sábado, 18 de junio de 2011

La leyenda de "El Chacal"

Entrevista al director francés Olivier Assayas

Por Liliana López Sorzano
El Espectador


“A partir de hoy me llamo Carlos”, sentenció un día el venezolano Ilich Ramírez Sánchez cambiando su nombre de pila por el alias de guerra y, de paso, también la historia. Para seguirle el recorrido a Carlos, El Chacal, quien encarnó la figura del mercenario, del terrorismo de los años 70 y 80, de la causa palestina y de la lucha contra el imperialismo, se hablaron más de diez lenguas, se visitaron siete países: Reino Unido, Irak, Siria, Alemania, Francia, Hungría y Argelia.

La película del francés Olivier Assayas da cuenta de los inicios de este activista que utilizó múltiples identidades para navegar por la compleja política internacional de la época y muestra, además de los hechos históricos fruto de una larga investigación, su faceta como persona, su apetito por las mujeres y su carácter obstinado.

La producción es un gran desafío para la pantalla por su gran envergadura, su duración de cinco horas y media en su versión extendida y porque es a la vez tela de cine y de televisión, razón por la cual fue muy cuestionado en Cannes de 2010, ese escenario que amplifica cualquier evento y que quizá consigue ecos desproporcionados. Sin embargo, Assayas se afirmaba en su creencia de que lo de cine o televisión no tiene importancia, porque al final su trabajo es el del lenguaje de las imágenes.

Es una película de acción, histórica, filmada en diferentes países, hablada en distintos idiomas, que se convirtió en una aventura arriesgada, en un proyecto fuera de toda proporción en relación con lo que había hecho. El Espectador entrevistó al director.



Para un posible espectador que no conozca su filmografía, ¿cómo introducirlo dentro de su cine?

Vengo de la industria independiente francesa, pero he tratado de ampliar la experiencia de ser un cineasta francés con la complejidad de una sociedad moderna intercomunicada globalmente. He hecho películas en distintos géneros y la diversidad refleja mi propia visión de un mundo complejo y contradictorio.

La extensión clásica de una película es de 90 minutos. ¿Cree que es un síntoma de cómo se está viendo el cine del presente? ¿Haber hecho una cinta de cinco horas y media no es sentirse como un héroe solitario?

El clásico formato de 90 minutos tiene que ver con la manera en que la industria piensa. Me parece que las películas se han vuelto más largas. Carlos es diferente. Tiene su propia lógica. Es un filme, pero también son tres. Necesitaba intentar algo que me llevara a traspasar las fronteras de la manera de hacer cine. Cuestionar el formato, cuestionar la lógica, quebrar las reglas e intentar abrir puertas (creo que nunca volvería a hacer una de 5 horas y media) y sentar un precedente para nuevos cineastas.

¿Qué opina de que el crítico más feroz de la película sea el personaje real, ‘Carlos’?

No creo que Carlos sea tan crítico de mi trabajo. Él luchó legalmente para que le diéramos el guión mientras filmábamos. La película tiene más de 140 personajes, de los cuales la mayoría están vivos y los abogados de la producción opinaron que si se lo dábamos a Carlos, ¿por qué no a los otros personajes representados? Abría la puerta para un asunto muy complicado de tratar. Por lo tanto, decidimos no ir directamente hacia Carlos, sino basarnos en las investigaciones, en los biógrafos de Carlos, periodistas, en el trabajo de historiadores, queríamos una aproximación más objetiva. Eso hizo que Carlos se enojara mucho y, por lo tanto, dio entrevistas negativas sobre las películas, diciendo que era propaganda. Lo interesante es que desde el momento en que vio la película (seguramente más de una vez), nunca volvimos a escuchar de él. Las únicas noticias que tuvimos después de que salió la película fue una entrevista a la prensa alemana, donde decía que le molestaba el tema de la desnudez. Édgar Ramírez, el actor, trató de contactarlo y él se rehusó a comunicarse. Después Carlos quiso llamarlo, pero en ese momento era muy complicado, estábamos en medio del rodaje y nunca pasó.

Después del rodaje, ¿qué imagen le queda de ‘Carlos’?

Lo que queda es lo que hice en la película. Fue toda la experiencia de sumergirse en ese período, en esa época, en esa historia de la que no era consciente. Lo que queda es la extraordinaria experiencia de filmar con actores libaneses, conectarlos con actores latinoamericanos y alemanes, es dar vida a este mundo complejo que nadie antes lo había realizado. De hecho, no sé cómo lo logré.

¿Cómo estuvo el trabajo con Juanita Acosta?

Me encantó. La conocí en Madrid porque tuvimos un casting allá. Juanita Acosta fue como obvia, en el minuto que la vimos sabía que el rol sería de ella. Hay algo emocional en ella. Antes de que empezáramos a filmar ya había seducido a todos en la película. Todos estaban enamorados de ella.

¿Qué es lo que renueva su interés por hacer cine?

Mis películas están inspiradas por la vida, por un mundo cambiante. Nunca he tenido problemas con perder el interés por el cine. Para mí éste es capturar las nuevas dimensiones del mundo y la exploración de las emociones humanas que no tienen límite. Y haciendo una película, sólo se obtiene un fugaz vistazo.

Siempre ha sido muy cercano al rock. ¿Cuál es el papel de la música en sus películas? ¿La función de ésta ha cambiado a lo largo de su carrera?

Gradualmente he cambiado mi punto de vista. La energía de la música siempre ha estado conmigo y ha inspirado mis películas. La música es la poesía del mundo moderno y siempre está en contacto con el presente. Para mí ha sido una manera de mantener el contacto con la realidad de ver cómo los jóvenes se comunican con el mundo. Va más allá de la noción de amar la música, es al final una fuente de aprendizaje.

¿Cuál fue el gran legado de la cultura cinematográfica asiática?

El cine asiático ha sido esencial en un momento específico. Cuando empecé en los años 80 a hacer películas no me interesaba lo que pasaba en el cine francés, no me sentía conectado con lo que estaba pasando. Pensaba que era demasiado convencional, no era estimulante… las películas chinas hacían un cine moderno de una manera que era más relevante para mí. Hou Hsaio-Hsien, con A time to live a time to die, era una de mis inspiraciones. Conocí en el mismo período al camarógrafo de Wong Kar Wai. Ese estilo, esa energía de ellos se encuentra en mis filmes. Me alejé de eso después, pero me parecían muy interesantes los intercambios y diálogos con esos cineastas.

En una era de globalización, ¿cree usted que vale la pena hablar de un cine con denominación de origen?

No. Creo que el buen cine tiene que ser significativo para el mundo. Las películas deben ser universales y ahí reside la belleza del cine. Creo que hoy en día, más que nunca, las películas tienen que tener en cuenta la era globalizada, insertarla en sus producciones, y eso es lo que he tratado de hacer.

¿Qué tipo de cine defiende?

Tengo un gusto ecléctico. Me interesa el cine independiente, como también el comercial, el de Hollywood. Creo en el buen cine, en que hay grandes cineastas en cada rubro. En este momento hay más películas y, por lo tanto, una gran diversidad, y eso es realmente interesante. Las audiencias son más abiertas y siempre estoy abierto a nuevas formas de hacer cine.

No hay comentarios: