la petrolera y contrarrestar las acciones de la transnacional estadounidense en contra del país.

Labor humanitaria

Mia Farrow participó la víspera del cambio de guardia del Palacio de Carondelet junto al presidente Rafael Correa.

Farrow es reconocida por su personalidad altruista. La revista Time la eligió como una de las personas más influyentes del mundo; y en 2011 el Museo del Holocausto en Houston (Estados Unidos) le otorgó el premio Lyndon Baines Johnson Moral Courage por su labor humanitaria.

La artista nació el 9 de febrero de 1945 en Los Angeles, California (Estados Unidos), en 1968 alcanzó éxito en la gran pantalla al protagonizar el papel de Rosemary Woodhouse en ‘La Semilla del Diablo’.

Desde ahí siguió su larga trayectoria cinematográfica, la que comparte con las acciones benéficas. Uno de sus últimos trabajos fue su aparición como abuela de Freddie Highmore en las películas de Luc Besson sobre ‘Arthur y Los Minimoys’.

También Jean-Luc Mélechon

Tras visitar la zona en diciembre pasado, el reconocido líder de la izquierda francesa, Jean-Luc Mélechon, catalogó la contaminación que dejó Chevron en la Amazonia ecuatoriana como el crimen más visible que ha dejado el capitalismo.

Al llegar al pozo Aguarico 4, el político francés recorrió diversas piscinas de residuos tóxicos y constató el desastre humano y natural que ocasionó la negligencia de la petrolera en Ecuador.

“Esto no es un accidente ellos lo hicieron con el conocimiento de que estaban haciendo daño a la gente. No tienen ninguna moral, enseñaron a los niños a bañarse, beber y consumir las aguas contaminadas con artimañas y engaños”, dijo el excandidato a la presidencia de Francia.

Si quieres conocer a fondo cómo Chevron dañó la Amazonia de Ecuador visita nuestro especial multimedia #LaManoSuciaDeChevron.

viernes, 17 de enero de 2014

Carlos el Chacal

Miniserie y película francesa del director Olivier Assayas sobre el guerrillero venezolano Ilich Ramírez, o "Carlos, el Chacal". El canal A&E presentará la versión de la miniserie el 18 y el 25 de enero.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Imágenes fuertes

Que Cine Colombia se niegue a pasar en sus salas el tráiler de un documental del Centro de Memoria Histórica es un caso aberrante de censura. 

Por Marta Ruiz 

En marzo de este año Cine Colombia decidió hacerle un homenaje a Quentin Tarantino y trajo de nuevo a sus salas la película Pulp Fiction (Tiempos Violentos), un clásico del cine de violencia en el que John Travolta y Samuel Jackson no escatiman tiro en los sesos de sus víctimas, donde se consume cocaína en primerísimo plano y hay sangre a borbotones. Una buena dosis de estos ingredientes se puede ver en el tráiler con el que se promovió el regreso de la película:

   

Aunque no soy cinéfila, debo confesar que he visto algo de Tarantino: Perros de la reserva, Jackie Brown, la propia Pulp Fiction y por supuesto Kill Bill, a pesar de lo poco adorable que es Uma Thurman a la hora de matar. Son películas duras y aun así, que yo sepa, nadie sería tan insolente como para pedirles a los productores que cambien algunas de sus imágenes más fuertes. Eso, lo saben los programadores de cine, sería considerado censura, por no decir estupidez.

Pero qué paradoja. Cine Colombia acaba de negarse a pasar en sus salas un tráiler de dos minutos y medio para promover el documental No hubo tiempo para la tristeza, realizado por Jorge Mario Betancur y Patricia Nieto para el Centro de Memoria Histórica, y que resume el Informe General del Conflicto Colombiano Basta ya.

  

El Centro de Memoria llevaba varias semanas negociando la transmisión del tráiler, que no era gratis, por cierto, sino un negocio por el que se pagarían 140 millones de pesos. Ni siquiera se trataba de pasar el documental completo, que dura una hora y cuatro minutos y que explica en profundidad cómo llegamos a tener en las últimas décadas 220.000 muertos, 27.000 desaparecidos, igual número de secuestrados y cinco millones y medio de desplazados.

Este es un documental serio que muestra el sufrimiento, la lucha y la dignidad de las víctimas, y que explica la magnitud y las causas de la guerra colombiana. Y lo que buscaba el Centro de Memoria Histórica era promoverlo entre un público urbano al que el conflicto le vale huevo. A lo mejor con el tráiler, algún despistado adolescente, de esos que van al cine a hartarse de crispetas, se interesaba en la historia de su país, ya que, por cierto, en los colegios acabaron con esta asignatura.

Pero Cine Colombia (o quienes negocian por ellos) prefirió no publicar la pieza. Les pidió a los productores, de manera insolente, que quitaran las imágenes fuertes. Se refieren seguramente las llamas que consumen al Club El Nogal luego de un atentado terrorista, o a los cuerpos tendidos de varios campesinos luego de una masacre. Nada que no hayan mostrado los noticieros y nada que no merezca ser visto por los colombianos como parte del reconocimiento de la tragedia colectiva que hemos vivido.

Claro que hay que reconocer que los ejecutivos que pidieron la mutilación del tráiler le brindaron varias alternativas a Memoria Histórica. Por ejemplo, pasarlo por Blu Radio o publicarlo en El Espectador. Vaya uno a saber cómo pensaban estos genios del cine pasar una pieza audiovisual por la radio.

Para mí está claro que este es un caso de censura, agravado por ser Cine Colombia una empresa dominante en su área. Aunque, como es usual, a la arbitrariedad le sumen el peregrino argumento de que como entidad privada tienen derecho a publicar lo que bien les parezca.

Que Cine Colombia llene sus arcas con cine de violencia y se niegue a venderle un pírrico espacio a un documental emblemático sobre el sufrimiento de las víctimas es prueba de la fractura social que vivimos. De la corta visión de país que tienen ciertos empresarios y de que algunas de nuestras más influyentes industrias culturales están en manos de cínicos.