lunes, 12 de abril de 2010

El viento que acaricia el prado



“El viento que acaricia el prado” es la película ganadora del premio Palma de Oro del Festival de Cannes 2006 que trata sobre la Irlanda de la década de 1920 y los orígenes del conflicto anglo-irlandés. Cuenta la historia de dos hermanos campesinos que se unen al IRA para enfrentar a las tropas británicas que habían sido enviadas para apaciguar las intenciones independentistas de los irlandeses.

El filme causó polémica en la crítica. Su director, Ken Loach, es reconocido por su militancia política de izquierda y la denuncia de problemas sociales en sus trabajos.


La cinta toma su nombre de un verso de una canción irlandesa del siglo XIX cantada por los simpatizantes y miembros del IRA que reza The Wind That Shakes the Barley. Traduce literalmente “el viento que agita la cebada”.

Tiene como punto de referencia los acontecimientos ocurridos entre 1920 y 1923, momento crucial en que la resistencia irlandesa se opone al Tratado de Autonomía Anglo-Irlandés y se agudiza el conflicto.

lunes, 5 de abril de 2010

La equívoca apariencia de una tierra de nadie

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Por Roberto López Belloso
Periodista uruguayo

Nacida de una productora que ya había llevado a la macedonia Antes de la lluvia a las nominaciones para el Premio Oscar, y de un director que tenía sobre su hombro derecho trescientas horas de filmación en el propio frente de batalla, No man’s land revitalizó el interés de la opinión pública internacional sobre el conflicto balcánico, adormecido por dos años y medio de alto al fuego que lo mantuvieron alejado de las primeras planas. Ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, fue estrenada en Montevideo como El último día, aunque su título original signifique “tierra de nadie”.

No man’s land, que cuenta las desventuras de tres soldados que quedan atrapados en la misma trinchera del norte de Bosnia a pesar de pertenecer a bandos enemigos, tiene varios niveles de lectura. Puede mirarse sin saber nada del contexto balcánico, y en ese caso puede ser tomada como un alegato antibélico, o es posible ponerla en la perspectiva histórica del conflicto que hace menos de una década desintegró Yugoslavia, y entonces se descubre que la película elabora por lo menos dos discursos diferentes: uno hacia el espectador internacional, que fue el que en definitiva la llevó a ganar el Oscar, y otro hacia el espectador balcánico. Es en esta última dimensión en la que su director, Danis Tanovic, construye un producto valiente y sin concesiones. Con la apariencia de estar haciendo un filme “políticamente correcto”, Tanovic subvierte varios de los consensos que el discurso dominante del nacionalismo balcánico construyó en torno a la guerra de Bosnia. En No man’s land nada está elegido inocentemente. Ni el lugar donde transcurre, ni la nacionalidad de los personajes. Ni siquiera el hecho de que los cascos azules involucrados en la historia sean franceses.

La principal herejía de la película se sostiene en torno al personaje que en apariencia sería el menos cuestionable: Cicik, el bosnio. Tanovic comienza a insinuar su provocación desde una de las primeras imágenes, cuando se ve la insignia de la Armija en el hombro de uno de los soldados que avanzan en la niebla. Reafirma su intención a través de varias de las banderas que se ven durante los intercambios de disparos, y la deja meridianamente en claro cuando la periodista interpretada por Katrin Cartlidge sitúa la acción “en las inmediaciones de Tuzla”. Tanovic está dispuesto a contar la historia de la guerra de Bosnia incluyendo un punto de vista que no existe: el punto de vista de la Federación. Si en algo estaban de acuerdo los nacionalismos serbio, croata y bosnio-musulmán, era en que la Federación Bosnia era una ficción, a lo sumo una alianza militar circunstancial e indeseable.

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Formalmente la Federación unía a bosnio-musulmanes y bosnio-croatas en su lucha contra los serbios, pero en los hechos casi no existía. En la mayoría de los frentes de combate ambas fracciones de la Federación luchaban por su cuenta y en algunos sitios, como en la dividida ciudad de Mostar, peleaban entre sí. Todavía hoy, la Bosnia no serbia tiene dos ejércitos, dos sistemas de impuestos, y dos correos. Sin embargo, en Sarajevo y en Tuzla, sí existía la Federación; y junto a la Federación, la Armija, su improvisado ejército, que es al que pertenece Cicik. En la Armija incluso había serbios que peleaban junto con croatas y musulmanes para preservar una Bosnia-Herzegovina multiétnica. Hay un dato en la película que surge de un diálogo aparentemente menor entre Cicik y su enemigo Nino, que sitúa la duda razonable de si Cicik no será también él un serbio, ya que ambos conocen bien Banja Luka, ciudad poblada mayoritariamente por serbios. En todo caso sí está claro que Cicik no es un bosnio musulmán, ya que no hay ninguna referencia religiosa en la película, por lo que el personaje puede ser un croata o un bosnio laico, elemento que no le debe de haber traido pocos problemas a Tanovic en Sarajevo.

El que sí es serbio es el otro protagonista, Nino (interpretado, paradójicamente, por el croata Rene Bitorajac). Pero no es cualquier serbio. No es un serbio de la Serbia de Milosevic ni de la Krajina, que era la parte serbia de Croacia, sino que es un serbio de Banja Luka. Un serbobosnio del bando de Karadzic, cuyo arrugado retrato se observa en una de las trincheras. Un verdadero villano para la historia oficial de la guerra de Bosnia. Y para colmo de males, un villano que se sumó a su ejército como voluntario. A partir de ese dato, cualquier rasgo de humanidad que Tanovic se permita otorgar a su personaje, será una provocación. Y Tanovic se lo permite, ya que construye su drama de trinchera sin apelar al maniqueismo.

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Los dardos del director no se limitan a criticar lo irreconciliable y supuestamente caprichoso de los nacionalismos ex yugoslavos, sino que también apuntan a la comunidad internacional. En ese sentido, el banquillo de los acusados lo ocupan las fuerzas de paz de Naciones Unidas, como ya ocurriera en la Underground de Emir Kusturica. Los “pitufos”, como se les llama en el filme, parecen estar más preocupados por su seguridad y por las cámaras, que por cumplir la misión que les fue encomendada. Luego de oponer a un sargento francés con los mandos internacionales, el mensaje final que parece dar Tanovic –a través de una secuencia que no debe ser contada antes que el espectador vea la película- es que más allá de impulsos individuales, lo que falla es el propio concepto de misiones de paz pensadas en términos de neutralidad. Un punto de vista sin duda polémico, pero que reafirma la percepción de que No man’s land es mucho más que una simple comedia políticamente correcta sobre la irracionalidad de la guerra.

Publicado originalmente en Brecha en noviembre de 2002.

sábado, 27 de marzo de 2010

Enemigo al acecho (Enemy At The Gates)

Sobre la batalla de Stalingrado



Por Nelson Dávila Acosta

Rebelión

Durante la batalla de Stalingrado (hasta 1925, se llamaba Volgogrado); en la que se luchó cuerpo a cuerpo, metro a metro, cuarto por cuarto y sumando muertos soviéticos y nazis, se alcanzó a contar algo mas de dos millones de cadáveres.

La carnicería fue bestial, todo tipo de armas fue usada, de la ciudad, desaparecieron perros, gatos y ratas, todo lo que se movía servía de alimento.

En Stalingrado, se jugó el destino de la Unión Soviética y de la humanidad, los alemanes volcaron todos sus recursos para atacar a esa ciudad, es que la segunda guerra mundial, no fue una guerra contra los judíos y otras minorías nacionales, como se nos quiere hacer creer, fue realmente una guerra anti comunista, el plan Barba roja, aplicado contra los pueblos de la URSS comenzó el 1 de junio de 1941, a su paso, por Polonia, Ucrania y Bielorrusia, los nazis enfrentaron con extrema dureza a los guerrilleros, a los radicales, a los comunistas sobretodo, mientras tanto en los territorios europeos occidentales ya ocupados por los fascistas, estos asesinaron a millones de combatientes: a los maquis en Francia, a los guerrilleros de todo color político en España, Italia, Grecia, etc.

Consideremos: al final de la guerra se contabilizaron 6 millones de muertos judíos (la mayor parte por razones religiosas, en los hornos crematorios, por los fascistas alemanes), 20 millones de soviéticos, y totalizando las diversas nacionalidades europeas, se cree que la cifra total de muertos fue de 80 millones.

Enemigo al Acecho

En medio de semejante escenario, aparece la figura de un joven campesino (Jude Law), quien habiendo sido en su campo natal un magnifico cazador de conejos, ahora aquella experiencia, le servirá en el campo de batalla: su misión: matar generales, comandantes, coroneles, con su magnifica puntería y empuñando un fusil, lo logra con relativa facilidad, lo que determinará que el alto mando alemán, haga llegar hasta la sitiada ciudad, a un increíble francotirador germano, armado a su vez con un fusil alemán de alta precisión, Richard Harris, nos demuestra una vez más sus capacidades actorales, y la persecución al francotirador ruso se torna implacable, una y otra vez los dos estarán a tiro de cañón, pero por algún detalle, se complica matar al otro.

Rachel Weiz, (Tania) es la belleza rusa, inteligente e instruida, que se enamora perdidamente del campesino ruso, por sus cualidades, por su sencillez y es ella la que dará el toque de ternura a la película.

El alemán, desesperado, pierde el control de si mismo, se descuida y queda a boca de jarro del fusil soviético, el cual será disparado con total precisión y sin piedad.

Aun faltan dos largos años, hasta que la bandera roja con la hoz y el martillo ondee sobre el Reichstag, en pleno centro de Berlín, pero Stalingrado fue el principio del fin para los criminales nazis.

sábado, 20 de marzo de 2010

Hollywood, o cómo quedarse para siempre en Irak

“The Hurt Locker” arrasó con los Oscar, ganó a la ¿favorita? Avatar y por primera vez una mujer, Kathryn Bigelow, se lleva el muñequito dorado como mejor directora. Es noticia, claro. Como Obama, el primer negro que llegó a la presidencia de los Estados Unidos. ¿Vientos de cambio? No, que va.


Por Marcos Salgado
Digital question

“The Hurt Locker” no tiene traducción clara al español, idioma en el que se conocerá como “En Tierra Hostil”, “Zona de Miedo” o “Vivir al límite”. O bien, podría haber sido “El muchachito bueno y temerario que es adicto a la guerra”, o mejor: “Menos mal que estamos nosotros, los marines, acá en esta ciudad tan fea y violenta”.

La ciudad fea y violenta es Bagdad. El muchachito es el sargento de primera clase de la Armada de Estados Unidos William James (Jeremy Renner), un temerario especialista en desarmar bombas.

Lo vemos una y otra vez, lidiando con artefactos chiquitos y grandes, ora en un suburbio de Bagdad, ora frente a oficinas de las Naciones Unidas… en la segunda mitad del filme (dura algo más de dos horas) se adentra por su cuenta a las calles oscuras para investigar a los terroristas que arman bombas. También, en una mala tarde, sostiene un duelo de francotiradores en las afueras de la ciudad fea y violenta… así acaba su rotación, y vuelve a casa.

“Los terroristas estacionan un camión en un mercado, regalan caramelos… y explota”, le cuenta a su mujer Connie (Evangeline Lilly, la Kate de Lost) una tarde de lluvia en su bella casa: “Necesitan más técnicos en bombas”, explica nuestro héroe. Y vuelve, claro, a la ciudad fea y caliente y violenta. Fin. Aplausos. Mejor película, mejor dirección, mejor guión original, y otros tres muñequitos más… ahora, a distribuirla en América Latina. Los hombrecitos dorados atraen como nada en los afiches de los cines. Más millones garantizados. Más propaganda de guerra.

Más allá de sus cualidades técnicas y narrativas, cuestión que no compete abordar aquí, “The Hurt Locker” es, esencialmente, propaganda de guerra. De una guerra de ocupación que ya lleva siete años y donde murieron, según cálculos muy conservadores, al menos 100.000 civiles (1), otros, indican que esa cifra supera el millón de personas (2). El detalle de las bajas estadounidenses es más puntilloso: 4.698, hasta ayer (3).

Sin embargo, en la gran ganadora de los Oscar nuestros héroes jamás disparan sus fusiles si no están seguros de que el civil que tienen enfrente representa una amenaza. Se ponen nerviosos, sí. Hasta tienen miedo, pero no disparan. ¿Quién mató entonces a tantos civiles en Iraq? Nuestros héroes, seguro que no.

Por el contrario, allí vemos cómo los marines ayudan a mujeres a salir de zonas peligrosas, a coroneles estadounidenses conversando amablemente con ciudadanos iraquíes, al sargento James desesperado porque no puede quitar un corsé de explosivos a un civil al que los malos, los terroristas, obligaron a convertirse en hombre bomba.

En “The Hurt Locker” puede verse, también, a un grupo de “contratistas” británicos asesinando a dos detenidos (valen 250.000 libras, vivos o muertos). Eso sí, antes nos aclararon que los dos detenidos son dos terroristas muy buscados y una escena más adelante, el sicario muere también. ¿Justicia divina?

Como sea, en esta guerra de Hollywood los ciudadanos de bien podemos sentirnos tranquilos. Mueren los terroristas, pero también sus matadores poco ortodoxos.

Nuestros héroes desean fumar marihuana, pero no la consumen, sólo alcohol. Desean irse de putas, pero no van. Desean ser buenos soldados, pero no saben si lo han logrado. Eso sí, en esta guerra de Hollywood, nadie se pregunta qué hacen nuestro héroes tan lejos de Kentucky o Minnesota.

En “The Hurt Locker” los civiles iraquíes, ésos que ya han muerto por centenares de miles, son hostiles, pero no mucho. En un pasaje del filme, nuestros héroes viajan en un vehículo blindado mientras unos niños les arrojan piedras, el plano siguiente es una subjetiva desde dentro del vehículo, ahí podemos ver las caras de los querubines, están sonriendo. En la guerra de Hollywood los niños no sufren ni repudian, ni mueren, juegan.

Mientras, los marines desarman bombas. Y es que en Iraq son tan necesarios como en la Haití post terremoto, en la Colombia del “narcoterrorismo” o en el Afganistán del inasible Osama. Y para los que tengan dudas de la necesidad que tenemos de que los marines sean la policía internacional, están Hollywood y la primera directora ganadora de un Oscar, y el primer presidente negro, galardonado con el menos glamoroso pero siempre efectivo Premio Nobel de la Paz.

¿Qué sigue en Hollywood? ¿Un filme sobre Yemen? ¿O sobre Venezuela? Ése ya está listo, el protagonista es Sylvester Stallone y se estrena en agosto.

Notas:

(1) iraqbodycount.org
(2) justforeignpolicy.org/iraq
(3) icasualties.org