La cadena pública italiana lo ha censurado por considerar que no se trata de "una película sino de un mensaje político".
Por Rebelión
La televisión pública italiana RAI ha prohibido la emisión del tráiler de un documental crítico con el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, titulado Videocracy, según informaron hoy los medios de ese país.
Videocracy muestra el nacimiento y la evolución del grupo de comunicación Mediaset, controlado por Berlusconi, y será la película protagonista de una velada especial que realizarán conjuntamente la Semana Internacional de la Crítica (SCI) y Jornadas de los Autores, las dos principales secciones paralelas de la Mostra de Venecia.
La RAI y Mediaset, en contra
El diario La Repubblica asegura que la razón por la que la RAI ha rechazado emitir el tráiler es porque la película dice que el 80% de los italianos utilizan la televisión como fuente principal de información.
Según el periódico italiano, la RAI considera que esta idea podría llevar a pensar que el Gobierno trata de influir en los ciudadanos para asegurarse un consenso, sobre todo teniendo en cuenta que Berlusconi controla el grupo Mediaset, del que forman parte tres de los cuatro canales privados que pueden verse actualmente en territorio italiano.
Además, la RAI señaló a través de una carta que, a pesar de que Italia no se encuentra en un periodo de campaña electoral, el pluralismo de la cadena "es sagrado" y que si en el anuncio de la cinta es posible identificar una crítica a una facción política, entonces éste debe ser sucedido por otro mensaje de la ideología opuesta.
Por su parte, Mediaset ha atribuido su rechazo al tráiler a que "es un ataque al sistema de televisión comercial", según ha asegurado el responsable de la distribuidora de la película, Domenico Procacci.
Procacci ha explicado también que la película es un relato sobre los cambios que ha sufrido Italia en los últimos treinta años, y no un ataque contra Berlusconi como han interpretado la RAI y Mediaset.
viernes, 28 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009
Oliver Stone presenta en Venecia documental sobre Chávez

Por Andreína Gutiérrez
LibreRed
En el marco de la 66 edición del Festival Internacional de Cine de Venecia -que se realizará en la citada ciudad italiana, del 2 al 12 de septiembre- el controvertido realizador norteamericano Oliver Stone presentará fuera de competencia, su más reciente documental titulado “South of the border” o “Al sur de la frontera”, en el que cineasta explora el surgimiento de la izquierda latinoamericana, a través de la figura del presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías.
Para Stone, quien estrenó recientemente “W” -también producción documental en la que analiza la presidencia del mandatario estadounidense George W. Bush,- “Al sur de la frontera” se centra en la figura del presidente venezolano, por considerar que Chávez encarna el espíritu de los cambios que vive actualmente Suramérica, lo que lo lleva a definirlo como “el campeón vigoroso y cabal de los cambios en América Latina”.
En este sentido, la figura del mandatario venezolano es para Stone la más representativa de lo que ocurre en Latinoamérica, aunque no la única, pues aunque considera que Chávez es el protagonista de la película, realizó también entrevistas a Luiz Inácio Lula Da Silva, presidente de Brasil, al presidente boliviano Evo Morales, al matrimonio Kirchner en Argentina y al actual presidente de Paraguay, Fernando Lugo.
De la misma manera, Stone filmó en la casa de la familia del presidente venezolano, ubicada en Sabaneta de Barinas y asistió también a diferentes reuniones de trabajo con él, en las que el primer mandatario analizó asuntos internacionales, petroleros e hizo referencia a sus ideas sobre el socialismo y el pensamiento del Libertador, Simón Bolívar.
De compartir estas experiencias y de su contacto directo con el presidente, Stone concluyó que Chávez es un hombre de energía embriagadora, grandes ideas y líder de cambios mundiales que se están extendiendo por todas partes; todos éstos aspectos que destaca en el citado documental.
Sobre Oliver Stone
El director neoyorkino Oliver Stone tiene actualmente 62 años y ha ganado 3 premios Óscar por sus películas “El expreso de medianoche” (guión adaptado, 1978), “Pelotón” (dirección, 1986) y “Nacido el 4 de julio” (dirección, 1989). La polémica que han desatado sus diferentes producciones está ligada a la connotación política que rodea a su filmografía, mayoritariamente inspirada en hechos reales.
domingo, 22 de marzo de 2009
"RAF", una película y sus fantasmas
En estos días se proyecta en las pantallas de Euskal Herria «RAF: Fracción del Ejército Rojo», largometraje alemán dirigido por Uli Edel y nominado a mejor película de habla no inglesa en la pasada edición de los Oscar. El autor del artículo recomienda la película y se fija en el acierto de una nueva generación de cineastas que abordan la relectura histórica desde el medio cinematográfico.
Por Joseba Macías
Gara
El cine alemán sigue atravesando un momento dulce en el siempre difícil contexto de las cinematografías periféricas al gran oligopolio hollywoodense. No me refiero sólo al éxito comercial o a la posibilidad de haber conseguido distribuir y exhibir en los últimos años y más allá de sus fronteras una serie de títulos abalados por la taquilla («El Perfume», «El gran silencio», «Plan Imperfecto»...) sino, fundamentalmente, a la recuperación de una cultura cinematográfica en la que la reincorporación de la memoria histórica juega un papel fundamental («El hundimiento», «Good Bye Lenin», «La vida de los otros», «Los falsificadores»...).
Es innegable que el siempre difícil ejercicio de volver la mirada hacia períodos todavía recientes y nunca superados en la intensa y convulsa crónica de la Alemania del siglo XX, nos muestra claramente una perspectiva fundamental: la propiciada por unos cineastas que saben utilizar también el medio audiovisual como agenda necesaria de relectura histórica, de nueva y siempre obligada mirada sobre realidades que desde el poder establecido se trata sistemáticamente de borrar del imaginario social y del inconsciente colectivo de unas generaciones demasiado hipotecadas a un pasado saturado de traumas y silencios consensuados.
La llegada ahora a las pantallas vascas de la película «RAF, Facción del Ejército Rojo» (en el original con un título tan coherentemente sensacionalista como «El complejo Baader-Meinhof») nos posibilita acercarnos a este espíritu de relectura histórica propiciado por una nueva generación de cineastas inquietos. El estreno alemán del film ya dio lugar en estas mismas páginas a más que interesantes artículos de dos buenos amigos (Ingo Niebel y Mikel Insausti), pero me gustaría incorporar una nueva reflexión ahora que la mayor parte de los ciudadanos vascos tenemos oportunidad de verla en nuestros cines o, lo que es lo mismo, de observar de primera mano la reconstrucción de unos años de intensa respuesta social que forjaron, también entre nosotros (as), un amplio universo crítico y plural ante el «poder del Estado» mantenido higiénicamente hasta nuestros días.
Tengo que señalar, de entrada, que la película me ha parecido interesante en su reconstrucción de una época y una transgresión socializada. Más allá de determinadas figuras caricaturizadas, de falta de contextualizaciones necesarias, o de situaciones no suficientemente explicadas, la narración cronológica de unos años que empiezan con la respuesta estudiantil y popular ante la visita del Sha de Persia a Alemania (1967) y culminan con la ejecución del entonces jefe de la patronal y antiguo militante nazi Hans-Martin Schleyer (1977), recrea sucintamente el tiempo y el entorno que generan la aparición de la respuesta armada de la Rote Armee Fraktion (RAF, Fracción del Ejército Rojo) y las primeras acciones de una organización político-militar que mostró como nadie las contradicciones innatas al «moderno estado capitalista alemán».
A lo largo de casi dos horas y media recorren la pantalla las imágenes de Vietnam, las asambleas estudiantiles con el inolvidable Rudi Dutschke, los entrenamientos junto a los palestinos del Frente Popular, las debilidades del Estado, la tragedia de Munich '72, los mecanismos de represión generalizada, los juicios-farsa de un poder que termina sentado en el banquillo de los acusados simbólicos, el papel del «establishment» alemán en el amparo del imperialismo norteamericano, los «suicidios» en la cárcel de Stammheim...
Es cierto, como señalan algunos críticos, que en ocasiones da la impresión de que estos jóvenes comprometidos son más una banda de snobs con espíritu rockero que una célula militante. Pero es innegable también que estamos ante una valiente mirada de un nuevo cine germano que recupera la larga tradición crítica marcada por cineastas históricos como Kluge, Schlöndorf, Reitz, Fassbinder o Von Trotta, quienes hace ya muchos años nos dejaron títulos emblemáticos sobre este período como «Alemania en otoño» (1977) o «Las hermanas alemanas» (1982).
Dirigida por Uli Edel, realizador de películas comerciales como «Yo Cristina F.» o «El cuerpo del delito» y de superproducciones televisivas como «El anillo de los nibelungos», «RAF» ha vivido la polémica habitual consustancial a cualquier ejercicio de indagación en una historia reciente sumida en la discordia, como bien podrían contar los directores Julio Medem o Jaime Rosales en su durísima experiencia cercana... Pero más allá de los ruidos habituales, la película contribuye de una manera fehaciente a propiciar un debate social secuestrado por las fuerzas del «orden establecido».
Es cierto que han ocurrido muchas cosas en Alemania en estos treinta años: una reunificación llena de traumas y mentiras, una manifiesta deslegitimación de la partidocracia reinante, la potenciación de nuevos mecanismos de integración de la clase trabajadora en las estructuras del sistema, la aparición de originales movimientos de contestación y respuesta, el aumento sustancial de nuevos flujos de emigración no comunitaria, la desaparición de la última generación de los militantes de la RAF a finales de los años ochenta...
Pero en la película aparecen dos elementos esenciales que todavía hoy (y quizá más que nunca) siguen teniendo un papel hegemónico en la manipulación de las conciencias y de las voluntades: la socialdemocracia política y los medios de comunicación. Hay un momento cumbre en el film cuando el siempre mágico Bruno Ganz (Horst Herold) observa las imágenes en la televisión de un Willy Brandt que en 1969 es designado como nuevo canciller de la República Federal. Una escena en la que se muestra a la perfección el discurso de criminalización y asimilación como dos caras de la misma moneda.
Lo mismo ocurre con el imperio mediático del editor Alex Springer que llega a controlar en los años setenta del pasado siglo el 89% de la producción impresa alemana con publicaciones que van desde el escándalo, la pornografía y el sensacionalismo hasta el «análisis político». El mismo grupo Springer que hablará de que «la policía cumple con su deber» cuando asesinan en las calles de Berlín al estudiante Benno Ohnesorg, como se ve en la película. O que conseguirá, con su permanente presión, que el policía autor de los disparos salga absuelto unos meses más tarde por decisión del Tribunal de Justicia... Las cosas no han cambiado mucho.
Como diría en aquel tiempo un sociólogo berlinés, «Springer somete a los alemanes a un atontamiento sistemático, ofreciéndoles de todas las cosas la visión más apta para despertar sus más bajos instintos». Algo de lo que también por aquí hemos aprendido suficientemente en este cursillo permanente e intensivo de «nuevos tiempos-nuevo periodismo»... Por eso, películas como «RAF: Facción del Ejército Rojo» tienen la enorme virtud de proponernos, en contrapunto, un sano ejercicio de reflexión colectiva. Aunque sólo sea por eso, ir a verla ya merece la pena.
Por Joseba Macías
Gara
El cine alemán sigue atravesando un momento dulce en el siempre difícil contexto de las cinematografías periféricas al gran oligopolio hollywoodense. No me refiero sólo al éxito comercial o a la posibilidad de haber conseguido distribuir y exhibir en los últimos años y más allá de sus fronteras una serie de títulos abalados por la taquilla («El Perfume», «El gran silencio», «Plan Imperfecto»...) sino, fundamentalmente, a la recuperación de una cultura cinematográfica en la que la reincorporación de la memoria histórica juega un papel fundamental («El hundimiento», «Good Bye Lenin», «La vida de los otros», «Los falsificadores»...).
Es innegable que el siempre difícil ejercicio de volver la mirada hacia períodos todavía recientes y nunca superados en la intensa y convulsa crónica de la Alemania del siglo XX, nos muestra claramente una perspectiva fundamental: la propiciada por unos cineastas que saben utilizar también el medio audiovisual como agenda necesaria de relectura histórica, de nueva y siempre obligada mirada sobre realidades que desde el poder establecido se trata sistemáticamente de borrar del imaginario social y del inconsciente colectivo de unas generaciones demasiado hipotecadas a un pasado saturado de traumas y silencios consensuados.
La llegada ahora a las pantallas vascas de la película «RAF, Facción del Ejército Rojo» (en el original con un título tan coherentemente sensacionalista como «El complejo Baader-Meinhof») nos posibilita acercarnos a este espíritu de relectura histórica propiciado por una nueva generación de cineastas inquietos. El estreno alemán del film ya dio lugar en estas mismas páginas a más que interesantes artículos de dos buenos amigos (Ingo Niebel y Mikel Insausti), pero me gustaría incorporar una nueva reflexión ahora que la mayor parte de los ciudadanos vascos tenemos oportunidad de verla en nuestros cines o, lo que es lo mismo, de observar de primera mano la reconstrucción de unos años de intensa respuesta social que forjaron, también entre nosotros (as), un amplio universo crítico y plural ante el «poder del Estado» mantenido higiénicamente hasta nuestros días.
Tengo que señalar, de entrada, que la película me ha parecido interesante en su reconstrucción de una época y una transgresión socializada. Más allá de determinadas figuras caricaturizadas, de falta de contextualizaciones necesarias, o de situaciones no suficientemente explicadas, la narración cronológica de unos años que empiezan con la respuesta estudiantil y popular ante la visita del Sha de Persia a Alemania (1967) y culminan con la ejecución del entonces jefe de la patronal y antiguo militante nazi Hans-Martin Schleyer (1977), recrea sucintamente el tiempo y el entorno que generan la aparición de la respuesta armada de la Rote Armee Fraktion (RAF, Fracción del Ejército Rojo) y las primeras acciones de una organización político-militar que mostró como nadie las contradicciones innatas al «moderno estado capitalista alemán».
A lo largo de casi dos horas y media recorren la pantalla las imágenes de Vietnam, las asambleas estudiantiles con el inolvidable Rudi Dutschke, los entrenamientos junto a los palestinos del Frente Popular, las debilidades del Estado, la tragedia de Munich '72, los mecanismos de represión generalizada, los juicios-farsa de un poder que termina sentado en el banquillo de los acusados simbólicos, el papel del «establishment» alemán en el amparo del imperialismo norteamericano, los «suicidios» en la cárcel de Stammheim...
Es cierto, como señalan algunos críticos, que en ocasiones da la impresión de que estos jóvenes comprometidos son más una banda de snobs con espíritu rockero que una célula militante. Pero es innegable también que estamos ante una valiente mirada de un nuevo cine germano que recupera la larga tradición crítica marcada por cineastas históricos como Kluge, Schlöndorf, Reitz, Fassbinder o Von Trotta, quienes hace ya muchos años nos dejaron títulos emblemáticos sobre este período como «Alemania en otoño» (1977) o «Las hermanas alemanas» (1982).
Dirigida por Uli Edel, realizador de películas comerciales como «Yo Cristina F.» o «El cuerpo del delito» y de superproducciones televisivas como «El anillo de los nibelungos», «RAF» ha vivido la polémica habitual consustancial a cualquier ejercicio de indagación en una historia reciente sumida en la discordia, como bien podrían contar los directores Julio Medem o Jaime Rosales en su durísima experiencia cercana... Pero más allá de los ruidos habituales, la película contribuye de una manera fehaciente a propiciar un debate social secuestrado por las fuerzas del «orden establecido».
Es cierto que han ocurrido muchas cosas en Alemania en estos treinta años: una reunificación llena de traumas y mentiras, una manifiesta deslegitimación de la partidocracia reinante, la potenciación de nuevos mecanismos de integración de la clase trabajadora en las estructuras del sistema, la aparición de originales movimientos de contestación y respuesta, el aumento sustancial de nuevos flujos de emigración no comunitaria, la desaparición de la última generación de los militantes de la RAF a finales de los años ochenta...
Pero en la película aparecen dos elementos esenciales que todavía hoy (y quizá más que nunca) siguen teniendo un papel hegemónico en la manipulación de las conciencias y de las voluntades: la socialdemocracia política y los medios de comunicación. Hay un momento cumbre en el film cuando el siempre mágico Bruno Ganz (Horst Herold) observa las imágenes en la televisión de un Willy Brandt que en 1969 es designado como nuevo canciller de la República Federal. Una escena en la que se muestra a la perfección el discurso de criminalización y asimilación como dos caras de la misma moneda.
Lo mismo ocurre con el imperio mediático del editor Alex Springer que llega a controlar en los años setenta del pasado siglo el 89% de la producción impresa alemana con publicaciones que van desde el escándalo, la pornografía y el sensacionalismo hasta el «análisis político». El mismo grupo Springer que hablará de que «la policía cumple con su deber» cuando asesinan en las calles de Berlín al estudiante Benno Ohnesorg, como se ve en la película. O que conseguirá, con su permanente presión, que el policía autor de los disparos salga absuelto unos meses más tarde por decisión del Tribunal de Justicia... Las cosas no han cambiado mucho.
Como diría en aquel tiempo un sociólogo berlinés, «Springer somete a los alemanes a un atontamiento sistemático, ofreciéndoles de todas las cosas la visión más apta para despertar sus más bajos instintos». Algo de lo que también por aquí hemos aprendido suficientemente en este cursillo permanente e intensivo de «nuevos tiempos-nuevo periodismo»... Por eso, películas como «RAF: Facción del Ejército Rojo» tienen la enorme virtud de proponernos, en contrapunto, un sano ejercicio de reflexión colectiva. Aunque sólo sea por eso, ir a verla ya merece la pena.
sábado, 10 de enero de 2009
Oliver Stone filma la película de Chávez en su pueblo natal
El cineasta, de visita en Sabaneta junto al líder venezolano, lleva seis meses grabando.
Oliver Stone (izquierda) y Chávez pasean por la zona industrial de Sabaneta, el pueblo del presidente. Foto: EFE
Por El Periódico
Al presidente venezolano Hugo Chávez le persiguen dos cámaras allá donde va: una es la del servicio de prensa del palacio de Miraflores (la sede del gobierno en Caracas) y la otra es, desde hace seis meses, la del cineasta Oliver Stone, que prepara un documental sobre Chávez y otros dirigentes de izquierda en América Latina. La cámara de Miraflores fue la que el pasado jueves captó y difundió varias imágenes de la visita guiada que el gobernante le ofreció a Stone por las calles de su pueblo natal de Sabaneta, en el estado de Barinas (suroeste del país).
Pocos detalles
El comandante Chávez nació en esta localidad hace 54 años, entre las calles 10 y 11 de la avenida de Bayón, en una casa con piso de tierra que compartía con sus padres, maestros rurales, y cinco hermanos. Barinas es terreno abonado para el chavismo y la familia Chávez ostenta varios cargos políticos. El hermano mayor, Adán, es gobernador del estado, y otro hermano, Aníbal, es el alcalde del pueblo.
Oliver Stone ha mantenido la discreción sobre los detalles de la grabación de este documental. Primero se había especulado con la posibilidad de que estuviera preparando una película sobre el golpe de Estado del 2002 contra Chávez, cosa que él mismo desmintió.
En febrero pasado, el cineasta estuvo presente en la operación de rescate de los rehenes de las FARC en la que participó Chávez, lo que hizo pensar que trabajaba con esta idea. Finalmente, el director aclaró que su próxima película trata del resurgir de los políticos de izquierda en Suramérica, con especial énfasis en el caso de Venezuela.
Oliver Stone nunca ha ocultado su simpatía por la polémica figura de Hugo Chávez. "Es un hombre honrado y fuerte", ha declarado. Además, también ha sido tajante a la hora de afirmar que "Estados Unidos trata a Latinoamérica como un patio trasero en el que se puede tirar la basura, mear o hacer lo que a uno le venga en gana". Precisamente, su película sobre Chávez abundará en las ingerencias de la administración Bush en el país suramericano.
Los documentales previos del cineasta --ganador de dos Oscar a la mejor dirección por Platoon y Nacido el 4 de julio-- incluyen Comandante sobre Fidel Castro y Persona non grata sobre Yasir Arafat. Stone ha negado que esté trabajando en otra película sobre el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad.
Oliver Stone (izquierda) y Chávez pasean por la zona industrial de Sabaneta, el pueblo del presidente. Foto: EFEPor El Periódico
Al presidente venezolano Hugo Chávez le persiguen dos cámaras allá donde va: una es la del servicio de prensa del palacio de Miraflores (la sede del gobierno en Caracas) y la otra es, desde hace seis meses, la del cineasta Oliver Stone, que prepara un documental sobre Chávez y otros dirigentes de izquierda en América Latina. La cámara de Miraflores fue la que el pasado jueves captó y difundió varias imágenes de la visita guiada que el gobernante le ofreció a Stone por las calles de su pueblo natal de Sabaneta, en el estado de Barinas (suroeste del país).
Pocos detalles
El comandante Chávez nació en esta localidad hace 54 años, entre las calles 10 y 11 de la avenida de Bayón, en una casa con piso de tierra que compartía con sus padres, maestros rurales, y cinco hermanos. Barinas es terreno abonado para el chavismo y la familia Chávez ostenta varios cargos políticos. El hermano mayor, Adán, es gobernador del estado, y otro hermano, Aníbal, es el alcalde del pueblo.
Oliver Stone ha mantenido la discreción sobre los detalles de la grabación de este documental. Primero se había especulado con la posibilidad de que estuviera preparando una película sobre el golpe de Estado del 2002 contra Chávez, cosa que él mismo desmintió.
En febrero pasado, el cineasta estuvo presente en la operación de rescate de los rehenes de las FARC en la que participó Chávez, lo que hizo pensar que trabajaba con esta idea. Finalmente, el director aclaró que su próxima película trata del resurgir de los políticos de izquierda en Suramérica, con especial énfasis en el caso de Venezuela.
Oliver Stone nunca ha ocultado su simpatía por la polémica figura de Hugo Chávez. "Es un hombre honrado y fuerte", ha declarado. Además, también ha sido tajante a la hora de afirmar que "Estados Unidos trata a Latinoamérica como un patio trasero en el que se puede tirar la basura, mear o hacer lo que a uno le venga en gana". Precisamente, su película sobre Chávez abundará en las ingerencias de la administración Bush en el país suramericano.
Los documentales previos del cineasta --ganador de dos Oscar a la mejor dirección por Platoon y Nacido el 4 de julio-- incluyen Comandante sobre Fidel Castro y Persona non grata sobre Yasir Arafat. Stone ha negado que esté trabajando en otra película sobre el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad.
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