jueves, 11 de abril de 2013

La revolución no será transmitida


Documental íntegro (1:14:21)

La revolución no será trasmitida (Chávez: Inside the Coup, en el original inglés) es un documental del año 2003 acerca de los sucesos de abril de 2002 en Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez fue depuesto de su cargo en un lapso de 48 horas.

Un grupo de televisión irlandés —la Radio Telefís Éireann— se encontraba en el lugar (Palacio de Miraflores) cuando explotó el foco del conflicto con el despido de la plana mayor de PDVSA, se mantuvieron en los días de huelga general grabando a los partidarios y al gabinete de Chávez, y los sucesos del 11 de abril. Durante el rodaje del filme, quedaron plasmadas imágenes que corroboran la tesis de golpe de estado, dejando de lado las explicaciones que se referían a un vacío de poder. La conclusión del documental es que el golpe de estado fue planeado y llevado a cabo por un sector de la derecha venezolana y con acción externa por parte de Estados Unidos y los medios de comunicación de Venezuela.

De acuerdo con algunos críticos y miembros de la oposición venezolana, el documental omite (o falsifica) importantes eventos, como la (supuesta) renuncia de Chávez, anunciada por el general Lucas Rincón Romero

jueves, 7 de marzo de 2013

No, el fin de una dictadura

Por Juliana Botero
Semanario Voz

El cine está lleno de historias, desafortunadamente, casi todas, convenientes. Esta historia resulta inconveniente para el nuevo y absurdo propósito que muchos han querido trazarle al cine: aquello de que el cine sólo sirve para entretener.


Afortunadamente la película chilena No se desmarca de ese cine de superficialidades al que malamente nos han intentado acostumbrar y se enmarca en una afirmación que me resulta mucho más real: el cine como herramienta de transformación social, en este caso como valiosísimo aporte a la reconstrucción de la memoria histórica que buena falta nos hace en Latinoamérica.

Pablo Larrain es el joven director chileno que vuelve a sorprendernos, esta vez con esta fascinante película: No. El fin de una dictadura. Aprovechándose de formatos de grabación poco convencionales en estos tiempos como el U Matic -el primer formato de video casete que se puso a la venta en los años 60-, que da a las imágenes la textura de televisión que se veía en aquellos tiempos, logra meter al espectador en el ambiente de la época, logra emocionar al tiempo que logra la tensión dramática del devenir de los acontecimientos.

Este director no come cuento de nada, no “respeta” las normas de la luz, por eso vemos varias veces rayos de sol ocupando la pantalla, no exige mantener la cámara quieta en un trípode, no le teme a los planos largos, no le teme a los silencios entre personajes. Es una narración libre y honesta que cuenta un capitulo crucial del país austral. El pueblo tenía en sus manos la oportunidad de cambiar el curso de la historia y debían lograrlo. Debían acabar con la dictadura del golpista Pinochet, convencer a los incrédulos, despertar a la población de la falsa promesa de prosperidad que imponía a la fuerza el régimen miliar.

Y es ahí donde aparece René Saavedra, interpretado con la delicadeza y el encanto de Gael García Bernal, este actor mexicano a quien pareciera que ningún personaje le quedara grande ni pequeño pues se convierte en un chileno más; con acento perfectamente interiorizado, con una mirada profunda y reflexiva de quien llega de un mundo totalmente distinto, la publicidad, a aportar su talento a un proceso que nunca se había pensado en términos publicitarios.

Y es que la franja de 15 minutos en televisión, en la cual las partes exponían sus razones para votar sí o no a la permanencia de Pinochet en la presidencia, era crucial y se necesitaba de la creatividad y la frescura de quien conoce el negocio de vender y posesionar ideas.

Esta película fue estrenada en el prestigioso Festival de Cine de Cannes, ganando el premio “Art Cinema Award” y también fue presentada en Chile ante los estudiantes de la Confech a los que el director les expreso: “si pudiera dedicar esta película a alguien, sería a ustedes, al movimiento estudiantil”.

Como dato interesante de realización cabe resaltar que 14 personajes de la película son actores naturales, es decir, no profesionales interpretándose a sí mismos en ese momento preciso de la historia, acompañados por otra buena cantidad de actores profesionales y talentosos como Antonia Zegers, excelente actriz, esposa del director, a la cual ya habíamos podido ver en otras películas de Larrain y que en esta ocasión interpreta a Verónica Carvajal, una interesante y luchadora mujer chilena.

Difícilmente podremos ver en las pantallas de cine colombianas esta calidad de personajes contándonos y haciéndonos sentir la bella historia del No, basada en una obra de teatro inédita, “El plebiscito”, de Antonio Skármeta, y convertida en guion por Pedro Peirano.

Se escucha el rumor de que tal vez se estrene en junio, ahora sin haber ganado el Óscar a Mejor Película Extranjera al cual estuvo nominada (y que ganó la película austriaco-francesa-alemana Amour, otra recomendada) lo veo más difícil. Igualmente si deciden arriesgarse a programarla los señores dueños del monopolio de la distribución de Cine Colombia, sería muy raro que se mantuviera en cartelera por algo más de una semana. Al público en general estas historias sin carros a toda velocidad, sin chicas de fácil belleza, de complejo diálogo y de alto contenido político, lo aburren.

Pero la película es excelente. No pierdan la oportunidad de ver este retrato de la realidad chilena y de paso conocer y aprender de su historia. También espero sembrarles la duda sobre las anteriores películas de este director: Tony Manero y Pos-Mortem. Estoy segura de que se van a sorprender y a encantar con estas narraciones audiovisuales arriesgadas y profundamente humanas.

Publicado originalmente en www.semanariovoz.com

martes, 2 de octubre de 2012

Sean Penn se viste de rockero para vengar a su padre


La versatilidad de Sean Penn hace rato que dejó de sorprender a todos. Haciendo gala de su magna capacidad interpretativa, el actor regresa en el filme de Paolo Sorrentino, “The must be the place”, donde interpreta a un singular personaje que busca reencontrarse y solucionar dramas de su pasado.

"Cheyenne" (Penn) es una antigua estrella de rock. Vive en Dublín de los derechos de autor y, a pesar de su edad, conserva una imagen gótica. Tras la muerte de su padre, con quien no mantenía relación alguna, se traslada a Nueva York y descubre que su progenitor vivía con una obsesión: vengarse de una humillación.

"Cheyenne", personaje que parece una fusión entre Robert Smith de The Cure y Ozzy Osbourne, decide cumplir ese deseo de venganza, pero, para ello, tendrá que emprender un viaje a través de América y buscar al alemán que torturó a su padre en el campo de concentración nazi de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

“La idea era hacer un filme sencillo y lineal sobre un asunto también sencillo con el trasfondo de un tema de una enorme dificultad”, explicó el realizador Paolo Sorrentino en una rueda de prensa realizada en Milán.

En la cinta, que se estrena el 2 de noviembre en Estados Unidos, el personaje de Sean Penn se lleva toda la carga dramática de la historia al representar la soledad y el deseo de reencontrar el gusto por la vida. "Cheyenne" expele una profundidad sentimental muy rica en contraposición a su apariencia física. Ese juego de emociones es lo mejor logrado del filme.

“This must be the place”, que además cuenta con la participación de la actriz Frances McDormand y Eve Hewson, la hija de 19 años del líder de U2, Bono, tiene un presupuesto de 28 millones de dólares. “Es una historia europea que se mueve sobre tres andenes. De una parte lo íntimo, por otra, la búsqueda de la paz contra el horror nazi y, luego, la ironía de una comedia”, aseguró Sorrentino.

Terra

domingo, 9 de septiembre de 2012